Jesús García Aíz

  • Y DIOS ENVIÓ SU ESPÍRITU (I): EL GRAN DESCONOCIDO

    Se ha dicho del Espíritu Santo que es «el gran desconocido». Seguramente todo lo que saben del Espíritu Santo la mayoría de los cristianos es que se trata de la tercera persona de la Santísima Trinidad. Algunos, un poco más formados, recuerdan quizás que, según el Credo nicenoconstantinopolitano, es «señor y dador de vida». El Espíritu Santo es «Dios en nosotros» (Rom 5, 5; 1 Cor 3, 16; 6, 19) y, al ser la presencia de Dios en nuestro interior, es la fuerza de nuestra fuerza y el amor de nuestro amor. Sin embargo, no nos resulta fácil descubrir su presencia, ya que al potenciar nuestros dinamismos psicológicos ordinarios, podemos confundirle con ellos. Paradójicamente, descubriríamos en el acto lo que es el Espíritu Santo si desapareciera de repente. Recordemos la secuencia de la misa de Pentecostés: «…mira el vacío del…

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  • LA FE ES DIÁLOGO

    Si nos preguntásemos si puede el vocabulario bíblico sobre la fe enseñar algo a quien se pregunta por la relación con Dios en el siglo XXI, tendríamos que aseverar que la Sagrada Escritura define la fe principalmente de dos modos: como temor de Dios y como confianza. Quizás puedan parecen aspectos completamente irreconciliables, pero tal vez no lo sean, porque para que la fe sea una experiencia vital debe combinar ambas. El temor de Dios tiene su fundamento en la conciencia de la alteridad de Dios. Dios es Dios. Quiero decir: Dios es (y tiene que seguir siendo) una pregunta infinita; es el Todo-Otro, trascendente y lleno de misterio. Sin embargo, temor no quiere decir miedo: es precisamente el resultado de anular el miedo y de su sustitución por una mezcla de reverencia ante la inmensidad de Dios. Desde esta…

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  • DE LA MUERTE A LA VIDA (y III): RESUCITAREMOS CON ÉL

    Concluyendo esta reflexión y mirada de fe sobre la resurrección, que nos lleva ya tres entregas, terminamos con la exhortación que realiza el apóstol de los gentiles. En efecto, san Pablo llegó a afirmar: «y si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también nuestra fe» (1 Cor 15, 14). Esto nos recuerda el estrecho vínculo que existe entre la resurrección de Cristo, y la predicación de los apóstoles, y luego entre esa predicación y la fe que surge en el corazón del cristiano. Esto es, no es por mero voluntarismo y credulidad que tenemos fe, sino porque hemos acogido el mensaje de los apóstoles, y ese evangelio no ha llegado hasta nosotros porque algún predicador decidió que Jesús tenía un discurso que valía la pena difundir, sino porque los apóstoles fueron enviados a predicar la resurrección. Y…

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  • DE LA MUERTE A LA VIDA (II): REALMENTE RESUCITÓ EL SEÑOR

    Si Jesús experimentó una transformación radical al resucitar, no fue menor la transformación de sus discípulos. Aquellos pescadores aterrorizados que tras la muerte de Cristo se escondían por miedo a los judíos, se convirtieron de repente en osados predicadores de la Buena Noticia y una nueva vida brotó por doquier. No obstante, por otro lado, como en tiempos de Jesús todavía estaba empezando a abrirse camino en la conciencia colectiva del pueblo judío la esperanza de que hubiera otra vida después de la muerte, seguía estando muy arraigada la teoría de la retribución divina intramundana: todos pensaban que quienes son derrotados en la tierra tienen que ser malvados por fuerza. Por eso, el trágico final de Jesús significaba para aquella gente que todo había resultado ser falso en él: su pretensión de ser Hijo de Dios, su autoridad, su anuncio…

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  • DE LA MUERTE A LA VIDA (I): REVIVIR NO ES RESUCITAR

    El Diccionario de la Real Academia Española define la resurrección como «volver a la vida un muerto». Añade después que la resurrección «por excelencia es la de Jesucristo» y para terminar incluye en esa categoría «la de todos los muertos, en el día del juicio final». Y es que de lo que habla el Diccionario de la Real Academia es de una «revivificación» (volver a la vida). Eso fue lo que les ocurrió a Lázaro, a la hija de Jairo y al joven de Naín, que revivificaron, que volvieron a esta vida mortal y, por lo tanto, algún tiempo después les llegó nuevamente la muerte. Sin embargo, Jesucristo fue «el resucitado por excelencia», porque no volvió a esta vida mortal, sino que entró en la vida eterna, donde «ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor, porque todo…

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  • NOS VEMOS EN GALILEA, EL MAESTRO NOS ESPERA

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  • TANTO A LA PROSPERIDAD COMO A LA ADVERSIDAD

    Decir que siempre gozaremos de la prosperidad es algo ideal, pero la realidad es que de forma repentina llega la adversidad y todo se trastoca. Así, el día que llega la adversidad, comienza un tiempo de prueba que, o bien puede revitalizar o, por el contrario, amenazar la armonía familiar. Lamentablemente, una buena parte de los matrimonios de hoy se guían por preceptos y valores muy distintos a los que tenían nuestros padres y abuelos. Tanto es así, que cada vez es más frecuente enterarnos de casos deplorables, lo que pone en evidencia el poco o nulo amor que se tenía la pareja y también la poca resistencia hacia situaciones adversas. Y resulta triste afirmar esto, porque pone de manifiesto que cada vez más hombres y mujeres se rigen por conceptos individualistas y egoístas que los llevan a anteponer su…

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  • SER SAL Y LUZ

    Si entendemos por «inculturación» la encarnación del Evangelio en la cultura, es decir, el proceso de armonización del cristianismo con las culturas autóctonas de los pueblos; o dicho de otro modo, el procedimiento por el cual la vida y el mensaje cristianos se insertan en una cultura particular, se encarna por así decirlo en una comunidad cultural, en una sociedad determinada, de tal modo que puedan producir nuevas formas inéditas de pensamiento, de acción y de celebración. No obstante, no puede haber una auténtica inculturación de la fe si no reconocemos y aceptamos críticamente nuestro pasado cultural cristiano. Pasado que nos ha legado un conjunto de instituciones, tradiciones, costumbres y obras artísticas sin las cuales no seríamos hoy lo que somos, es decir, no tendríamos una identidad propia y específica. Una mirada atenta a todo nuestro patrimonio cultural nos revela…

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  • EL DON DE LA LLAMADA

    Es tradición en la Iglesia diocesana celebrar cada año, en torno al día de san José, bajo cuyo patrocinio se encuentra el Seminario, la campaña Pro-Seminario. Y se celebra esta campaña para dar a conocer el Seminario y para que aumente nuestro cariño hacia esta institución de la Iglesia. Dicha campaña pretende ser una llamada a crear conciencia, en cada diócesis, sobre la necesidad de suscitar, animar y acompañar nuevas vocaciones, presentando la vocación sacerdotal como uno de los modos específicos de seguimiento y entrega a Jesús, al tiempo que sensibilizar sobre la tarea y el servicio del sacerdote a la comunidad cristiana. El Seminario es la casa donde se forman aquellos jóvenes que han recibido la llamada de Jesús para servirle como sacerdotes, sacerdotes para servir que anuncian la Palabra, celebran la Eucaristía y presiden en la Caridad. Estos…

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  • POLVO Y CENIZA

    Con la llegada del miércoles de ceniza hemos inaugurado el tiempo litúrgico de Cuaresma; y la ceniza nos recuerda tanto nuestra finitud, como la posibilidad de renacimiento, de renovación de nosotros mismos, de conversión, de morir al hombre viejo para nacer al hombre nuevo. Se trata, en definitiva, de reconocer nuestras miserias, nuestra constante debilidad y fragilidad, nuestros pecados. Con todo, la ceniza o polvo, es un signo sacramental de penitencia. Asimismo, al igual que, el ayuno, la abstinencia y el dar limosna, el hecho de cubrirse con ceniza, constituye una acción enteramente penitencial. Y este conjunto de acciones o tabla de ejercicios para el alma, se lleva a cabo por y para arrepentimiento, dolor y expiación de los pecados, y para que nos ayude a convertir nuestro corazón, así como también de ofrenda a Dios. Pero el rito de…

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