Autor: Jesús García AizLa Mirada de la Fe

LA FE ES DIÁLOGO

Si nos preguntásemos si puede el vocabulario bíblico sobre la fe enseñar algo a quien se pregunta por la relación con Dios en el siglo XXI, tendríamos que aseverar que la Sagrada Escritura define la fe principalmente de dos modos: como temor de Dios y como confianza. Quizás puedan parecen aspectos completamente irreconciliables, pero tal vez no lo sean, porque para que la fe sea una experiencia vital debe combinar ambas.

El temor de Dios tiene su fundamento en la conciencia de la alteridad de Dios. Dios es Dios. Quiero decir: Dios es (y tiene que seguir siendo) una pregunta infinita; es el Todo-Otro, trascendente y lleno de misterio. Sin embargo, temor no quiere decir miedo: es precisamente el resultado de anular el miedo y de su sustitución por una mezcla de reverencia ante la inmensidad de Dios. Desde esta perspectiva, la fe es un modo de permanecer fiel a este Dios cuya trascendencia es vista no como terrorífica o paralizante, sino como lo que suscita una apertura orante. Esta es, por ejemplo, la fe de Job que, cuando se confronta con la omnisciencia de Dios, dice: «Me siento pequeño, ¿qué replicaré? Me taparé la boca con la mano. He hablado una vez y no insistiré; dos veces y no añadiré nada» (Job 39, 37-38). La fe provoca siempre que nuestras razones y nuestros saberes de desordenen y que nos sumerjamos en el silencio orante. Los creyentes no tienen la cabeza llena de ideas sobre Dios. Cuanto más se vive de Dios, menos se sabe, enseñan los místicos.

Pero la fe no se queda solamente en la conciencia purificadora de lo que nos distancia de Dios. La fe es lo imposible de la presencia hecho posible por el propio Dios. Es comunicación, es diálogo con el Dios que se revela. Él toma la iniciativa del encuentro y la fe se explica entonces como revelación, como historia común, como amistad compartida. Por eso, sin la semántica de la confianza nadie consigue describir la fe. Muchos cristianos, que viven la desgarradora disyunción entre creer y no creer, piensan de forma muy pertinente que la fe es dejar de tratar a Dios en tercera persona y pasar a tratarlo en segunda persona (tú). El mismo término bíblico contiene una variedad riquísima de sentidos que van en esa línea: significa «estar seguro en» y alude, igualmente, a la estrecha relación que existe entre la madre que amamanta y el hijo que es objeto de ese cariñoso cuidado. Jesús, que para los cristianos no es solo objeto de fe sino también su modelo, supo tratar con Dios como un hijo habla con su padre, con la misma sencillez, la misma intimidad, el mismo abandono confiado. Lección que hay que redescubrir si queremos hacer de la fe una experiencia vital, que siempre es grata y gratificante, porque la fe es diálogo.

Jesús García Aiz

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba
Cerrar
X