Jesús García Aíz

  • EFECTOS ACIAGOS DE LA CULTURA DOMINANTE

    España ha sido un país con una cultura fuertemente inspirada por la fe cristiana y católica. La influencia del cristianismo ha penetrado en todos los órdenes de la actividad cultural de los pueblos españoles, y no hay lugar o tradición en los que no aparezca su huella. El lenguaje, las diferentes instituciones eclesiales, el calendario y, sobre todo, las fiestas, especialmente la Navidad y la Semana Santa, pero también las fiestas patronales y las romerías en torno a los santuarios marianos, nos indican que la cultura española sigue siendo predominantemente cristiana. Pero se trata de un espejismo. El problema fundamental que afecta a todos estos elementos cristianos presentes en nuestra sociedad, es que han sido reducidos por la cultura moderna dominante a fenómenos puramente culturales e históricos, vacíos de su significación radicalmente cristiana. Y, por consiguiente, ya no son, en…

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  • A PROPÓSITO DE LAS ONG

    Parece muy extraño, pero en este campo de las ayudas desinteresadas a los seres humanos, también se ha producido y se mantiene una ruptura entre la fe cristiana y estos fenómenos socioculturales. La Iglesia a lo largo de la historia ha consagrado sus mejores energías evangelizadoras al servicio de los pobres, los humildes, los enfermos y las clases sociales más desfavorecidas. Le animaba a ello el testimonio y el mensaje de su Señor. Para ella han estado completamente unidos en mutua exigencia e implicación tanto el amor a Dios como el amor al prójimo. La atención a los pobres y humildes, la erección de universidades y creación de hospitales y escuelas, la protección de los derechos humanos, la articulación de respuestas comprometidas en contextos sociales dominados por graves injusticias sociales y políticas, etc., son un claro exponente del compromiso histórico…

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  • FRACTURAS EN EDUCACIÓN, INVESTIGACIÓN Y ARTE

    El ámbito de la enseñanza está dominado por la mentalidad moderna y posmoderna que hemos caracterizado anteriormente en anteriores artículos. A nuestros niños y jóvenes se les enseña desde la infancia a establecer no ya una diferencia, lo que sería perfectamente comprensible y aceptable para el cristiano, sino una total oposición entre fe y cultura como dos términos antagónicos que no pueden reconciliarse. Aunque no siempre de un modo directo, muchos profesores, educados en la más estricta ideología moderna y posmoderna, fomentan un claro rechazo de los valores y pensamientos católicos vigentes en nuestra sociedad. Pretenden educar a los niños y jóvenes en la más exquisita tolerancia, pero practican una radical intolerancia contra todo lo referente al cristianismo. La base ideológica de tal práctica se fundamenta en una visión manipulada de la historia de la Iglesia en occidente y en…

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  • POR UNA FE QUE SE HACE CULTURA (III): TOLERADOS EN LA SACRISTÍA

    El pluralismo ideológico y religioso ha sido más propiciado por la posmodernidad que por la modernidad. Pero es, en definitiva, una derivación directa del vacío provocado por la dictadura moderna de la racionalidad científico-técnica. Como el único tipo de pensamiento legítimo para la modernidad era el científico-técnico, todo lo demás fue abandonado a la pura subjetividad. La consecuencia es que las grandes respuestas sobre el sentido y el significado de la vida humana han estallado en multitud de opiniones contrarias y opuestas que se dan cita en los programas de televisión y en los periódicos de cada día. Ante tantas visiones divergentes de la realidad, se produce la relativización de todas ellas y la consiguiente indiferencia. Se da por establecido que la verdad no existe, y que todo depende del punto de vista que se adopte. Con la auténtica religión,…

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  • POR UNA FE QUE SE HACE CULTURA (II): RUPTURA Y DRAMA

    La situación actual de las relaciones fe-cultura en la sociedad europea y española contemporánea es el resultado del paso de una cultura dominante cristiana, en la que la fe orientaba todas las formas sociales y culturales («época de cristiandad»), a una cultura dominada por los principios y prácticas de la modernidad, en la que la fe cristiana ha perdido la capacidad de intervención e influencia que la habían caracterizado en siglos anteriores. El panorama resultante es complejo. Por una parte, advertimos la presencia activa de importantes elementos culturales claramente cristianos, como la celebración de la Navidad y de la Semana Santa, las fiestas patronales, las celebraciones de los sacramentos del bautismo y del matrimonio, la celebración de las exequias y las misas de sufragio por los difuntos. Pero, por otra parte, descubrimos que las zonas del pensamiento y de las…

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  • POR UNA FE QUE SE HACE CULTURA (I): UNA NECESARIA RELACIÓN

    Frente a aquellos que abogan por una total separación entre la fe cristiana y la cultura o las diferentes manifestaciones culturales, la Iglesia defiende con toda claridad la necesaria relación entre el cristianismo y las culturas. El que mejor ha expresado esta necesidad fundamental ha sido el Papa Juan Pablo II con estas interpelantes palabras: «La síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe… Una fe que no se hace cultura es una fe que no es plenamente acogida, enteramente pensada o fielmente vivida». Si por cultura entendemos todo cuanto el hombre realiza para fundar con la realidad exterior modos relevantes de unidad, humanizándose más a sí mismo y humanizando su ambiente, entonces podemos comprender mejor la gran afinidad que existe entre ella y la fe cristiana, porque la fe…

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  • UN HUMANISMO GLOBAL PARA UN MUNDO GLOBAL

    En sintonía con el anterior artículo en el que alertaba sobre la deshumanización ante la ideologización de la técnica, una de las tareas más urgentes que, a mi modo de ver, tiene que articular la Iglesia en esta encrucijada histórica en la que se halla es, la de inspirar un nuevo humanismo de carácter global, cuyo centro de gravedad sea la defensa del valor eminente de todo ser humano, de su dignidad inherente, más allá de sus rasgos externos, orígenes, raza o condición religiosa. La defensa de lo humano no es una tarea única ni exclusiva de la Iglesia; pero la Iglesia, como tal, debe combatir con ahínco las estructuras de pecado, en palabras de Juan Pablo II, que denigran al ser humano y le convierten en un puro objeto de mercancía, en un producto de consumo, en una cosa…

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  • LA IDEOLOGIZACIÓN DE LA TÉCNICA DESHUMANIZA

    Resulta imposible comprender el mundo actual, sus lógicas y su fisiología sin el fenómeno de la técnica. Así, de esta guisa, nacemos, crecemos y morimos en un mundo tecnológico y nuestras actividades fundamentales tienen lugar en él. Y es que la tecnología no es un instrumento; es el gran útero social. No podemos imaginar nuestra vida cotidiana, nuestra actividad laboral, nuestras relaciones sociales sin la mediación de la tecnología, pues dependemos, esencialmente, de ella para desarrollar cualquier operación, por simple e irrelevante que sea. La tecnología no es un utensilio; es un sistema, un entorno, nuestro hábitat. No cabe duda de que, como consecuencia del vertiginoso desarrollo científico y tecnológico, el ser humano es capaz, por así decirlo, de construirse a sí mismo, de darse forma según sus propios criterios. Ello genera grandes preguntas sobre nuestro destino colectivo y, particularmente,…

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  • REPENSAR EL DIÁLOGO ENTRE FE Y RAZÓN

    La razón, por sí misma, es incapaz de aclarar, de un modo definitivo, los grandes enigmas de la existencia humana, las preguntas fundacionales. Requiere del acto de fe para liberarse de su indigencia y alcanzar la luminosa verdad que emana de la revelación de Dios en la historia. Ambas, la fe y la razón, están llamadas a purificarse y a regenerarse recíprocamente, porque se necesitan mutuamente. Allí donde fe y razón se separan, las dos enferman. La razón se vuelve fría y autosuficiente, al no reconocer nada por encima de ella, mientras la fe se limita a ser tan sólo una religiosidad pueril. La razón es una fuerza purificadora que sana los excesos de la fe. Tiene la capacidad de curar las enfermedades del espíritu y, particularmente, las patologías que derivan de la fe. Entiende que fenómenos como el fanatismo…

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  • ¡AY DE MÍ SI NO EVANGELIZARE!

    Para poder sembrar la semilla de la fe, es fundamental preparar el terreno para que pueda ser acogida en su seno, pueda arraigar y, finalmente, crecer y ganar altura. Preparar la tierra es la condición de posibilidad. Si la semilla es muy bella y muy potente, pero se vierte en una superficie impermeable, estéril, árida y pedregosa, no subsistirá y todo su potencial se perderá. La búsqueda espiritual es un punto de partida, un principio de vida interior. La nueva evangelización requiere de un delicado cuidado de los entornos, una atención a la sed espiritual que emerge en ámbitos profanos de la sociedad, una comprensión de la nostalgia de Dios que hay en todo ser humano, su deseo de vivir una vida con sentido, de hallar una razón por la cual merezca la pena darlo todo. Proponer a Cristo en…

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