La persona voluntaria, es aquella que, de forma anónima, quiere dedicar tiempo, esfuerzo, ilusión y compromiso, para contribuir al objetivo común de mejorar la vida de las personas. Que, por elección propia, dedica una parte de su tiempo a la acción solidaria, altruista, sin recibir remuneración por ello, con una motivación desinteresada para ayudar. Gracias a su participación, valentía y voluntad para sumarse al proyecto de cualquier entidad, su ayuda es importante y, por pequeña que sea, su efecto es real en la lucha contra la desigualdad y exclusión.
Vivimos en un mundo cada vez más individualista y en el que, la mayoría de las personas, solo persiguen el beneficio propio, aunque a veces sea a costa de los demás. Por eso es importante que se promueva la solidaridad, el altruismo y la empatía. Estas tres palabras definen el carácter de la persona voluntaria. Hacer voluntariado puede parecer, visto desde fuera, una de esas cosas que hace la gente que cuenta con demasiado tiempo. Pero sabemos que no es que ese tiempo sobre, sino que se hace por muchas razones que van más allá de la remuneración monetaria de un trabajo y que hacen del voluntariado una actividad que llena sus vidas y retribuye con creces sus esfuerzos.
El voluntariado es un modo de ser, una opción libremente elegida, una visión de la responsabilidad social desde el compromiso con un grupo organizado cuya finalidad es ayudar a los demás, mediante unos objetivos a cubrir en una organización sin ánimo de lucro, las cuales no podrían seguir adelante con la carga de trabajo que tienen si no fuera por estas personas voluntarias.
La persona voluntaria, debe recibir orientación y apoyo. Será tratada con respeto, se relacionará con gente de diversa procedencia, participará activamente y formará parte de la historia de la organización, dispondrá de una acreditación como voluntario y lo más importante, sabrá que está contribuyendo a mejorar nuestra sociedad.
Todos estamos llamados a ser voluntarias y voluntarios, a formar parte de los agentes de cambio que necesita nuestra sociedad, a dejar de quejarnos por las cosas que no están bien, ocuparnos de ellas y hacer ese cambio realidad.
Para nosotros, los cristianos, el voluntariado, no radica en lo que se hace, sino en las motivaciones por las que se hace. Si somos ciudadanos responsables, si somos buenos ciudadanos, habremos de ser voluntarios sociales y, si somos buenos cristianos, hemos de ser unos voluntarios en el campo de lo social, pues el cristiano es llamado por Dios a evangelizar, a construir el Reino de Dios. Los cristianos, discípulos de Jesucristo, somos ciudadanos de este mundo y del pueblo de Dios que es la Iglesia. Doble es nuestra tarea: Construir el pueblo de Dios y colaborar en la construcción de la sociedad en que vivimos, según los planes de Dios. Todos los miembros de la Iglesia somos voluntarios al servicio de su misión. Y, por tanto, no somos ni consumidores, ni clientes, ni usuarios, sino Piedras Vivas de la Iglesia.
Dicho esto, a manera de introducción y, siendo conscientes de las necesidades de nuestro Obispado, surge esta Oficina, cuyo objetivo principal se puede dividir en los siguientes puntos:
1.- Formar un grupo promotor del voluntariado:
- Con ganas y tiempo.
- Con preparación y experiencia.
- Con ilusión para llevarlo a la práctica.
- Con actitud de sentir el proyecto como suyo.
- Con capacidad de iniciativa para auto organizar al voluntariado.
2.- Un voluntariado auto-organizado es el que:
- Conoce el cuadro de necesidades a cubrir.
- Promueve el voluntariado.
- Acoge al voluntariado.
- Asigna tareas y responsabilidades.
- Forma adecuadamente.
- Anima y acompaña al voluntario.
- Evalúa y mejora.
- Que, integrado en la organización diocesana, mantendrá su personalidad y dinámica propias.
3.- Gestión de RRHH del voluntariado mediante:
- La acogida, entrevista y asignación de tareas.
- Formalización acuerdo con el voluntario.
- Formación y, en su caso, nombramiento.
- Seguimiento del desempeño.
- Detección y resolución de problemas.
- Fortalecimiento de equipos.
- RED con parroquias y Unidades Pastorales.
4.- Dos tipos de voluntariado en tareas eclesiales:
4.1.- El dedicado a la misión de la Iglesia.
- Anuncio (catequesis y enseñanza en todas sus modalidades).
- Liturgia (sacramentos y otras celebraciones).
- Práctica de la caridad (la justicia es la medida mínima de la caridad), en todas sus formas de expresión, hacia las personas y colectivos desfavorecidos, teniendo como norte el bien comú
4.2.- El dedicado a hacer posible la Iglesia (logística).
- Recursos materiales. Organización.
Luis Flores.
Director.
DOCUMENTACIÓN
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