PLAN PASTORAL
CAMINAMOS EN COMUNIDAD PARA EVANGELIZAR
PROGRAMACIÓN PASTORAL DIOCESANA 2023-2025
APLICACIÓN PARA EL CURSO 2024-2025
La participación en la preparación del Sínodo «Por una Iglesia sinodal: comunión, misión, participación» en el curso pastoral 2021-2022 nos hizo tomar conciencia de que debemos adentrarnos en el mar y remar juntos. Con las claves de la síntesis diocesana y nacional, en el curso pastoral 2022-2023 recabamos la aportación de todos tras la reflexión realizada, que nuevamente fue requerida en el pasado curso pastoral 2023-2024 que ha terminado. Ahora, en los inicios de este nuevo curso pastoral 2024-2025 desde el Instrumentum laboris acompañamos en la oración la celebración de la segunda sesión Asamblea del Sínodo de los Obispos en este mes de octubre en el que finaliza en nuestra Iglesia particular el Año Jubilar del V centenario de la colocación de la primera piedra de la Catedral de Almería, Iglesia madre y cabeza de la diócesis, al tiempo que estamos recorriendo juntos el camino del Año de la Oración como antesala del Jubileo de la Iglesia universal 2025 que tiene como lema «peregrinos de esperanza», y en cuya Bula de convocación nos dice el Santo Padre que «la vida cristiana es un camino, que también necesita momentos fuertes para alimentar y robustecer la esperanza, compañera insustituible que permite vislumbrar la meta: el encuentro con el Señor Jesús» (Spes non confundit, 5).
Con este sencillo documento, fruto de la reflexión y del trabajo de todos, presentamos ahora las prioridades pastorales de esta Programación Pastoral Diocesana que concretamos para este curso 2024-2025, que nos marque el horizonte, y consecuentemente el camino, que queremos recorrer en este momento de nuestra vida diocesana guiados por el Espíritu Santo. Con ella seguiremos caminando en sinodalidad, concretando y aplicando en este curso pastoral lo hasta ahora reflexionado viviendo el Jubileo del Año 2025 que se acerca al que nos invita el Papa Francisco en la entrega de la Bula que lo convoca: «elevemos nuestro corazón a Cristo, para convertirnos en cantores de esperanza en una civilización marcada por un exceso de desesperación. Con los gestos, con las palabras, con nuestras elecciones cotidianas, con la paciencia de sembrar un poco de belleza y de amabilidad en donde quiera que estemos, queremos cantar la esperanza, para que su melodía haga vibrar las cuerdas de la humanidad y despierte en los corazones la alegría despierte la valentía de abrazar la vida».
OBJETIVO TRANSVERSAL:
TRABAJAR POR LA PASTORAL VOCACIONAL DESDE EL DISCERNIMIENTO
En la Exhortación apostólica Christus Vivit de 2019, el Papa Francisco nos invitó a crecer en el discernimiento para ayudar a otros a descubrir la vocación a la que Dios los llama, lo que Él quiere para sus vidas. Para ello, lo primero es escuchar, con tres sensibilidades o atenciones complementarias (cf. CV 291-298):
- Atención a la persona: escuchar al otro que se nos está dando él mismo en sus palabras que se muestra en el tiempo que le dedico, escucha que el Señor ejercita cuando se pone a caminar al lado de los discípulos de Emaús y los acompaña largo rato por un camino que iba en dirección opuesta a la dirección correcta (cf. Lc 24,13-35). Cuando Jesús hace ademán de seguir adelante porque ellos han llegado a su casa, ahí comprenden que les había regalado su tiempo, y entonces le regalan el suyo, brindándole hospedaje. Esta escucha atenta y desinteresada indica el valor que tiene la otra persona para nosotros, más allá de sus ideas y de sus elecciones de vida.
- Atención que discierne: preguntarme qué me está diciendo exactamente esa persona, qué me quiere decir, qué desea que comprenda de lo que le pasa, en una escucha que se orienta a discernir las palabras salvadoras del buen Espíritu, que nos propone la verdad del Señor, pero también las trampas del mal espíritu –sus falacias y sus seducciones–, con la valentía, el cariño y la delicadeza necesarios para ayudar al otro a reconocer la verdad y los engaños o excusas.
- Atención que escucha los impulsos que el otro experimenta “hacia adelante”: es la escucha profunda de “hacia dónde quiere ir verdaderamente el otro”, en una escucha que es atención a la intención última, que es la que en definitiva decide la vida, porque existe Alguien como Jesús que entiende y valora esta intención última del corazón.
Hemos de crecer en el discernimiento que ayuda a reconocer la propia vocación como un camino de libertad que hace aflorar eso único de cada persona, eso que es tan suyo, tan personal, que sólo Dios lo conoce, suscitando y acompañando procesos, no imponiendo trayectos, hechos para personas libres, sin recetas, y que compromete a todo el pueblo de Dios a nivel personal y comunitario, con las disposiciones de libertad interior, apertura a la novedad y abandono confiado a la voluntad de Dios, para saber lo que el Espíritu Santo nos dice (cf. IL 59).
PARA ESTE CURSO PASTORAL 2024-2025:
- Crecer en la escucha y el acompañamiento para avanzar en el discernimiento personal y comunitario y sobre todo en el discernimiento vocacional.
- Trabajar decididamente por la pastoral vocacional en toda la diócesis, con especial atención a las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.
- Realizar un proyecto vocacional diocesano que se concrete en cada arciprestazgo con acciones de formación, encuentros de oración, convivencias.
- Invitar a los adolescentes y jóvenes a participar en las actividades diocesanas de pastoral vocacional.
- Motivar a las comunidades parroquiales en esta prioridad con alguna acción para fomentar y trabajar por la pastoral vocacional.
- Cuidar la relación con los Colegios católicos existentes en la diócesis e implicarlos también en este proyecto vocacional diocesano.
PRIMERA PRIORIDAD PASTORAL:
CUIDAR Y POTENCIAR LA ESPIRITUALIDAD
Como señala el Instrumentum laboris para la segunda Sesión del Sínodo de los Obispos de octubre de 2024, «Jesús inició su ministerio público con una llamada a la conversión (cf. Mc 1,15). Es una invitación a reconsiderar la forma de vida personal y comunitaria y a dejarse transformar por el Espíritu. Ninguna reforma puede limitarse únicamente a las estructuras, sino que debe arraigarse en una transformación interior según los “sentimientos propios de Cristo Jesús” (Flp 2,5). Para una Iglesia sinodal, la primera conversión es la de la escucha, cuyo redescubrimiento ha sido uno de los mayores frutos del camino recorrido hasta la fecha: en primer lugar, la escucha del Espíritu Santo, que es el verdadero protagonista del Sínodo, y después la escucha recíproca como disposición fundamental para la misión» (IL 19).
Conversión personal. Toda conversión pastoral debe comenzar por la conversión de cada uno de nosotros. La conversión comienza en el encuentro personal con Jesucristo, que nos llama por nuestro nombre (cf. Lc 19,4ss). La clave es experimentar a Jesucristo para ser discípulos convencidos, que reciben el Espíritu Santo sabiendo que es Él quien los anima para la misión. No podemos caer en el pesimismo que nos hace estériles. Nos basta interiorizar aquellas palabras del Señor «Te basta mi gracia, porque mi fuerza se manifiesta en la debilidad» (2 Cor 12,9).
Conversión comunitaria. No obstante, la llamada a la conversión va más allá de nuestra persona y alcanza a toda la comunidad eclesial. El punto de partida es la convicción de que la Iglesia está formada por piedras vivas. Estas piedras, los discípulos, son la base sobre la que edificarla, cada uno con su vocación y carisma. Pero al final, todos llevan al mismo sitio: una Iglesia que existe para evangelizar, y que lo hace formando discípulos. La tarea no es sencilla.
Todo camino de conversión pastoral tendrá que comenzar por un mirar a Dios, escuchar su Palabra, escuchar al Espíritu Santo y así descubrir la necesidad que tenemos de la Eucaristía. Esta dimensión de vida interior hay que cuidarla como parte esencial de nuestra vida por medio de la oración, la celebración de los sacramentos, especialmente la Eucaristía, la escucha de la Palabra de Dios, y tantos otros medios de encuentro con el Señor.
Esta conversión personal y comunitaria nos ayudará a vivir con mayor intensidad este Jubileo ordinario del Año 2025, anclados en la esperanza, «para comprender la estabilidad y la seguridad que poseemos si nos encomendamos al Señor Jesús, aun en medio de las aguas agitadas de la vida. Las tempestades nunca podrán prevalecer, porque estamos anclados en la esperanza de la gracia, que nos hace capaces de vivir en Cristo superando el pecado, el miedo y la muerte. Esta esperanza, mucho más grande que las satisfacciones de cada día y que las mejoras de las condiciones de vida, nos transporta más allá de las pruebas y nos exhorta a caminar sin perder de vista la grandeza de la meta a la que hemos sido llamados, el cielo» (Spes non confundit, 25).
PARA ESTE CURSO PASTORAL 2024-2025:
- Seguir cuidando las celebraciones eucarísticas como fuente de vida cristiana y fuerza evangelizadora.
- Mantener vivas en la diócesis y en los arciprestazgos las Vigilias de Oración que ya celebramos en 2024 como preparación al Jubileo de la Iglesia universal de 2025.
- Potenciar los momentos de oración y espiritualidad en las parroquias y arciprestazgos dentro de este Año de la Oración con retiros y ejercicios espirituales.
- Vivir el Jubileo ordinario del Año 2025 participando en la peregrinación diocesana y en las acciones que en Roma se celebren para la recepción de las indulgencias y gracias jubilares.
- Poner en marcha en la Diócesis el equipo de laicos para la realización de celebraciones en espera de presbítero.
- Seguir potenciando los equipos parroquiales de liturgia.
- Iniciar la preparación del Plan pastoral diocesano con las aportaciones de los arciprestazgos, las distintas delegaciones y secretariados y los Consejos parroquiales y diocesanos.
SEGUNDA PRIORIDAD PASTORAL:
PROPONER EL PRIMER ANUNCIO
La Conferencia Episcopal Española publicó el 27 de julio de 2021 el documento en el que marca sus Líneas Pastorales a seguir hasta 2025: Fieles al envío misionero. Indica los itinerarios preferentes y las acciones pastorales para llevarlas a cabo. Entre ellos señala el primer anuncio, el acompañamiento y la formación, así como la presencia misionera en la vida pública.
Tanto el Consejo presbiteral como el Consejo pastoral diocesano han destacado la importancia hoy del primer anuncio, animados a ser corresponsables en la misión, desde el camino sinodal compartido, en la necesidad de «una conversión a una visión de relacionalidad, interdependencia y reciprocidad entre mujeres y hombres, que son hermanas y hermanos en Cristo, con vistas a la misión común. Son la comunión, la participación y la misión de la Iglesia las que sufren las consecuencias de una falta de conversión de las relaciones y de las estructuras. Como afirma la aportación de una Conferencia Episcopal latinoamericana “una Iglesia en la que todos los miembros pueden sentirse corresponsables es también un lugar atractivo y creíble”» (IL 14).
Por “primer anuncio” nos referimos al anuncio explícito de la fe a quienes aún no conocen a Cristo. Siempre ha sido importante en este sentido cuidar la acción pastoral de aquellas personas que se acercan a la fe con motivo de la recepción de los sacramentos o en los momentos de dolor de las familias. En el curso pastoral anterior hemos dado a conocer distintos métodos y recursos de primer anuncio que se están llevando a cabo en otras diócesis, se han realizado jornadas de formación sobre el primer anuncio con el equipo nacional de la Conferencia Episcopal, de Acción católica o de diócesis donde ya estén en marcha estas iniciativas.
PARA ESTE CURSO PASTORAL 2024-2025:
- Poner en práctica en las parroquias y arciprestazgos los métodos y recursos de primer anuncio presentados durante el curso pasado.
- Poner en funcionamiento y fortalecer el Equipo diocesano de Primer Anuncio.
- Aplicar en las parroquias el nuevo Itinerario diocesano sobre la iniciación cristiana y el catecumenado.
- Aplicar en toda la diócesis el nuevo Directorio diocesano sobre la pastoral exequial.
- Crear y formar en las parroquias y arciprestazgos equipos de acompañamiento a personas en duelo.
- Preparar con especial cuidado las celebraciones de más afluencia: bautismos, comuniones, confirmaciones, bodas, exequias, fiestas populares… como un espacio privilegiado de Primer Anuncio.
- Comenzar a ofrecer desde las parroquias Columbarios para albergar las cenizas de los fieles difuntos como respuesta pastoral ante esta realidad.
TERCERA PRIORIDAD PASTORAL:
FORTALECER LOS CONSEJOS PARROQUIALES DE PASTORAL Y DE ECONOMÍA
El deseo de ser una Iglesia cada vez más sinodal se funda en el reconocimiento de la dignidad común que deriva del Bautismo, que crea una verdadera corresponsabilidad entre los miembros de la Iglesia que se manifiesta en la participación de todos en la misión y edificación de la comunidad eclesial desde el discernimiento, «respetando la vocación de cada uno, los dones que el Espíritu concede a los fieles se ordenan el uno al otro y la colaboración de todos los bautizados que debe practicarse en clave de corresponsabilidad» (IL 13), promoviendo las posibilidades de participación de todos los fieles, su conocimiento y su desarrollo en el ámbito parroquial y diocesano, incluidos los puestos de responsabilidad (cf. IL 15).
Los consejos parroquiales de pastoral y de asuntos económicos se consideran instrumentos fundamentales de sinodalidad. El Consejo Pastoral de la parroquia es el órgano que, en comunión con la Iglesia diocesana, intenta llevar a cabo la misión de la Iglesia de anunciar el evangelio en el ámbito de la comunidad parroquial. Es un órgano de consulta, reflexión y diálogo en el que los fieles prestan “su ayuda para fomentar la actividad pastoral” (c. 536) y constituyen el medio institucionalizado para la justa corresponsabilidad y coordinación de todos los agentes de pastoral de la comunidad.
En nuestra diócesis, la existencia del Consejo Pastoral se ha establecido como necesaria en cada una de las parroquias, teniendo en cuenta la naturaleza propia de las mismas, habiéndose implantado en su práctica totalidad en el curso pastoral que ha terminado. En aquellas parroquias más pequeñas, donde no es posible constituir ambos consejos, se puede constituir un solo consejo, que cumpla ambas funciones.
La importancia del Consejo Pastoral parroquial radica en el hecho de que es el ámbito específico en el que los fieles pueden expresar su parecer en relación con las iniciativas pastorales de la parroquia. La comunión y participación de los fieles laicos en la vida de la parroquia es esencial para ésta, como el mismo Concilio ha indicado (AA 10). Es función propia del Consejo Pastoral programar, animar, coordinar y revisar el conjunto global de la acción pastoral de la parroquia, para lo que en él han de estar representadas todas las realidades de la comunidad parroquial.
Según el derecho canónico, el Consejo Pastoral “tiene voto meramente consultivo” (c. 536). No obstante, habría que evitar dos extremos: por una parte, que el párroco se limite a presentar al consejo pastoral decisiones ya tomadas o sin la debida información previa; por otra parte, un consejo en el que el párroco sea sólo uno más de sus miembros, privándolo de hecho de su rol de pastor y guía de la comunidad (cf. Dicasterio para el Clero, La conversión pastoral, 113).
En los Consejos de Asuntos Económicos parroquiales se expresa la corresponsabilidad de los fieles en la gestión económica con vistas a atender las necesidades pastorales (liturgia, catequesis, caridad) de la parroquia. La misión del consejo no es la de ser un gestor empresarial, sino que ha de velar para que se pongan, con criterio, los recursos de la parroquia a disposición de la evangelización. El consejo ha de estar necesariamente constituido en cada parroquia: «ha de ser constituido en cada parroquia, aunque esté compuesto por un número reducido de fieles» (cf. Dicasterio para el Clero, La conversión pastoral, 59).
En nuestra diócesis, la existencia del consejo parroquial de asuntos económicos también se ha establecido como necesaria en cada una de las parroquias, teniendo en cuenta la naturaleza propia de las mismas, habiéndose implantado en su práctica totalidad en el curso pastoral que ha terminado. Ahora es necesario afianzar la existencia de ambos consejos parroquiales y el camino que han de recorrer, profundizar en sus funciones para su mejor funcionamiento y ser así espacios de sinodalidad y corresponsabilidad eclesial.
PARA ESTE CURSO PASTORAL 2024-2025:
- Afianzar el Consejo Pastoral parroquial y el Consejo de Asuntos Económicos en las parroquias donde se ha creado o renovado.
- Impulsar en cada arciprestazgo encuentros de miembros de los consejos parroquiales para profundizar en su identidad y misión.
- Impulsar los trabajos de la Comisión Diocesana para el Sostenimiento de la Iglesia para avanzar en la difusión y conocimiento de estas claves de acción y su aplicación en las parroquias y arciprestazgos.
CUARTA PRIORIDAD PASTORAL:
POTENCIAR LOS ARCIPRESTAZGOS COMO ESPACIOS DE COMUNIÓN
La síntesis nacional de la primera fase del Sínodo recogía una propuesta concreta para seguir experimentando la sinodalidad: la realización de consultas anuales, parroquiales o diocesanas, para dar la oportunidad de expresar y contribuir en los planes pastorales que se van a llevar a cabo. La síntesis nacional, así como la diocesana valoran la parroquia como el espacio principal para la vida cristiana, y su papel como lugar de comunión, y para ello fomentar puntos de encuentro y convivencia entre parroquias que propicien el espacio y la escucha mutua. Es también una aportación del Consejo pastoral diocesano el fomentar la acogida, conocernos los que estamos en la parroquia, así como entre las diferentes asociaciones y movimientos parroquiales y diocesanos», y así fomentar el discernimiento eclesial para la misión, pues «dado que requiere que cada uno comparta su punto de vista en la perspectiva de la misión común, un proceso de discernimiento articula concretamente comunión, misión y participación. En otras palabras, es una forma de caminar juntos. Por eso es fundamental promover una amplia participación en los procesos de discernimiento, cuidando especialmente la implicación de quienes se encuentran en los márgenes de la comunidad cristiana y de la sociedad» (IL 60).
Entre los sacerdotes hemos de seguir promoviendo e impulsando el trabajo común en los arciprestazgos. Necesitamos construir espacios y momentos de comunión que ayuden a la vida de los presbíteros en su necesidad de formación, de acompañamiento, de vida espiritual y de búsqueda de criterios pastorales comunes en el camino de la fe, ya que, «además de afectar a la vida personal de cada uno de los ministros, este camino de conversión implicará una nueva manera de pensar y de organizar la acción pastoral, que tenga en cuenta la participación de todos los bautizados, hombres y mujeres, en la misión de la Iglesia, centrándose sobre todo en la necesidad de hacer emerger, reconocer y animar los diferentes carismas y ministerios bautismales» (IL 36). En este sentido es prioritario que los arciprestes asuman sus funciones propias como vicarios foráneos del obispo y coordinadores de la pastoral en sus propios arciprestazgos y también como espacios de encuentro y comunión entre presbíteros, religiosos y laicos, avanzando hacia la constitución del consejo pastoral arciprestal.
PARA ESTE CURSO PASTORAL 2024-2025:
- Afianzar la actual organización de los arciprestazgos de nuestra diócesis.
- Aplicar de forma concreta el Estatuto Pastoral del Arciprestazgo, concretando en cada uno de ellos los responsables de cada área pastoral.
- Fortalecer el Colegio de Arciprestes en su identidad y funciones.
- Seguir avanzando en el crecimiento de los equipos presbiterales de los arciprestazgos.
- Caminar hacia la creación de los Consejos Pastorales arciprestales.
QUINTA PRIORIDAD PASTORAL:
MEDIOS PARA FOMENTAR ESPACIOS DE FORMACIÓN
La formación es elemento imprescindible para la vivencia de la fe y premisa del testimonio y del compromiso público: «“preocuparse de la propia formación es la respuesta que todo bautizado está llamado a dar a los dones del Señor, para hacer fructificar los talentos recibidos y ponerlos al servicio de todos” (IdS 14a). Estas palabras del Informe de Síntesis de la Primera Sesión explican por qué la necesidad de formación fue uno de los temas que surgieron con mayor fuerza y universalidad a lo largo del proceso sinodal. Responder a la pregunta «¿Cómo ser una Iglesia sinodal en misión?» requiere, por tanto, dar prioridad a la elaboración de itinerarios de formación coherentes, con especial atención a la formación permanente para todos» (IL 51).
Como una de las urgencias de la Iglesia sinodal y misionera, la formación ha de ser permanente (abarca todas las edades y todos los estados) e integral (no solo humana e intelectual, sino también espiritual), ya que «en una Iglesia sinodal, la formación no pretende únicamente adquirir nociones o competencias, sino promover la capacidad de encuentro, de compartir y de cooperar, de discernir en común. Por tanto, debe interpelar a todas las dimensiones de la persona: intelectual, afectiva y espiritual. No puede ser una formación puramente teórica, sino que incluye experiencias concretas convenientemente acompañadas. Es igualmente importante promover el conocimiento de las culturas en las que viven y trabajan las Iglesias, incluida la cultura digital, tan omnipresente hoy en día, sobre todo entre los jóvenes» (IL 56).
En el curso pastoral que ha terminado hemos avanzando en la recopilación y difusión de las propuestas formativas que existen en la diócesis: Acción Católica General, pastoral familiar, juvenil, parroquias que tienen escuelas de catequistas, grupos bíblicos de formación, etc. Hemos de seguir avanzando en conocer y potenciar otros instrumentos que ayuden a madurar en la identificación con Cristo: Revisión de Vida, Proyecto Personal, Dirección Espiritual, Ejercicios Espirituales, Retiros, Lectura Creyente, Lectio Divina, etc.
PARA ESTE CURSO PASTORAL 2024-2025:
- Aplicar los criterios diocesanos para la formación permanente en este curso centrados en la liturgia desde la relación entre Comunión y Eucaristía y la Doctrina Social de la Iglesia, como señala el Papa en su Carta apostólica Desiderio desideravi y en el testimonio de la fe en el mundo ante la realidad de la sociedad existente.
- Preparar conferencias de formación en los arciprestazgos con esta temática.
- Continuar ofreciendo el encuentro trimestral de formación para la diócesis.
- Poner en funcionamiento la Escuela Diocesana de Pastoral.
- Seguir dando pasos para afianzar la Formación Permanente de catequistas, equipos de liturgia y equipos de Cáritas.