Jesús García AízLa Mirada de la Fe

¿DE QUÉ NOS SALVA DIOS? (III)

La muerte es otra de las realidades ante la que solo Dios puede salvarnos de verdad. Los no creyentes dan por supuesto que todo termina con la muerte y, lógicamente, cuanto más sentido haya tenido su vida más dolorosa les resulta la despedida. Y al morir una persona muy querida difícilmente podrán evitar preguntarse: «Entonces, ¿el amor que nos teníamos eran solo unas reacciones químicas en el cerebro que desaparecen con el último latido del corazón?».

En su obra «La muerte, destino humano y esperanza cristiana», el teólogo J. L. Ruiz de la Peña señalaba seis preguntas vitales que suscita la presencia de la muerte: La primera pregunta sobre la muerte es la pregunta sobre el sentido de la vida. Parece, pues, que no se puede dar respuesta a la pregunta por el sentido de la vida mientras que no se esclarezca el sentido de la muerte. ¿Para qué todo si al final hemos de morir? La segunda pregunta por la muerte es la pregunta sobre el significado de la historia. La muerte es anticipación de la muerte de la humanidad, de todo lo humano.

La tercera pregunta sobre la muerte es la pregunta sobre los imperativos éticos de justicia, libertad, dignidad. ¿Es posible atribuir esos valores absolutos a sujetos contingentes? Si un hombre muere injustamente tratado, ¿cómo se le hace justicia? Y si ya no se le puede hacer justicia a él, ¿con qué derecho puedo exigir yo que se me haga justicia a mí? ¿Cómo se devuelve la dignidad y la libertad a los tratados como esclavos si realmente ya no serán más porque la muerte ha acabado con ellos definitivamente? La cuarta pregunta sobre la muerte es la pregunta sobre la dialéctica presente-futuro. Vivimos en un presente poco acogedor, inhóspito, dominado por la alienación, reino de contradicción, y aspiramos a un futuro distinto.

La quinta pregunta sobre la muerte es la pregunta sobre el sujeto de la esperanza. Lo finito no parece sujeto apto de esperanza. Su fragilidad ontológica no la soporta, puesto que es por definición lo abocado a la nulidad. Y, finalmente, la sexta pregunta sobre la muerte es una variante de la pregunta sobre la persona, sobre la densidad irrepetible y validez absoluta de quien la sufre. La pregunta fundamental que plantea la muerte podría formularse así: todo ser humano, ¿es o no un hecho revocable, irreversible?

Frente a otras interpretaciones, el cristiano sabe que la muerte no tiene la última palabra, que con su resurrección Jesús ha vencido la muerte y, con ello, ha restablecido en nosotros el ansia de infinito colmándonos de esperanza. En efecto, el cristiano, por su parte, piensa que soñar cosas -aparentemente- imposibles, si lo hace apoyándose en la palabra de Dios, es un acto de esperanza.

Jesús García Aiz

 

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