Jesús García AízLa Mirada de la Fe

MIRADAS DE FE

Podríamos comparar la fe con el enamoramiento, esa experiencia cumbre que transforma a un ser humano. Por eso los místicos emplean el lenguaje de los enamorados para referirse a su fe y su entrega a Dios. Igual que les ocurre a los enamorados con la persona amada, ellos no sabrían vivir sin Dios. Él llena su vida de alegría y de luz; sin él se sentirían desolados y nada ni nadie podría llenar el vacío de su corazón.

Se puede llegar de diversos modos a la fe como experiencia personal de Dios. Puede ser un acontecimiento repentino (como en el caso de san Pablo), un proceso gradual, pero perfectamente consciente (como san Agustín), e incluso un desarrollo suave e inconsciente: una acumulación de experiencias que van transformando poco a poco a la persona sin que ella se dé cuenta, hasta que un día se descubre de repente en posesión de una fe intensa que llegó sin hacerse notar. Pero, haya sido de una forma o de otra, el momento en que alguien constata que se ha enamorado de Dios debe incluirse en esa categoría que el psicólogo humanista A. H. Maslow designó como «experiencias cumbre»; es decir, un momento de plenitud que dio comienzo a una nueva orientación de su vida y permaneció durante el resto de sus días como un recuerdo decisivo.

Por eso el descubrimiento de la fe es como un «segundo nacimiento». Asimismo, por analogía, una mirada con fe, una mirada desde la fe, en definitiva, «la mirada de la fe» nos hace descubrir y percibir lo que de bueno, auténtico y bello (-bonum, verum et pulchrum– los célebres transcendentales del ser) tienen las personas y las situaciones que a veces duramente atravesamos. Nos habla de la forma en que miramos y afrontamos la vida. A estar dispuestos a descubrir lo bueno y lo positivo, aún en aquellos momentos desagradables. Así las cosas, una «mirada de fe» nos ayuda y enseña a observar la vida con misericordia, a mirar el barro de nuestro camino con ojos de alfarero, a apreciar aquellos detalles que nuestros ojos no suelen ver. Y todo ello desde la cercanía y cariño al aproximarnos a mirar la realidad con fe y desde la fe.

Bueno, pues es la hora de «un nuevo nacimiento». Ha llegado el momento de despedirme, ya que esta «mirada de la fe» será «mi último tango en París». Ha llegado la hora de pasar el testigo de ese compartir estas miradas con fe. Han sido 114 miradas de fe las que he ofrecido, durante estos últimos tres años, como perspectivas de un mirar desde la fe las distintas realidades tanto de la Iglesia como del mundo. Han querido ser miradas de amor, miradas de esperanza, miradas con fe. Gracias por acompañarme en esta singladura apasionada de pensar la fe. Pero la aventura de proponer nuevas miradas de la fe continuará más y mejor. Quien me releva, sin duda, así lo hará. Seguid atentos cada semana en la web diocesana. ¡Ánimo y adelante!

Jesús García Aiz

 

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