Comentario Bíblico Ciclo ANoticias

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS, por Manuel Pozo Oller

Las Bienaventuranzas

El Evangelio sitúa las bienaventuranzas en el contexto de unas páginas luminosas conocidas como el sermón del Monte (cf. capítulos 5 al 7). Este domingo recordamos el programa paradójico de vida que propone Jesús (Mt 5,1-12). Hoy, solemnidad de Todos los santos, este cántico invitatorio a la felicidad resuena de un modo especial.

El Evangelio narra que Jesús, al ver al gentío que lo seguía, subió al monte, se sentó y dirigiéndose a sus discípulos, proclamó las Bienaventuranzas. Toda una construcción teológica. El monte, como sabemos, es lugar privilegiado de la revelación y de encuentro con la divinidad. El monte recuerda al Sinaí, lugar donde Dios entregó a Moisés los diez mandamientos, pero le supera con el anuncio de una nueva alianza. La riqueza de significado del monte aumenta con la imagen del Maestro sedente. Jesús es el Maestro que supera a la Ley y los profetas. Con autoridad anuncia el comienzo del nuevo pueblo de Dios.

En este marco escenográfico, adrede pretendido por el evangelista, superando la tradición mosaica, Jesús proclama los “nuevos mandamientos”. La novedad es que éstos son una propuesta de felicidad, una invitación y oferta para vivir de un modo distinto del enseñado hasta ahora. La nueva ley no es norma ni precepto imperativo, sino oferta para llenar de alegría y sentido la vida. San Agustín escribe que las Bienaventuranzas evangélicas son «un método perfecto de vida cristiana» (De serm. Dom. In mon. I.1.1).

La clave para comprender las bienaventuranzas, exhortaciones que el evangelista agrupa en una sola pieza, la podemos encontrar en la traducción y notas de la versión del Nuevo Testamento del profesor Juan Mateos. Él traduce de este modo la primera bienaventuranza: «Bienaventurados los que eligen ser pobres, porque ésos tienen a Dios por rey». La traducción, concedemos que discutida, recoge la actitud del discípulo que decide seguir libremente al Maestro porque le ha descubierto como su bien absoluto y, como consecuencia, no le duele prendas desprenderse de todo lo que no sea Dios,  con el propósito de liberarse de toda atadura del dinero y de las cosas.

La vida vivida en la perspectiva del Reino cambia de sentido cuando se acepta que no hay más soberano que Dios. Curiosamente el texto original de la primera bienaventuranza se redacta en el tiempo presente, como también se redacta la última bienaventuranzas sobre los perseguidos. No es una redacción que surja al azar sino desde el convencimiento de que el reinado de Dios se  puede disfrutar ya en el momento presente aunque no sea en plenitud.

Los santos de la puerta de al lado, expresión lúcida del Papa Francisco, son bienaventurtados porque siguieron a Jesús desde la humildad y grandeza de su vida diaria escondida.

Manuel Pozo Oller

Párroco de Montserrat

 

 

 

 

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