Autor: Jesús García AizLa Mirada de la Fe

TANTO A LA PROSPERIDAD COMO A LA ADVERSIDAD

Decir que siempre gozaremos de la prosperidad es algo ideal, pero la realidad es que de forma repentina llega la adversidad y todo se trastoca. Así, el día que llega la adversidad, comienza un tiempo de prueba que, o bien puede revitalizar o, por el contrario, amenazar la armonía familiar.

Lamentablemente, una buena parte de los matrimonios de hoy se guían por preceptos y valores muy distintos a los que tenían nuestros padres y abuelos. Tanto es así, que cada vez es más frecuente enterarnos de casos deplorables, lo que pone en evidencia el poco o nulo amor que se tenía la pareja y también la poca resistencia hacia situaciones adversas.

Y resulta triste afirmar esto, porque pone de manifiesto que cada vez más hombres y mujeres se rigen por conceptos individualistas y egoístas que los llevan a anteponer su bienestar personal sobre todas las cosas, olvidándose de que en una relación de pareja se debe ejercer la comprensión y la solidaridad, y más aún si cabe, cuando uno de los dos está atravesando por un momento verdaderamente complejo y requiere apoyo. Ciertamente, enfrentarse a escenarios complicados tanto a nivel personal como en pareja, no siempre es bien asimilado por todos.

Entonces, ¿qué va a determinar que se pueda compartir un proyecto de vida y amor junto a una persona madura, comprometida y solidaria, que no vaya a abandonar a la mitad del camino apenas se presenten las dificultades? Eso sólo lo podremos saber en la medida en la que la puesta en práctica de la fe, la esperanza y la caridad en la convivencia diaria, perfile y moldee las aristas de la relación, porque es sólo a través de la cotidianidad de la aplicación de este bálsamo de virtudes teologales, donde es posible determinarlo para, o bien reforzar dicho vínculo y proyecto o bien enmendarlo y sanarlo.

En efecto, mediante la receta de «fe, esperanza y caridad» en el día a día, sobre todo en esos episodios complicados que irremediablemente se van presentando, nos iremos dando cuenta de la clase de pareja que tenemos a nuestro lado. Así, la actitud que ambos muestren frente a las adversidades, la serenidad con la que se desenvuelvan en el momento de tomar decisiones en medio de los problemas, su preocupación por la familia a la hora de proyectar un futuro inmediato con circunstancias complicadas… y sobre todo la «resiliencia» ante un panorama a corto, medio o largo plazo, nos advertirá que juntos vamos por el buen camino frente a las adversidades, porque el vínculo matrimonial se enfrenta tanto a la prosperidad como a la adversidad.

Jesús García Aiz

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