Ramón Bogas Crespo
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EL ESPEJO EMPAÑADO
Ahora en invierno, cuando uno sale de la ducha, el espejo está empañado de vapor. Y, ¿saben una cosa?, que casi lo agradezco. Me afeito, me peino y acicalo sin tener que profundizar en los detalles de mi cara y de mi cuerpo que van deteriorándose con el paso de los años. De hecho, le doy gracias a mi amigo Antonio, que me instaló el espejo en mi nueva casa, y lo puso demasiado alto. No sabe el favor que me hizo en su momento (je, je). Cuesta mirarse al espejo por fuera, pero más cuesta por dentro. Aceptar que sentimos lo que sentimos, deseamos lo que deseamos, hemos hecho lo que hemos hecho… en definitiva que SOMOS LO QUE SOMOS. Aunque vamos deprisa e intentamos entretenernos lo más posible para no afrontar esas grandes cuestiones, de vez en cuando…
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EL ÚLTIMO DE LA FILA
No sé si es cosa mía, pero siempre quiero ganar. En las cosas más nimias o en las más importantes. Son esas pequeñas luchas soterradas con quienes nos rodean. Acertar en la X de Pasapalabra, en cómo se cortan mejor los tomates o en el bar donde debimos reservar. El caso es tener razón. Y ya ni te cuento en política, en mi “teoría” sobre el COVID o en la opinión sobre aquel amigo o aquella cuñada. Siempre “estoy en lo cierto”, tú vives en el profundo error. ¡Cuánta energía gastada en tener razón!¡Cuántas heridas provocadas en las pequeñas reyertas! Y todo por un atávico deseo de “poder”. Y creo que ya me he cansado. No sé si porque el Evangelio al final “cala” o porque me voy haciendo mayor, pero tengo la intuición de que la felicidad va por…
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BREVE GUÍA PARA AGOBIADOS
Tengo una buena amiga que dice que se agobia por lo que pasa y lo que pueda pasar, aunque no vaya a pasar nunca. Le decimos (cariñosamente) Miss agobios. De hecho, todos nos preocupamos. Es inevitable. Hay tantas situaciones económicas, problemas de salud de mi gente, peleas entre la familia… que la cabeza no se queda quieta. Pero una cosa es preocuparse y otra cosa es angustiarse. La angustia puede tener graves consecuencias para nuestra salud física y nuestro equilibrio emocional. Por todo ello, he pensado proponeos (a mí el primero) una breve guía para saber convivir saludablemente con los agobios. Lo primero que se me ocurre es que hay que aceptar que no podemos evitar que la preocupación aparezca, pero si podemos evitar darle demasiadas vueltas. Hazte siempre estas preguntas: ¿Es una PREOCUPACIÓN REAL o está solo en mi…
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EL MISTERIO DE LOS HILOS CAÓTICOS
La gente de mi generación todavía tenemos el recuerdo de ver a nuestras madres o abuelas bordar las mantelerías. A mi madre le costó más de 10 años terminar la mantilla que lució en la boda de mi hermano Jose. De esos recuerdos me admiraban (con los ojos del niño) la paciencia que tenían esas mujeres y el “misterio” de cómo aquel envés de hilos desordenados “mágicamente” se convertían, al darles la vuelta, en una flor maravillosa. Paciencia porque en estos días de impaciencia sería imposible realizar una obra tan lenta y laboriosa. Después de cuatro horas, dejándose los ojos en las tardes de verano, no había terminado ni una de las hojas más pequeñas. En estos tiempos que corren, desde que suena el despertador, empezamos a impacientarnos con el café que tarda en salir o el agua caliente de…
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¡ESTABA SEGURO DE QUE VENDRÍAS!
Cuentan la historia de un soldado que se acerca a su jefe inmediato, y le dice: “Uno de nuestros compañeros no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo. –Permiso denegado, replicó el oficial. No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto”. Haciendo caso omiso de la prohibición, el soldado salió, y una hora más tarde regresó mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo. El oficial, furioso, le gritó: “¡Ya le dije yo que había muerto! Dígame, ¿valía la pena ir allí para traer un cadáver arriesgando su propia vida?” Y el soldado moribundo respondió: “–¡Claro que sí, señor! Cuando lo encontré, todavía estaba vivo, y pudo decirme: ‘¡Estaba seguro que vendrías!’». Aunque es una historia de ficción, no deja de admirarme el valor de la fidelidad y…
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ANCLADOS EN EL RESENTIMIENTO
En mi libreta de ideas para estos artículos apunto algunas imágenes o ideas que no puedo “dejar pasar”, que se me quedan grabadas en la retina de mi alma. La primera anotación se titula “el abrazo de María”. Seguro que recordáis el triste episodio del atropello en un colegio de Madrid. Una vez certificada la muerte de su hija, María la madre de la niña atropellada, abrazó a la mujer que confundió las marchas de su Volvo. La otra opción podía haber sido el resentimiento o la venganza, la demanda judicial o incluso la violencia. La fe de María y su altura personal le hizo empatizar con aquella torpe mujer que atropelló sin querer a su querida hija. Me pregunto qué habríamos hecho cada uno de nosotros y qué estamos haciendo con las personas que nos “atropellaron” en nuestra vida.…
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DESESCALADA INTERIOR
Soy un poco gato. Nunca me gustaron demasiado los abrazos y las caricias (supongo que los freudianos tendrán mucho que decir sobre esto). Es cierto que me he ido “convirtiendo” poco a poco, porque todos los modernos se toquetean mucho, y yo (que de mayor quiero serlo también) he ido aprendiendo el poder curativo que tiene el roce de la piel. Ahora que llevo más de cuarenta días sin dar la mano, un abrazo o un beso en la mejilla (recordad que vivo solo) me pregunto si volveré a tener la confianza necesaria para volver a hacerlo. Sin duda, la palabra que la RAE va a elegir este año 2020 como “palabra del año” va a ser DESESCALADA. Se refiere a ese proceso de sucesivas medidas para alcanzar la “nueva normalidad”. Pero tengo serias dudas si un Decreto ley conseguirá…
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R.
R. es venezolana. Angustiada por la situación de su país, gastó sus escasos ahorros, cogió a su pequeña y se vino a España: la madre patria, el lugar de la oportunidad de salir de la pobreza para muchos venezolanos. A los 20 días de llegar, se declara el estado de alarma. Vive en una habitación con su hija en un piso compartido, y allí están pasando los casi cuarenta días de confinamiento. Los voluntarios de Caritas de mi parroquia, recién aterrizada, se pusieron en contacto con ella. Se le dio acceso al economato, se ayudó a la escolarización de la niña y se la integró en el grupo de scouts católicos para que fuera echando algunos amigos en el barrio… pero todo esto quedó truncado por el dichoso virus (aquí pongo emoticono de rabia). El otro día, vino a pedir…
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CORRER ES DE COBARDES
Os lo voy a confesar: el otro día me dio un arrebato de prisa y quité el nórdico de la cama. Era como conjurar esa primavera que se está retrasando (poco se habla del mal tiempo que está haciendo para la altura del año a la que estamos). Y, claro, a las 2 de la mañana tuve que levantarme cual zombi para buscar una manta en los altillos. Pensé, inocentemente, que podía forzar el buen tiempo, precipitar el inicio de la primavera. Y el buen tiempo llega cuando tiene que llegar. Mi amigo Paco López siempre dice que “correr es de cobardes”, y yo añado que tener paciencia y serenidad es un logro espiritual al alcance de pocos. María la Magdalena y las otras mujeres, como era viernes el día que murió su Señor, tuvieron que esperar casi tres días…
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“QUIEN NO ESTRENA, NO TIENE MANOS”
No sé si será una idealización infantil, pero recuerdo el Domingo de Ramos como uno de los días más luminosos del año. En casa nos enseñaba el abuelo a rizar unas pequeñas palmas, nos levantábamos temprano para ir a la misa en una radiante mañana, y nuestra madre nos preparaba algo para estrenar (aunque fueran unos calcetines). Porque ya sabéis el refrán popular: “Domingo de Ramos, quien no estrena, no tiene manos”. Me pregunto con ironía: ¿Qué voy a estrenar este año si no tengo donde comprar? ¿Si nadie me verá lo estrenado? Y descubro una de esas lecciones que nos está dando este tiempo de obligada reclusión: ese empecinamiento de vivir hacia afuera, preocupados por el aplauso de los demás se ha quedado en un segundo plano para pasar a tener que “soportarnos” por dentro. Hoy os propongo algunas…
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