La Mirada de la FeRamón Bogas Crespo

ANCLADOS EN EL RESENTIMIENTO

En mi libreta de ideas para estos artículos apunto algunas imágenes o ideas que no puedo “dejar pasar”, que se me quedan grabadas en la retina de mi alma. La primera anotación se titula “el abrazo de María”. Seguro que recordáis el triste episodio del atropello en un colegio de Madrid. Una vez certificada la muerte de su hija, María la madre de la niña atropellada, abrazó a la mujer que confundió las marchas de su Volvo.

La otra opción podía haber sido el resentimiento o la venganza, la demanda judicial o incluso la violencia. La fe de María y su altura personal le hizo empatizar con aquella torpe mujer que atropelló sin querer a su querida hija. Me pregunto qué habríamos hecho cada uno de nosotros y qué estamos haciendo con las personas que nos “atropellaron” en nuestra vida.

Y es que, a veces, podemos vivir anclados en el resentimiento y encadenados a la ofensa que se nos infringió, dándole vueltas a aquello que nos dolió, trayendo a la mente constantemente a aquel que nos ofendió. Sin saberlo, estamos malgastando la vida porque el resentimiento requiere una cantidad ingente de energías y necesita que le echemos permanentemente de comer.

Jesús nos llama desde la cruz a descubrir la otra lógica. No la del rencor y la venganza. No la del agravio sin salida. No la del reproche definitivo, sino la disposición para ayudar a sanar. La del mantener los puentes tendidos. Y es que, si alguien que podría cerrarte la puerta, la mantiene abierta. Si quien conoce tu fragilidad y tu barro, sigue mirándote con aprecio. Si quien podría juzgarte con dureza, te mira con misericordia, entonces entenderás un poco más a Dios… y su evangelio.

Querido enemigo: te suelto, quedas libre. No lo hago por ti (que no me caes muy bien) sino por mí. Porque ya has estado mucho tiempo en mi mazmorra, porque al final quien sufro soy yo, porque lo que intento creer y a quien procuro seguir supo perdonar en la cruz a sus asesinos. Porque todos merecemos otra oportunidad, y se me acabaron las fuerzas para seguir odiándote. Vuela, que yo también tengo ganas de cielo.

Ramón Bogas Crespo

Director de la oficina de comunicación del obispado de Almería

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