Ramón Bogas Crespo

  • ME ARREPIENTO

    A diferencia de Edith Piaf, que decía en su famosa canción que ella no se arrepentía de nada, mucha gente parece terminar su vida con un gran arrepentimiento. Así lo ha contado Bronnie Ware, experta en enfermos terminales, que acaba de compilar en un libro la lista de los cinco principales arrepentimientos que tienen las personas antes de morir. El primero que señala es: “Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer, y no lo que los otros esperaban que hiciera”. Vivimos esclavos, en muchas ocasiones, del ojo ajeno, con miedo a hacer cosas por el qué dirán. Se nos pasa la vida, y al final, no contentamos a casi nadie (y menos a nosotros mismos). Otro arrepentimiento frecuente es: “Ojalá no hubiese trabajado tanto”. Seguramente, no todo el mundo, pero si es cierto que muchos…

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  • QUIÉREME, PERO NO TANTO

    Todos queremos hacer más fácil la vida a nuestros hijos, nietos, parejas, amigos… Es algo que nos sale de dentro. Pero, y si os dijera que a veces queremos mucho, pero mal. Que podemos confundir sentimientos nobles: cuidado, atención ayuda… con otros menos como la dependencia o la inmadurez. Madres y amantes “posesivos” del mundo, hoy os propongo dos preguntas para la polémica: ¿Dónde está la frontera entre CUIDAR y SOBREPROTEGER?¿Cómo encontrar el punto medio entre AYUDAR y AVASALLAR? Para aportar una humilde luz sobre este tema, ahí van mis reflexiones. Todos somos cuidadores y recibimos cuidados. Los bebés tienen que subir el primer escalón, los adolescentes estudiar para los exámenes, los adultos aprender a administrarse bien y los ancianos gestionar sus medicinas. Y para eso, algunas veces necesitamos ayuda. Pero el eterno debate radica en si es conveniente darles…

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  • IMPOTENTE

    Antes de nada, mucho me temo que con este polémico título seguro conseguiré algún clic más en el artículo de la semana. Pero no, no hablaré de la “impotencia” que estáis pensado (que ganas me dan porque hay mucha tela que cortar), sino de esa sensación que, a veces, tenemos de que no sabemos todo, de que no podemos con todo, de que no llegamos a todo. Y, paradójicamente, a pesar de ser “impotentes”, no pedimos ayuda ni arrastrados (como se dice en mi pueblo). Cuando cada tarde llamo a mi madre y le pregunto si necesita algo, salta como un resorte automático: NADA, ¡QUÉ VOY A NECESITAR! Seguramente, no es que no la necesite, sino que no ha sido educada para pedir ayuda. Y esa reacción viene de algo atávico, en el que pedir ayuda se interpreta como debilidad.…

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  • DESCONFIADOS

    ¿Eres de los que miran la fecha de caducidad de todo? ¿Crees que el pescadero te está vendiendo los boquerones de anteayer? ¿Desconfías de pagar con la tarjeta porque “vaya usted a saber si me cogen la cuenta”? Si has respondido tres SIES, eres del grupo de los desconfiados. Y sois legión. Los desconfiados afirman que están de vuelta, que ya les timaron una vez, que hay que estar vigilantes, porque cuando menos te los esperas, ZAS. Pero no se dan cuenta de que la inmensa mayoría de los productos de los lineales de nuestros supermercados han sido revisados y están en la fecha correcta, que el pescadero de confianza te vendió, casi siempre, lo más fresco, y que se producen millones de transacciones por tarjeta que han sido correctas. ¿Veis? Es cuestión de perspectiva. Es una forma de posicionarse…

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  • NUBE NEGRA

    “Hoy parece que tengo una NUBE NEGRA”, eso es lo que dicen ahora los “modernis” cuando tienen un mal día, cuando están “atravesados”, o cuando parece que todo está en su contra. Y no se puede expresar mejor. Todos hemos sentido que hay días sin sol, momentos en los que parece que todos los elementos se confluyen contra ti, en los que todo está oscuro y sombrío. Lo peor es que llevamos dos años con esa nube encima. Metidos en un pozo inagotable en el que pareciera que todo puede ir a peor. El maldito bicho, no solo ha matado a personas queridas, sino que ha esquilmado nuestro buen humor, nuestras ganas de hacer cosas. Ha contaminado nuestra alma. Todas las conversaciones de nuestro alrededor se tiñeron de pesimismo y mal rollo. Hoy, en el día que escribo este artículo,…

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  • MIRADAS

    Llevamos dos años con el bozal puesto. Que se dice pronto. Hay gente (a la que admiro) que dice que se ha acostumbrado y que se lo van a dejar. Conmigo que no cuenten. Pero, si alguna ventaja ha tenido este tiempo de boca y nariz tapadas, es que nos hemos hecho especialistas en MIRADAS. Hemos aprendido el arte de interpretar los ojos. Miradas de saludo en la calle, de ternura a los nietos, incluso miradas de coqueteo. Durante dos años hemos tenido que decir “lo siento”, “te quiero”, “cuenta conmigo”, “me gustas”…, a través de los ojos. Las miradas son muy importantes. Hay miradas que animan, otras que condenan, algunas desean, muchas desprecian. Hay miradas feas, frías, intensas, amorosas, torcidas, profundas, esquivas… Dicen los psicólogos que gran parte de lo que somos y cómo nos vemos es fruto de…

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  • LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ

    Nunca he visto entera “Lo que el viento se llevó”. Mi cuerpo serrano no puede aguantar quieto las 3h 58m que dura este clásico del cine. Por eso se inventaron las series. Los 40 minutos de cada capítulo son lo que yo llamo el TMA (tiempo máximo de atención). Lo que sobrepasa este metraje no tiene ya cabida en esta sociedad de inmediatez. Y no es solo una moda de la juventud. Cuando veo la televisión con mi madre, cambia 40 veces de canal en una hora. Al final, también a los más veteranos se les ha inoculado el “veneno” de la impaciencia. ¿Por qué no llama ya?¿Por qué no responde a mis mensajes si los ha leído?¿Por qué no madura mi hijo?¿Por qué mi marido no ve las cosas como yo?¿Por qué no se convierte?¿Por qué la iglesia o…

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  • SUBIR AL ROOF

    Yo que soy muy moderno, tengo el deber de informaros que está de moda subir al roof. Los que tuvimos la oportunidad de viajar a EEUU hace décadas veíamos que la mayor atracción turística de New York era subir al último piso del Empire State o al restaurante situado en la última planta de la Torre Sears de Chicago. En España, como casi siempre tarde en todo, se ha puesto de moda en los últimos años. Los roofs (“terraos” de toda la vida en Almería) de los hoteles madrileños y de otras ciudades, ocupados durante décadas por chimeneas grasientas o aparatos de aire acondicionado, ahora se han convertido en los mejores lugares para tomar una copa, cenar y ver el horizonte de la ciudad. Y me sorprende cómo no nos habíamos dado cuenta hasta ahora. Desde los roofs se contempla…

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  • DE GATILLO FÁCIL

    ¡Maricón, mentirosa, fascista, abusón, ladrón, progre, lianta, imbécil, vago…! Estas y otras “lindezas” lanzamos alegremente contra los demás, a los que me rodean, a los que nos son de mi “partido”. Con qué dureza juzgamos a los otros, con qué simplicidad los etiquetamos, con qué trazo grueso describimos al otro. Con nosotros y con los nuestros somos más indulgentes. Tenemos una facilidad pasmosa para absolvernos: “No me di cuenta”, “Es buena gente”, “Lo ha pasado mal y ha tenido un mal día”, “Necesitaba ese dinero”, “No encuentra el trabajo que se merece” … ¿Os dais cuenta? Jueces implacables con el prójimo, psicólogos condescendientes con nosotros y los de nuestra cuerda. Esa es la dinámica perversa en la que habitualmente caemos. Una cruel inercia que condena a vivir la vida como una película de indios y vaqueros. ¿Os imagináis como sería…

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  • LOS PANES PRESTADOS

    Cuando voy a ver a mi madre, me encargo de hacerle la compra. Venía de Mercadona cargado hasta los dientes con bolsas y más bolsas. Conforme me acercaba al portal de casa, solo podía pensar en que las llaves estaban en el fondo del bolsillo del pantalón vaquero, y que no sabía cómo iba a hacer para sacarlas sin desparramar toda la compra por el suelo. Pero, justo cuando me detenía para disponerme a hacerlo, vi que mi vecina del sexto cruzaba corriendo el paso de cebra de enfrente de casa con el carrito de su bebé mientras me enseñaba sus llaves y me hacía señas para que no tuviera que sacar las mías. Qué tontería, ¿verdad? Pero podría no haberlo hecho. Podría no haberse pegado la carrera y haber llegado tranquilamente sin despeinarse, o incluso podría haberse hecho la…

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