La Mirada de la FeNoticiasRamón Bogas Crespo

MI PEOR ENEMIGO, por Ramón Bogas Crespo

Haz la prueba. Intenta hacer un silencio interior y calcula el tiempo en el que llega el primer pensamiento negativo. ¿Has conseguido la marca de los 5 minutos? ¡Sospecho que no! “Qué gordo estoy, qué mal camino lleva mi hijo, la hipoteca sube y sube cada mes, mala pinta tiene esta tos que tengo, no me gusta nada la pérdida de peso de mi padre, mis rodillas no llegan ni a final de año, y si me caigo otra vez…  Siempre haciéndonos daño. La “loca de la casa” que decía Santa Teresa de Ávila siempre jo..robando y sacando a flote nuestros miedos, complejos y preocupaciones personales o ajenas.

Dicen los expertos que es un proceso de la mente que se produce de forma automática. La explicación estaría en que esos pensamientos son un mecanismo de supervivencia que nos prepara para defendernos. Por ello, la mente busca lo negativo en forma de protección. Pero nosotros elegimos. Ver lo negativo de cada situación es lo más sencillo porque es lo primero que nuestra mente nos trae de manera automática, pero luego nosotros de forma consciente podríamos quedarnos con lo positivo. Es tarea nuestra reforzar otros pensamientos de gratitud por lo que tenemos, confianza en nuestras capacidades, esperanza en que el futuro puede ser más positivo de lo que habíamos imaginado. Y sobre todo, pase lo que pase, buen humor y mucha fe.

¡Ojo al dato! 365 veces se repite en la Biblia «No tengas miedo», pero es tan difícil que ni con la fe parece que seamos capaces de superarlo. En los Evangelios de Pascua leemos este insistente mensaje de Jesús: “Ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? «Paz a vosotros». (Lc 24, 35-48). Y esa Paz es la que anhelamos. Que se calle ya nuestra cabeza y que se disipen esos tenaces e incómodos pensamientos negativos.

Somos nuestro peor enemigo. El juez más cruel lo llevamos dentro de nosotros mismos. Ese verdugo interior que no nos deja en paz y nos atormenta con pensamientos que se mueven sin orden ni concierto, sin belleza ni armonía y nos hacen sentirnos perdidos en el laberinto de la angustia y la desesperación. Es entonces cuando la oración resulta ser como un canto silencioso de fe y confianza. La oración se convierte en un acto de resistencia subversiva, porque ahí aprendemos a callar, a hacer silencio, a escuchar, pero también a esperar y confiar.

Señor, hazme amigo de esa voz. Que sepa hablarme bien, decirme lo valioso y lo guapo que soy, la sabiduría que he acumulado gracias a la experiencia de la vida, lo valiente que puedo llegar a ser porque ya superé muchas batallas. Así, contigo podré entonar tiernamente aquella dulce melodía que compusiste solo para mí desde el vientre de mi madre.

Ramón Bogas Crespo

Director de la oficina de comunicación del obispado de Almería

 

 

 

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