La Mirada de la FeNoticiasRamón Bogas Crespo

LA MEDIA REMENDADA, por Ramón Bogas Crespo

Escuchaba una entrevista a Magüi, fundadora de proyecto amor conyugal, hablando de las relaciones de pareja. Comentaba que antes, cuando se rompían unas medias, nuestras abuelas las cosían y les daban una nueva vida. Ahora, ante el primer roce, las tiramos. Y es un símbolo de nuestra sociedad. En seguida, nos cansamos, no nos gusta, nos aburrimos y a otra cosa.

Una serie de finales de los noventa se titulaba Nada es para siempre y ya ponía de relieve que, para los jóvenes de aquella generación (y los de hoy), uno de los obstáculos más grandes era el “para siempre”. Suena a chino en 2024 eso de PERMANECER, estar a las duras y a las maduras. “Mientras esté yo a gusto” es en nuestro tiempo lo que parece civilizado y moderno. La cantautora argentina Mercedes Sosa cantaba aquello de “Todo Cambia”, pero acaba diciendo que no, que el AMOR PERMANECE. Y es que, en su propia entraña, el amor verdadero esconde una dinámica que apunta a lo eterno.

La clave de una vida con sentido no podrá ser correr y a otra cosa. No es “me canso” y a la primera me voy. Estar ahí, permanecer, a veces, sin fruto aparente, sin que sea “muy divertido”, solo por la palabra dada, por fidelidad al compromiso adoptado. He de confesar que hace unos años, mis héroes eran aquellos sacerdotes dinámicos que arrastraban jóvenes y organizaban mil cosas. Ahora, me quedo embelesado viendo a mis compañeros nonagenarios de la residencia sacerdotal echando una mano en la parroquia que le pide ayuda.

En el Evangelio de Juan escuchamos como Jesús dice a sus discípulos “Permaneced en mí, y yo en vosotros. El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante” (Jn 15, 1-8). Y es una invitación a todos nosotros a permanecer en un lugar, frente a la tentación de la prisa. Permanecer junto a alguien, frente a la tentación de la infidelidad y el cansancio. Permanecer en la tarea en un mundo que solo parece valorar lo efímero, lo pasajero, lo rápido… El Maestro permaneció fiel al proyecto, fiel a sus principios y convicciones, fiel a su amor por todos los hombres. Y por eso, nos invita a “permanecer” en nuestros compromisos y servicios junto a aquellos que son parte de nuestra vida.

Será duro. Se hará cuesta arriba. A veces, incluso tendré que abandonar e intentarlo otra vez. Escucharé mil veces las voces del mundo que me susurran: “Déjalo y a otra cosa”, pero ahí estaré. Intentaré estar “en la salud y en la enfermedad”, cuando apriete el calor y se me sequen las lágrimas. Ahí, intentando descubrir que no hay mejor regalo que vivir UN AMOR ETERNO.

Ramón Bogas Crespo

Director de la oficina de comunicación del obispado de Almería

 

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