La Mirada de la FeRamón Bogas Crespo

DESESCALADA INTERIOR

Soy un poco gato. Nunca me gustaron demasiado los abrazos y las caricias (supongo que los freudianos tendrán mucho que decir sobre esto). Es cierto que me he ido “convirtiendo” poco a poco, porque todos los modernos se toquetean mucho, y yo (que de mayor quiero serlo también) he ido aprendiendo el poder curativo que tiene el roce de la piel. Ahora que llevo más de cuarenta días sin dar la mano, un abrazo o un beso en la mejilla (recordad que vivo solo) me pregunto si volveré a tener la confianza necesaria para volver a hacerlo.

Sin duda, la palabra que la RAE va a elegir este año 2020 como “palabra del año” va a ser DESESCALADA. Se refiere a ese proceso de sucesivas medidas para alcanzar la “nueva normalidad”. Pero tengo serias dudas si un Decreto ley conseguirá que acabemos viendo a los demás no como posibles “contagiadores”, sino como a personas “achuchables”. Si lograremos ver las calles, los paseos y los parques como lugares donde pasear y disfrutar, y no como superficies susceptibles de coger el bicho. Sé que será un proceso lento, y que necesitará prudencia y cabeza, pero os propongo que, además de esperar a la publicación del BOE, vayamos haciendo una DESESCALADA INTERIOR, en la que empecemos progresivamente a confiar en los otros y en el mundo exterior.

La Iglesia nos propone hoy el pasaje de los discípulos de Emaús. Siempre me sorprendió lo torpes y lentos que fueron Cleofás y su amigo para reconocer que era el Maestro el que los acompañaba en el camino. No fue una “aparición” fulminante, sino que necesitaron un tiempo, un proceso interior. El golpe había sido muy duro: el fracaso de su Señor en la Cruz, y tuvieron que hacer, también ellos, una “desescalada interior” para descubrir la presencia del Resucitado en sus vidas.

Hoy te pido, Señor, que el agua y jabón no se lleven mis ganas de “tocar” la vida, que lo esencial se mantenga y los rostros de las personas a las que amé, amo y amaré sigan siendo un reflejo de ti. Esperaré pacientemente, pero no quiero vivir para siempre en esa burbuja de aparente seguridad del eterno confinamiento en casa. Porque cuando volvamos a la vida, allí seguirá estando Él, que nos brinda otra oportunidad para empezar de cero.

Ramón Bogas Crespo

Párroco de San Luis y director de la oficina de comunicación del obispado de Almería

 

 

 

 

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