Decretos

Decreto 32/2023 (14 de septiembre) por el que se aprueba y promulga el Estatuto pastoral de los Arciprestazgos de nuestra diócesis de Almería

Una vez realizada la reordenación pastoral del territorio diocesano mediante la nueva organización de los arciprestazgos y las parroquias que los componen para facilitar la misión pastoral y la mejor coordinación de las acciones comunes (cf. c. 374 §2), sabiendo que de los arciprestazgos brotarán frutos más abundantes de comunión eclesial, de renovación en la misión compartida y de corresponsabilidad efectiva desde las distintas comunidades con laicos, sacerdotes y miembros de vida consagrada, para responder mejor a las continuas llamadas del Señor a compartir las acciones misioneras que ayuden a anunciar el Evangelio en nuestra sociedad.

Por el presente, APROBAMOS Y PROMULGAMOS EL ESTATUTO PASTORAL DE LOS ARCIPRESTAZGOS de nuestra diócesis de Almería, ad experimentum por un periodo de tres años, con la finalidad de ayudar a que sean cada vez más lugares privilegiados para vivir la fraternidad sacerdotal, eficaces instrumentos de comunión eclesial y medios muy aptos de coordinación pastoral y misionera en el camino sinodal.

Publíquese este Decreto junto con el texto de los Estatutos, en el Boletín Oficial de la diócesis.

Dado en Almería, a catorce de septiembre de dos mil veintitrés.

Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

+ Antonio Gómez Cantero
Obispo de Almería

Por su mandato,
José Juan Alarcón Ruiz
Canciller Secretario General

ESTATUTO PASTORAL DE LOS ARCIPRESTAZGOS DE LA DIÓCESIS DE ALMERÍA


INTRODUCCIÓN

El arciprestazgo, como instrumento de comunión eclesial y de unidad pastoral tiene una larga tradición en la vida y misión de la Iglesia, en la que está presente desde hace más de quince siglos, aunque con variaciones en su denominación y en su estructura.

            El origen histórico del arciprestazgo hay que situarlo en la difusión masiva del cristianismo en el siglo IV, cuando deja de ser un fenómeno urbano y minoritario para alcanzar a las poblaciones situadas fuera de las ciudades y, por ello, lejanas de la sede episcopal. Esta nueva situación obligaría a algunos sacerdotes a desplazarse cerca de las nuevas comunidades cristianas, creándose así presbiterios rurales presididos por uno de esos sacerdotes, llamado arcipreste, antes incluso del nacimiento de la parroquia como referencia territorial universal. En el Concilio de Trento aparece por primera vez un derecho propio del arcipreste, sobre todo en lo referente a la vigilancia del cumplimiento de normas para el clero (deber de residencia, predicación, catequesis, formación, etc.), así como sobre las visitas a las parroquias, dando cuenta al Obispo.

            El Concilio Vaticano II en el decreto Christus Dominus, al señalar a los párrocos como los colaboradores principales del Obispo diocesano en su función pastoral, indica, a su vez, que «de tal manera han de ejercer su función de enseñar, santificar y gobernar, que los fieles y las comunidades parroquiales se sientan verdaderamente miembros, tanto de la diócesis como de toda la Iglesia universal. Por eso han de colaborar con las otras parroquias y con los sacerdotes que ejercen su función pastoral en el territorio (como son, por ejemplo, los arciprestes o decanos) dedicados a obras de carácter supraparroquial, para que la pastoral en la diócesis no carezca de unidad y sea más eficaz» (CD 30).

            Después del Vaticano II, san Pablo VI en el motu proprio Ecclesiae Sanctae profundizará más en la naturaleza del arcipreste cuando establece que «entre los más próximos colaboradores del obispo diocesano se encuentran aquellos sacerdotes que ejercen un oficio pastoral de índole supraparroquial, entre los que deben recordarse los vicarios foráneos, que también se conocen con el nombre de arciprestes o decanos, y entre los orientales como protopresbíteros» (ES 19,1). El anterior Directorio para el ministerio pastoral de los obispos Ecclesiae Imago de 1973 insistía en la importancia de este órgano eclesial, subrayando que los obispos «tengan en gran estima los arciprestazgos ya que pueden ayudar mucho a la pastoral orgánica y son instrumentos indispensables para la aplicación en la diócesis de los principios de subsidiaridad y de una justa distribución de los ministerios» (EI 10).

            El actual Código de Derecho Canónico de 1983 recogió esta doctrina y normativa en los cánones 553-555 junto al canon 374 §2, superando en mucho la dimensión meramente administrativa y de vigilancia que el Código anterior atribuía a los arciprestes, al configurar el arciprestazgo como un ámbito privilegiado en que los sacerdotes que lo integran puedan hacer realidad la vivencia más intensa de la fraternidad y, al mismo tiempo, los fieles puedan encontrar una plataforma que avive, facilite y coordine su misión evangelizadora. El actual Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos Apostolorum Successores de 2004 ve conveniente dotar a los arciprestazgos de un estatuto común que ordene su composición, reuniones y servicios pastorales comunes, y considera al arcipreste como el «diligente hermano mayor de los sacerdotes, sobre todo si se encuentran enfermos o en situaciones difíciles. A él corresponde coordinar las actividades pastorales que las parroquias realizan en común, vigilar que los sacerdotes vivan de acuerdo a su propio estado y que se respete la disciplina parroquial, sobre todo litúrgica» (AS 218).

            En nuestra diócesis, la presencia de los arciprestazgos ha sido constante. Su número e importancia fue creciendo al ritmo de las necesidades pastorales y de la complejidad de la vida diocesana. Con la reorganización eclesiástica del siglo XVI en la restaurada diócesis de Almería, surgieron delimitaciones pastorales que se llamaron Vicarías. En el Sínodo diocesano celebrado en 1635 se trata de los vicarios foráneos y sus Vicarías, que constituyen el antecedente de los futuros arciprestazgos, aunque no se les mencione con ese nombre. El único arcipreste era el Cura del Sagrario-Catedral, que solo más tarde será también canónigo. La diócesis estaba subdividida en cinco Vicarías y un partido: Vicaría Mayor, Vicaría de Purchena, Vicaría de Serón, Vicaría de Los Vélez, Vicaría de Vera y el Partido de Tahal.

            Esta estructura eclesiástica perdura hasta el siglo XIX. Hubo tres infructuosos intentos de aplicar el Concordato de 1851, que ordenaba adaptar los límites diocesanos y el número de parroquias. Por fin en 1900 se abandona la división en Vicarías y se establecen siete arciprestazgos: Almería, Albox, Gérgal, Purchena, Sorbas, Vélez-Rubio y Vera. Esta división territorial será modificada en el Sínodo diocesano de 1929, para facilitar el ejercicio del ministerio del arcipreste en nuestra dificultosa geografía, aumentando en seis el número de arciprestazgos: Arciprestazgo Mayor, Albox, Cantoria, Felix, Gérgal, Níjar, Pechina, Purchena, Serón, Sorbas, Tahal, Vélez-Rubio y Vera.

            La superficie de la provincia seguía repartida hasta los años cincuenta del siglo XX entre las diócesis de Granada, Guadix y Cartagena. La organización territorial de nuevo se vio afectada con la extensión de los límites diocesanos realizada en 1953 y en 1957, subiendo a dieciocho arciprestazgos. El 1 de noviembre de 1953 son incorporados a Almería los arciprestazgos de Canjáyar y Río de Almería, provenientes ambos de la archidiócesis de Granada, con sus dieciocho parroquias. El 1 de noviembre de 1957 la Santa Sede agrega a la diócesis de Almería los arciprestazgos de Berja con quince parroquias y de Laujar con siete parroquias, que aún pertenecían a la archidiócesis de Granada; junto con el arciprestazgo de Fiñana con sus seis parroquias, reintegrado a Almería desde la diócesis de Guadix; y el arciprestazgo de Huércal-Overa con sus ocho parroquias, segregado de la diócesis de Cartagena.

            En el postconcilio se impone hablar de zonas pastorales, estableciendo nueve, y dejando en segundo plano los arciprestazgos, que permanecieron sin cambios hasta que al final de los años ochenta del pasado siglo se produce una revalorización pastoral del arciprestazgo, y en 1987 se decide la ordenación de los arciprestazgos en once: se desmembró el Arciprestazgo Mayor en Almería nº 1, Almería nº 2 y Almería nº 3; con los de Adra, Berja, Níjar, Río Almanzora, Río Andarax, Roquetas de Mar, Vera, y Los Vélez. La realidad diocesana indujo a una nueva modificación territorial, a comienzos del siglo XXI, mediante la creación de tres vicarías territoriales en 2002 que fueron extinguidas en 2021. Esa división se completó en 2005 con la reestructuración de arciprestazgos, con nuevas fusiones, en número de doce: Adra-Berja, Almería nº 1, Almería nº 2, Almería nº 3, Alto Andarax, Filabres-Nacimiento, Los Vélez /Huércal-Overa, Níjar, Río Almanzora, Roquetas de Mar, San Indalecio y Vera.

           El 25 de julio de 2023, el Obispo diocesano decretó la nueva configuración de los arciprestazgos de nuestra diócesis que quedaron reducidos a nueve: Virgen del Mar (Almería Oeste), Mártir Diego Ventaja (Almería Este), San Indalecio, Roquetas de Mar, El Ejido-Alpujarra, Campo de Níjar, Vera, Río Almanzora y Los Vélez/Huércal-Overa, pues con el paso de los años, la realidad social y pastoral de nuestra diócesis ha cambiado, con una mayor despoblación de las zonas interiores y el crecimiento de la zona costera así como la nueva disposición de la población en la capital junto con la disminución del número de sacerdotes, que ha exigido esta nueva ordenación de los arciprestazgos de nuestra diócesis formados por un mayor número de comunidades parroquiales y un mayor número de sacerdotes para facilitar el trabajo en equipo común y lograr la integración de los laicos y los miembros de Vida consagrada en la realidad del arciprestazgo.

            Sabemos bien que el arciprestazgo no es ni una minidiócesis, ni una confederación de parroquias que las prive de su necesaria autonomía y capacidad de iniciativa, sino un instrumento excelente para la conjunción de las fuerzas apostólicas que potencie la eficacia de las mismas por la participación más activa de quienes integran el arciprestazgo y sobre todo, por una coordinación más funcional de todas las personas y comunidades con los organismos diocesanos, encargados de promover las acciones pastorales prioritarias de la Iglesia diocesana.

            En este sentido, el arciprestazgo deberá responder a una doble exigencia, por una parte pastoral, en cuanto que debe ayudar a una superación de concepciones cerradas de Iglesia, al hacer sentir la pertenencia y la participación en la vida de la diócesis, favorecer la unidad y ayudar a la encarnación del Evangelio en las peculiaridades de tiempos, lugares y personas; y por otra parte canónica, en cuanto que el arciprestazgo se coloca como organismo intermedio entre la parroquia y la diócesis haciendo más fácil el estudio, la participación y la coordinación de aquellas actividades pastorales que podrían resultar demasiado indeterminadas en el ámbito de la diócesis y superan sin embargo las posibilidades de las parroquias, creciendo así en el deseo de ser una Iglesia cada vez más sinodal «también en sus instituciones, estructuras y procedimientos, para constituir un espacio en el que la común dignidad bautismal y la corresponsabilidad en la misión no sólo se afirmen, sino que se ejerzan y practiquen» (Instrumentum laboris para la primera sesión del Sínodo de los Obispos 2023, nº 21).

            Así, los presentes Estatutos se proponen a su vez ser un cauce de ayuda, en forma flexible y adaptada, para que los arciprestazgos en nuestra diócesis sean, en realidad, auténticas unidades de acción pastoral al servicio del Evangelio en una Iglesia sinodal.

TÍTULO I. El Arciprestazgo.

Art. 1. Concepto y constitución. §1. El arciprestazgo, en cuanto agrupación de varias parroquias cercanas por sus límites geográficos o por su finalidad pastoral específica, se concibe como una unidad pastoral establecida en la diócesis de Almería a tenor de la legislación general vigente y de estos Estatutos.

  • 2. El arciprestazgo estará constituido por las parroquias que determine su decreto de constitución y en él se integran el arcipreste, los sacerdotes con o sin encomienda pastoral que en él residan, los miembros de vida consagrada e institutos seculares si los hubiera, y los laicos colaboradores de las respectivas parroquias y/o miembros de las asociaciones y movimientos apostólicos que residen o ejerzan su apostolado dentro del ámbito de las parroquias que lo integran (cf. c. 374 §2).
  • 3. Corresponde al Obispo diocesano la constitución, modificación o supresión de los arciprestazgos, habiendo oído al Consejo presbiteral y a los arciprestes interesados.

Art. 2. Fines generales. 1º. Ser signo eficaz de comunión dentro de la diócesis tanto entre las parroquias que componen el arciprestazgo como entre éstas y los órganos de la curia diocesana, en todos aquellos asuntos pastorales y administrativos comunes al conjunto de las parroquias, respetando siempre la autonomía y competencia propia de los párrocos (cf. c. 519).

2º. Ser espacio de escucha, oración, encuentro, diálogo y acción común de los laicos, miembros de vida consagrada y sacerdotes que trabajan en las parroquias para obtener una inserción cada vez mayor y más efectiva en la acción evangelizadora de la Iglesia, como plataforma de coordinación de la acción pastoral, concorde con las orientaciones pastorales diocesanas.

3º. Ser un órgano de reflexión y de evaluación sobre la situación religiosa en el territorio del arciprestazgo, y de comunicación, a través del Vicario episcopal de evangelización y acción pastoral, con los responsables últimos de la pastoral diocesana.

4º. Ayudar y apoyar a las parroquias a vivir el estilo eclesial sinodal y su permanente renovación espiritual y pastoral.

5º. Ser un espacio privilegiado para la formación permanente de los laicos, sacerdotes y miembros de vida consagrada.

6º. Poner al servicio de las parroquias aquellos bienes y servicios que cada una de ellas pueda ofrecer a las demás, fomentando el espíritu misionero y realizando acciones comunes adecuadas.

7º. Ejecutar las normas y directrices que se reciban del Obispo, tanto generales para toda la diócesis como particulares para el arciprestazgo.

Art. 3. Fines particulares. 1º. Promover, coordinar y facilitar la pastoral de conjunto, de acuerdo con las orientaciones pastorales diocesanas, teniendo en cuenta las circunstancias peculiares de cada arciprestazgo.

2º. Fomentar y programar encuentros periódicos entre todos los sacerdotes que integran el arciprestazgo para avanzar en la vivencia más intensa de la fraternidad sacerdotal, orando juntos y poniendo en común experiencias e iniciativas que puedan ser una ayuda en la misión pastoral compartida desde el oficio encomendado a cada uno.

3º. Proponer y llevar a cabo planes de formación permanente para sacerdotes y seglares, de acuerdo con los promovidos para toda la diócesis.

4º. Crear comisiones y designar responsables en cada arciprestazgo que pongan en marcha acciones que superen la capacidad operativa de las parroquias o exijan una determinada especialización, como equipos de Cáritas, liturgia, catequesis, cursos prematrimoniales, etc. 

TÍTULO II. El Arcipreste.

Art. 4. Concepto. El arcipreste es el sacerdote que, considerado idóneo, según las circunstancias de tiempo y lugar, se pone al frente del arciprestazgo para fomentar la actividad pastoral común en el marco de la pastoral diocesana, y ayudar fraternalmente a los sacerdotes, despertando energías, ilusionando y estimulando a los fieles laicos y miembros de vida consagrada y colaborando con ellos para que la vida de cada parroquia crezca en unidad y eficacia (cf. cc. 553-554).

Art. 5. Nombramiento. El arcipreste es nombrado por el Obispo de entre una terna de nombres que se le presentará, tras votación efectuada por los sacerdotes del arciprestazgo, escuchado también el Consejo pastoral arciprestal si lo considera necesario, salvo casos particulares en los que el Obispo pueda establecer otro modo de designación (cf. cc. 553 §2 y 554 §1).

Art. 6. Criterios de idoneidad. Para el nombramiento de arcipreste se tendrán en cuenta las siguientes cualidades de idoneidad (cf. EI 187; AS 218):

1º. Ser un sacerdote que resida en el arciprestazgo y tenga cura de almas en alguna de sus parroquias.

2º. Poseer suficiente experiencia pastoral, habiendo cumplido al menos tres años como presbítero.

3º. Ser estimado por los miembros del pueblo de Dios y tener autoridad moral por su doctrina, prudencia, piedad y celo apostólico.

4º. Ser conocedor de la realidad pastoral y circunstancias del arciprestazgo.

5º. Ser capaz de promover y coordinar la pastoral orgánica del arciprestazgo, en el marco de la pastoral diocesana, fomentando la comunión, el trabajo en equipo, el diálogo y la participación.

Art. 7. Procedimiento para la elección del arcipreste. §1. A tenor de lo señalado en el Decreto 07/2021, que regula este procedimiento, serán electores y elegibles:

1º. Todos los sacerdotes diocesanos con oficio pastoral encomendado por el Obispo en tal arciprestazgo.

2º. Todos los presbíteros regulares o pertenecientes a otras jurisdicciones no incardinados, pero siempre con oficio pastoral encomendado por el Obispo en tal arciprestazgo.

  • 2. Como es costumbre en nuestra diócesis, al realizar la elección a arcipreste se señalará aquel sacerdote que ha recibido el mayor número de votos, y junto a él también los dos sacerdotes siguientes que hayan recibido el siguiente mayor número de votos, presentando así al Obispo una terna de candidatos.
  • 3. Convocará la elección el arcipreste saliente, o si éste no perteneciera ya a tal arciprestazgo, el sacerdote de mayor edad perteneciente al mismo, citando por los medios oportunos a todos y cada uno de los sacerdotes con derecho a voto en su arciprestazgo. Quedará constituida la sesión electoral cuando el arcipreste saliente, o si éste no se hallara presente o no perteneciera ya a tal arciprestazgo, el sacerdote de mayor edad asistente, compruebe que están presentes al menos la mitad más uno de los que tienen derecho a voto. Presidirá la mesa electoral el sacerdote más antiguo en ordenación sacerdotal de los asistentes a la elección en calidad de presidente y actuará de secretario el sacerdote más joven en fecha de ordenación sacerdotal de los asistentes a la elección en calidad de secretario.
  • 4. Una vez constituida la mesa electoral por los dos sacerdotes mencionados en el número anterior, se invocará al Espíritu Santo para iniciar la elección, y se procederá del siguiente modo: el secretario recogerá el voto escrito de cada uno de los asistentes con derecho a voto; antes de comenzar su recuento el presidente comprobará que el número de votos emitidos corresponde al número de votantes. Después el secretario leerá en voz alta cada uno de los votos y los entregará al presidente para su comprobación. El secretario anotará el resultado de tales elecciones. Al final del escrutinio el presidente romperá las papeletas de votación en presencia de todos los asistentes, una vez comprobado que el número de votos anotados por el secretario corresponde a los votos emitidos y escrutados. No se aceptarán votos por correo ni por delegación, y una vez iniciada la sesión no podrán incorporarse sacerdotes que no estuvieran presentes en el momento de iniciarse la votación.
  • 5. El acta de elección según el modelo enviado por la Cancillería del Obispado será firmada por el presidente y el secretario de la mesa y remitida de inmediato a esta Cancillería por correo postal o electrónico, para que el Obispo proceda a su nombramiento.
  • 6. En el decreto de convocatoria de las elecciones se podrán desarrollar ulteriormente o modificar parcialmente algunos aspectos de este procedimiento.

Art. 8. Duración del nombramiento. El nombramiento de arcipreste tendrá una duración de tres años pudiendo ser renovado por otro trienio consecutivo (cf. c. 554 §2).

Art. 9. Cese y sustitución. 1º. El arcipreste cesará en su cargo por fallecimiento, incapacidad, transcurso del tiempo para el que fue nombrado, traslado a un oficio eclesiástico de otro territorio arciprestal, remoción o renuncia aceptada por el Obispo (cf. c. 554 §3).

2º. En todos estos casos, el Obispo tendrá libertad para nombrar nuevo arcipreste, bien sea uno de los otros dos sacerdotes que componían la terna presentada de la que se habla en el artículo 7 §2, bien a otro sacerdote. La duración de su nombramiento de arcipreste para estos casos será igual al tiempo que reste para el cese de los demás arciprestes en la diócesis.

Art. 10. Deberes y derechos generales (cf. c. 555). 1º. Procurar que la estructura del arciprestazgo sea lo más eficaz posible para conseguir los fines que se pretenden con ella: fomentar la fraternidad entre los sacerdotes de su territorio y coordinar, animar y promover la actividad pastoral común.

2º. Promover las relaciones oportunas entre los organismos y servicios pastorales diocesanos con las parroquias y las instituciones del arciprestazgo.

3º. De manera especial, y en relación con los sacerdotes de su arciprestazgo, tiene el arcipreste la obligación, junto con delegado episcopal para el Clero, de cuidar que no les falten los medios espirituales y materiales, especialmente a aquellos que están enfermos, se hallan en circunstancias difíciles o se ven agobiados por problemas; quede garantizada la necesaria formación permanente de los sacerdotes en la dimensión humana, intelectual, espiritual y pastoral; facilitar que asistan a las conferencias, reuniones teológicas o coloquios, de acuerdo con lo señalado por el c. 279; vivan de modo conforme con su estado y cumplan diligentemente con sus obligaciones; no les falte, cuando mueran, un digno funeral y no perezcan sus cosas ni las de su iglesia. Le corresponde, además, cuidar de que se comunique lo antes posible al Obispo y al delegado episcopal para el Clero el fallecimiento de los sacerdotes de su arciprestazgo.

4º. Procurar que las acciones cultuales se celebren según las prescripciones del derecho, se cuide el decoro de las iglesias, objetos y ornamentos sagrados, sobre todo en la celebración eucarística y en la custodia del Santísimo Sacramento, se cumplimenten y guarden convenientemente los libros parroquiales, se administren con diligencia los bienes eclesiásticos y se conserve, con la debida diligencia, la casa parroquial.

5º. Velar también para que en las parroquias de su arciprestazgo se predique convenientemente la Palabra de Dios, se realicen adecuadamente los procesos de educación en la fe, y se viva debidamente el testimonio de la caridad.

6º. En relación a los archivos parroquiales, debe cuidar de que se asienten debidamente y en el tiempo adecuado las partidas sacramentales en los libros correspondientes; se envíen regularmente a la Curia diocesana las copias de dichas partidas; se realicen las notificaciones de los sacramentos, establecidas por el derecho, a las parroquias del lugar del bautismo; y se anoten regularmente en el propio libro de bautismos las comunicaciones recibidas al efecto.

7º. En cuanto a la administración de los bienes eclesiásticos, ayudará a que se cumpla la normativa general y diocesana al respecto, cuidará de que se envíen los balances y presupuestos en el tiempo establecido y de que se soliciten las autorizaciones correspondientes para los actos de administración extraordinaria.

8º. Visitar periódicamente las parroquias de su arciprestazgo e informar al Vicario Episcopal del estado de las mismas.

9º. Ser oído, a tenor de los cánones 524 y 547, cuando se trate del nombramiento de párrocos o vicarios parroquiales dentro de su arciprestazgo.

10º. Participar en el Sínodo diocesano (cf. c. 463 §1, 7º), y en el Consejo presbiteral de la diócesis a tenor de sus estatutos (cf. Decr. 01/2022, art. 7 §1).

Art. 11. Deberes y derechos particulares. 1º. Convocar y presidir las reuniones del equipo presbiteral, y urgir a los sacerdotes del arciprestazgo a que asistan y participen en las reuniones.

2º. Convocar y presidir las reuniones del consejo de coordinación y animación pastoral del arciprestazgo.

3º. Presidir en ausencia del Obispo o del Vicario general o episcopal, las celebraciones que, con carácter diocesano o arciprestal, se celebren en su territorio y ejercer las funciones que los mismos puedan encargarle.

4º. Participar en las reuniones del Colegio de arciprestes de la diócesis, a tenor de su propio reglamento (cf. Decr. 28/2023).

5º. Formar parte, en la debida representación, del Consejo pastoral diocesano, a tenor de sus estatutos (cf. Decr. 22/2022, art. 5 §2).

6º. Cuidar de que en cada parroquia existan y funcionen debidamente los organismos colegiales prescritos por el derecho vigente, tales como el consejo pastoral parroquial y el consejo parroquial de asuntos económicos (cf. cc. 536-537).

7º. Asumir provisionalmente el régimen de una parroquia, con los deberes y derechos del administrador parroquial, cuando la parroquia esté privada de párroco por muerte o ausencia prolongada, si no existe vicario parroquial que le sustituya conforme a derecho y si el Ordinario no ha dispuesto otra cosa, y organizar con los sacerdotes del arciprestazgo la asistencia pastoral de la misma hasta el nombramiento del nuevo párroco (cf. c. 541).

8º. Despachar periódicamente con el Obispo y estar en contacto frecuente con el Vicario Episcopal, para informarle directamente del estado de su arciprestazgo y presentarle, en nombre propio y del arciprestazgo, cuantas sugerencias estime necesarias o convenientes.

TÍTULO III. El Equipo presbiteral del arciprestazgo.

Art. 12. Concepto y composición. El equipo presbiteral del arciprestazgo, en cuanto concreción del presbiterio y corresponsable de la pastoral diocesana, está formado por todos los sacerdotes que desempeñen un oficio pastoral en el territorio del arciprestazgo por nombramiento del Obispo. También formarán parte del equipo presbiteral los sacerdotes jubilados que residan en el arciprestazgo, otros sacerdotes que tengan domicilio en el arciprestazgo aunque no desempeñen en él un cargo pastoral encomendado por el Obispo o Vicario Episcopal y los diáconos, permanentes o no, adscritos a cualquiera de las parroquias del arciprestazgo.

Art. 13. Fines. 1º. Ser cauce de encuentro y de fraternidad de los sacerdotes del arciprestazgo, para orar juntos, favorecer el mutuo conocimiento, realizar la formación permanente, ofrecer y prestar las ayudas mutuas necesarias, estudiar conjuntamente los planes apostólicos arciprestales, sugerir y proponer cuantas iniciativas se crean convenientes para la evangelización.

2º. Favorecer la participación activa de sus miembros en las tareas comunes del arciprestazgo.

3º. Cuidar la atención a los sacerdotes enfermos o ancianos, y a los que se encuentren en dificultades.

4º. Coordinar las sustituciones de los sacerdotes del arciprestazgo en sus ausencias o vacaciones.

5º. Asumir las funciones que se asignan en este Estatuto al consejo de coordinación y animación pastoral del arciprestazgo, si éste no existe o mientras se constituye.

Art. 14. Reuniones. §1. El equipo presbiteral se reunirá ordinariamente una vez al mes y siempre que lo crea necesario o conveniente el arcipreste, o así lo solicite más de la mitad de sus miembros. Al inicio del curso pastoral confeccionará de mutuo acuerdo, el calendario de reuniones, procurando facilitar la máxima asistencia de miembros, calendario que será comunicado al delegado episcopal para el Clero.

  • 2. Cada una de las reuniones será convocada por el arcipreste con una semana de antelación, fijando el orden del día.

  • 3. Debido a la importancia de estas reuniones para la pastoral de conjunto, los miembros del equipo presbiteral deben asistir a las mismas, por lo que la ausencia a las mismas será por causa justificada y deberá ser comunicada al arcipreste que posteriormente informará al ausente de lo tratado.

  • 4. El contenido de las reuniones será fijado por el equipo sacerdotal teniendo en cuenta los planes pastorales diocesanos y la realidad pastoral del arciprestazgo. En ellas, tras la oración inicial, habrá un tiempo para la formación permanente con los contenidos señalados anualmente por la delegación episcopal del Clero, y otro tiempo para la promoción y el seguimiento de la actividad pastoral conjunta.

  • 5. Además de estas reuniones, el equipo presbiteral realizará un retiro con una periodicidad, al menos, trimestral.

Art. 15. Organización. §1. En el equipo presbiteral del arciprestazgo los sacerdotes con oficio pastoral se distribuirán el encargo de coordinar las siguientes áreas de pastoral, siendo después los responsables de las mismas comisiones existentes en el Consejo pastoral del arciprestazgo, y que al menos deben ser: catequesis, liturgia, cáritas, pastoral familiar, pastoral vocacional y pastoral juvenil, pastoral de la salud, sostenimiento de la Iglesia.

  • 2. Si el número de sacerdotes del equipo presbiteral no fuera suficiente para encargarse de la coordinación de cada una de las áreas de pastoral señaladas, un sacerdote podrá coordinar a un mismo tiempo dos de las mencionadas áreas de pastoral.

TÍTULO IV. Consejo pastoral del arciprestazgo.

Art. 16. Concepto. Este consejo de coordinación y animación pastoral del arciprestazgo se concibe como un órgano permanente, colegiado, de carácter consultivo, en el que están representadas las parroquias en sus diversos sectores de actividad pastoral, comunidades de vida consagrada, asociaciones y movimientos apostólicos laicales del arciprestazgo, en orden a promover, potenciar, dinamizar y coordinar las tareas pastorales comunes y la vida eclesial del mismo, en el marco de nuestra Iglesia diocesana.

 

Art. 17. Constitución. Será aprobada por el Obispo en cada uno de los arciprestazgos, tras la notificación de su constitución por el arcipreste, estando representados en él las parroquias que lo componen y todos aquellos sectores del Pueblo de Dios que integran el arciprestazgo: sacerdotes, miembros de vida consagrada y mayoritariamente laicos que colaboran en la pastoral parroquial y/o miembros de asociaciones y movimientos de apostolado seglar.

Art. 18. Fines. 1º. Estudiar, analizar y evaluar los estudios y propuestas que se le presenten sobre la realidad pastoral del arciprestazgo.

2º. Planificar y desarrollar aquellas actividades pastorales que, a juicio del arcipreste, sobrepasan las posibilidades de cada parroquia o exigen una mayor comunicación y colaboración entre ellas.

3º. Presentar cuantas sugerencias y propuestas cada uno de sus miembros crean necesarias o convenientes para una mejor eficacia evangelizadora.

4º. Trabajar en equipo en las distintas áreas de pastoral mencionadas en el art. 15 de estos Estatutos, siempre en conexión con los organismos diocesanos responsables para mejor coordinación y aplicación de los planes pastorales diocesanos.

Art. 19. Miembros. Este consejo, presidido por el arcipreste, estará integrado por:

1º. Los párrocos del arciprestazgo, quienes podrán hacerse representar por sus vicarios parroquiales si los hubiera.

2º. Dos representantes de la vida consagrada, que ejerzan su actividad apostólica en el territorio del arciprestazgo, elegidos por ellos mismos de entre los miembros de sus comunidades.

3º. Dos representantes de las asociaciones laicales o movimientos apostólicos legítimamente establecidos en el arciprestazgo, elegidos por ellos mismos de entre sus miembros.

4º. Dos representantes de los profesores de religión residentes en el arciprestazgo elegidos por ellos mismos de entre sus miembros.

5º. Diez laicos miembros de los consejos pastorales parroquiales, elegidos por ellos mismos de entre sus miembros, que representen a todas las parroquias que componen el arciprestazgo, elegidos por ellos mismos de entre los representantes de cada una de ellas.

6º. Un máximo de cuatro miembros designados libremente por el arcipreste, a propuesta de los párrocos, teniendo en cuenta la entidad e importancia de los sectores representados.

Art. 20. Otras disposiciones para su funcionamiento. Sin perjuicio de que más adelante se pueda aprobar un Estatuto propio para el Consejo pastoral arciprestal, se realizan ahora las siguientes indicaciones para su funcionamiento:

1º. El consejo puede actuar en pleno o en comisión permanente, que estará constituida por el arcipreste, que la presidirá, y por otro sacerdote, un miembro de vida consagrada y cuatro laicos, elegidos de entre los que componen el pleno.

2º. La comisión permanente tiene como función propia preparar las reuniones del pleno y velar por el cumplimiento de las resoluciones que se tomen en el mismo.

3º. El pleno se reunirá, al menos, dos veces al año y la permanente cuantas veces el arcipreste crea conveniente convocarla.

4º. En la primera reunión del consejo, una vez aprobada su constitución por el Obispo, se procederá a elegir, de entre sus miembros, un secretario que levante acta de los acuerdos que se tomen y cuide de la conservación de las mismas. Será, a la vez, secretario del pleno y de la comisión permanente.

5º. También los miembros de este consejo se repartirán de forma equitativa entre las distintas comisiones de trabajo de las áreas de pastoral señaladas en el art. 15 de estos Estatutos para su trabajo en ellas.

6º. Los acuerdos del consejo se tomarán por mayoría simple de votos.

7º. Compete al arcipreste invitar a algunas reuniones del consejo a determinadas personas que no forman parte de él pero que considere oportuno escucharlas según la índole de los asuntos a tratar.

8º. El consejo se renovará por elección cada tres años.

TÍTULO V. De la interpretación y modificación de este Estatuto pastoral.

Art. 21. 1º. En caso de duda sobre la interpretación de cualquiera de los artículos de estos estatutos, será el Obispo quien, sobre la base del derecho estatutario, resolverá la duda.

2º. El Obispo puede modificar estos estatutos cuando lo considere oportuno conforme a la norma del derecho o a propuesta de dos tercios del Consejo Presbiteral.

Dado en Almería, a catorce de septiembre de dos mil veintitrés.

Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

+ Antonio Gómez Cantero
Obispo de Almería

Por su mandato,
José Juan Alarcón Ruiz
Canciller Secretario General

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