Ramón Bogas Crespo

  • ADOPTA NOVIEMBRE

    ¡Pobre noviembre! Nadie habla bien de él. “Qué mes más feo, el mes de los difuntos” es el mejor piropo oído a este penúltimo mes del año. En las tertulias de amigos la frase más escuchada en estos días de noviembre es “ya están los mantecados en el Mercadona”, además de empezar a contar lo que vamos a hacer en el puente de la Inmaculada, o donde pasaremos la nochevieja. Mientras tanto, en noviembre parece que no sucede nada. Solo un tiempo de espera a un diciembre, que promete traernos la felicidad plena. Ante este desolador panorama, dan ganas de poner uno de esos lastimosos anuncios de las protectoras de animales: “Adopta noviembre, es bueno y cariñoso. Ha sido maltratado durante toda la vida, pero con cuidados, llegará a ser un mes muy interesante”. El pasado sábado caminaba por el…

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  • ¿CAMBIAMOS O NOS QUEDAMOS?

    Un terrible dilema se ha planteado en mi pandilla de los viernes. ¡No se cómo saldremos de ésta! Y me explico. Solemos ir después de la radio a tomarnos un vinito, y siempre vamos a la misma taberna. Unos piensan que es mejor cambiar, probar otros sitios, ver nuevas caras, conocer otras tapas… En el otro bando (en el que me incluyo), apostamos por la rutina, por el gusto de hacer el camino de siempre, saludar al camarero amigo, empezar por el mismo aperitivo… He de reconocer que no hubiéramos conocido nuestro sitio habitual, si no hubiéramos arriesgado un día. Pero he de confesar que siempre he encontrado un pequeño placer en las pequeñas rutinas cotidianas. Y es que, en los últimos años, la palabra RUTINA parece haber pasado al catálogo de las palabras “tóxicas”. En los libros de autoayuda,…

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  • VIEJA Y FEA

    El otro día cenaba con unos amigos en Córdoba. Sacamos el tema del sueño y descubrimos que todos habíamos tomado, en alguna ocasión, algún psicofármaco. Me llamaba la atención porque una de las contertulias afirmaba haberlo hecho porque estaba “depre” al verse vieja y fea. Decía estar viviendo esa crisis del “otoño” de la vida: te jubilas, vas despidiéndote de los tuyos, te quedas sin “relato” vital y te desmoronas. Y es realmente algo incomprensible, porque los que estábamos en la mesa la veíamos guapa y llena de futuro. Aunque resulte una paradoja, sus amigos la queremos más que ella se quiere a sí misma. Y aquí viene el tema de mi reflexión de hoy: lo mal que, a veces, nos queremos a nosotros mismos. Desde niños andamos cargando con nuestros complejos, las comparaciones entre hermanos, y los fracasos y…

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  • SI NO QUIERES QUE SE ENTEREN, NO LO HAGAS

    De nuestras madres vamos a recibir algo mucho más valioso que la herencia: la sabiduría popular. Esas verdades del barquero, a veces, molestas, que, a medida que vas creciendo, te vas dando cuenta del saber que encierran. Una de esas que decía mi madre (y la tuya, supongo) es: “Si no quieres que se enteren, no lo hagas “. Porque sobrevaloramos nuestra pericia para ocultar las cosas (o minusvaloramos el ojo avizor de los demás). Una lección que te va dando la vida es, que en un momento o en otro, la verdad sobre las cosas sale a la luz. Es cierto que podemos esconder nuestra cara más fea: nuestros complejos, miedos o heridas. Seguramente, podremos ocultar alguna travesura. Pero lo que no podemos aplazar es mirarnos y saber quienes somos. Supongo que, a veces, uno tiene derecho a ser…

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  • AMORES FORZADOS

    Sales un día a la calle, te encuentras a un amigo, y te espeta: -“Anda que me invitaste a tu cumpleaños”, “A ver si me llamas” o “No te acordaste de mí para ir al viaje”. Se te queda esa cara de: “Dios mío, que la tierra me trague”. Situaciones embarazosas como estas nos han ocurrido mil veces (o a lo mejor, somos nosotros los que las hemos provocado). Y es que, consciente o inconscientemente, hemos demandado una amistad, que nunca se puede forzar, porque el amor exigido no es amor verdadero. Sin duda, en los temas amorosos, no hay matemáticas. A veces, personas sin “méritos” nos roban el alma y nos hacen gracia, a pesar de no ser graciosos. Otras (y a estas me refiero hoy), gente maja, que tiene todas las papeletas para ser objeto de tu amor,…

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  • EL NIÑO DESAGRADECIDO

    Muchas veces contemplo esa escena en la que una madre tiene que recriminar a su hijo cuando recibe un regalito o una chuche: -“¿Qué se dice?”- El niño “trinca” su regalo, y con mucho esfuerzo, y casi obligado por la insistencia de la madre, da las gracias con pocas ganas. Los niños, sin filtros socializadores, hacen algo muy humano: aceptar el regalo y olvidar la mano que se lo entrega. A los mayores, de manera más disimulada, nos ocurre lo mismo: convertimos muchos de los dones recibidos en méritos propios. Los adultos nos convertimos en ese niño ingrato cuando, por una malévola trampa interior, nos creemos merecedores de todo. Y nos volvemos desagradecidos cuando creo que lo “mío es mío”: mi tierra, mi casa, y el pan de cada día. Cuando, en realidad, todo me ha sido entregado… Soy europeo,…

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  • MERIDIANAMENTE CLARO

    Me contaba un amigo jesuita que, viajando en coche por una larga carretera de Paraguay, tuvieron la impresión de estar perdidos. Cuando, finalmente, encontraron una gasolinera, pararon a preguntar: “-¿Vamos bien para nuestro destino?-”, y el paisano contestó: “-Si, pero ahora deben manejar en el sentido contrario unos 20 kilómetros, y coger la otra carretera-“. Dicen los que han vivido allí que, a los latinoamericanos no les gusta pronunciar el NO, porque suena demasiado rotundo y descortés. Aunque, mucho me temo que, en todos sitios, se necesita una guía para entender lo que significan las palabras del otro. Yo debo ser muy torpe (o varón), pero no entiendo cuando le digo a una colaboradora: “¿Qué te parece si te cambiamos a esta otra tarea?”. O a una amiga: “¿Quieres que te compre algo para tu cumpleaños?”. Si responden: “no me…

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  • ODIOSAS COMPARACIONES

    La anécdota que os cuento hoy es muy buena. Fui a visitar a un amigo sacerdote, hace unos años, a un pueblecito de Granada. Antes de cenar me dijo: -“Vente conmigo a ver si ponemos entre los dos paz en una hermandad”-. El asunto disputado era el siguiente: Un grupo majo de hombres de campo habían fundado esa hermandad hacía 5 años. Con mucho esfuerzo, compraron una imagen y organizaron la procesión con notable éxito. Ahora quería apuntarse más gente, y los fundadores, indignados, querían cobrarle las cuotas atrasadas desde la fundación. Nosotros intentábamos, con distintos argumentos, persuadirles de las bondades de la acogida de nuevos hermanos, y que sólo deberían pagar la cuota anual. A la vista de su testarudez, les leí el texto de Mateo del domingo pasado: El propietario de una viña ajusta con sus trabajadores un…

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  • TODOS SOMOS EL MALO EN EL CUENTO DE ALGUIEN

    Sucedía en este verano que ya acaba. Hacíamos una larga cola para embarcar en un aeropuerto europeo. Una pareja española estaba delante de nosotros. En ocasiones, hacían fotos o se distraían. La cola seguía y ellos se recolocaban en su sitio (delante de nosotros). Cuando tocó el turno para entregar las tarjetas, abrieron dos líneas y nos indicaron, en inglés, que pasáramos por ambas. Ellos estaban a punto de entregarlas, y mi compañero y un servidor, nos dirigimos hacia la nueva. En esto, escucho unos gritos: “¡Al final, os habéis colado!¡ya os vimos la intención y lo habéis conseguido!”. Yo me quedé realmente estupefacto. Prometo solemnemente que hacer trampas era lo más lejos de nuestra intención (además hubiéramos ganado 1 minuto). El resultado: nos habíamos convertido en los malos de su viaje. Dice la sociología que existe un mecanismo social…

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  • DE CHOTOS Y CORTIJOS

    No olvidaré ese día. Salíamos de un funeral en mi primer destino y un hombre se me acerca en privado y me dice: “Don Ramón, tenga cuidado con los chotos y los cortijos, que se está poniendo muy gordo”. Aquello me cayó como una bomba, pero dio resultado. A partir de ese momento, me puse a hacer un poco de dieta, deporte y a seleccionar las ocasiones a las que acudía a una comida. Ahora explico el contexto: al cura joven llegado a una zona rural con ganas de agradar y estar con la gente le suelen invitar varias pandillas (casi a diario) a comer en cortijos y casas. Cuando menos te lo esperas, has cogido 10 kilos (tengo foto que prueba el “delito”). Aquel hombre, creo que sin saberlo, me “salvó” de una deriva poco saludable, y fue gracias…

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