Jesús García AízLa Mirada de la Fe

PRESAGIO DE ESPERANZA

En los tiempos que corren en este nuestro mundo contemporáneo, venimos experimentando una aceleración de las transformaciones sociales donde los seres humanos necesitamos un cambio de actitud básica profunda que nos permita vivir esta aceleración histórica, personal y comunitaria, de una manera positiva, asertiva y relajada. De lo contrario corremos el peligro de sentirnos desbordados por la complejidad y las contradicciones de las circunstancias presentes y acabar decepcionados y sin esperanza de futuro.

El primer elemento de este cambio de actitud es el realismo en la observación de los acontecimientos de la vida diaria, la asunción de los nuevos desafíos que nos plantean estos hechos y el reconocimiento y eliminación de todo aquello que ya está superado y finiquitado. Esto no es nada fácil porque los seres humanos tenemos tendencia a conservar nuestras rutinas. Hay muchas rutinas que mantienen plena validez, pero hay otras que ya no tienen sentido o consistencia. Aprender a discernir las unas de las otras no es sencillo. Sin embargo, como los hechos reales son tozudos y persistentes, tenemos que asumir la realidad por las buenas o a pesar nuestro.

Dado que el proceso de aprendizaje del realismo es largo y complejo, al tiempo que vamos asumiendo los desafíos necesitamos potenciar una fortaleza interior que nos ayude a superar la fatiga continuada y, a la larga, el peligro de decepción vital. Esta fortaleza interior brota del trabajo personal consciente y consecuente, pero este compromiso personal ineludible ha de contar con el apoyo y el discernimiento de la solidaridad comunitaria. El camino más eficiente de la práctica de esta solidaridad es el trabajo en equipo.

Por esta razón, mientras aprendemos a ser realistas para dejar de lado todo aquello que ya está finiquitado, necesitamos cultivar una gran libertad interior y desarrollar la intuición para descubrir los elementos de futuro que con frecuencia están mezclados y escondidos dentro de los desafíos que nos interpelan. El realismo, la fortaleza interior, la intuición y la libertad no solo nos ayudan a seguir avanzando en la larga marcha del cambio histórico actual, sino que incluso nos permiten presagiar la esperanza. Y, siguiendo el hilo a la reflexión que propuse en la “mirada” anterior, empezamos a intuir la esperanza cuando tomamos conciencia de que las dificultades pueden convertirse en oportunidades para crecer.

Cualquiera diría que, si el grano de trigo sembrado en la tierra fuera consciente, experimentaría un gran dolor al ver que se está transformado y deshaciendo. Sin embargo, para el cristiano, desde una atenta mirada con fe, este mismo grano de trigo sería muy gozoso si presintiera que de esta transformación, aparentemente destructiva, va a nacer una espiga… Algo nuevo y bello que es presagio de esperanza.

Jesús García Aiz

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