Autor: Jesús García AizLa Mirada de la Fe

PREGUNTAS QUE BUSCAN SENTIDO

A lo largo de nuestra vida surgen diversas preguntas que apuntan hacia la cuestión acerca del sentido de la vida. Son preguntas que tarde o temprano exigen una respuesta. Las hay más superficiales o más profundas, aunque el panorama de respuestas es amplio: están las religiones, las distintas ideologías, corrientes filosóficas humanistas, materialistas, etc.

Bien es verdad que en el fondo de la pregunta se encuentra la búsqueda de sentido que es parte estructural del mismo existir humano. Precisamente por eso, el niño es implacable con sus «¿por qué?». En él late, en estado puro, aún no neutralizado –como ocurre, por el contrario, con el adulto desencantado o desilusionado–, el deseo de saber, el ansia de comprender, la curiosidad del descubrimiento. Todas estas preguntas participan de una exigencia radical, y, de una manera u otra, expresan la interrogación de fondo sobre el sentido último de la existencia, las opciones decisivas, los valores que buscar. Así, el sentido de la vida, lo podemos tomar como dirección o como significado, pero, de cualquier manera, no está escrito en ningún tipo de oráculo o libro de recetas.

La vida misma es proyecto, es respuesta que se va desentrañando, es opción por uno u otro camino, es acertar o errar en dichas opciones, es herir y sanar, es salir airoso o fracasado ante las complicaciones que la vida misma trae aparejada. Pero no sólo estamos preocupados por el sentido de la vida a nivel teórico, sino que ya estamos ocupados en eso, en la dirección que con nuestras opciones (más o menos libres y más o menos conscientes) le estamos dando, es una praxis que se desarrolla impulsada por la fuerza o por el poder de la realidad. Así lo expresaba V. E. Frankl en su indispensable obra El hombre en busca de sentido.

Por ello, la pregunta es el alma del diálogo, y por tanto, de la convivencia humana y social. El ser humano, llamado a entrar en relación con la realidad desde el horizonte del encuentro, descubre en ella un plus de significatividad, pero también algo inabarcable y un tanto misterioso, que puede quedar recogido con el término «Absoluto», es decir, con dicho término nos referimos a Dios. Porque, en definitiva, es en Dios donde podemos encontrar nuestra clave existencial completa. Precisamente por esto, la pregunta es el alma de la religión. C. S. Lewis, llegó a afirmar que «a menudo, decimos que Dios no responde a nuestras preguntas; en realidad, somos nosotros quienes no escuchamos sus respuestas».

El crecimiento del saber se fundamenta en una continua interrogación a la que sucede una respuesta que contiene, a su vez, la posibilidad de otra pregunta. Decía Sócrates que «una vida sin búsqueda no merece vivirse». Se trata de la curiosidad penúltima, la que nunca se sacia y permanece en constante demanda, son las preguntas que buscan sentido.

Jesús García Aiz

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