Jesús García AízLa Mirada de la Fe

NECESIDAD DE ESPIRITUALIDAD Y RELIGIÓN (II)

Al hilo de nuestra reflexión, iniciada la semana pasada, también hemos de poner sobre la mesa otra actitud que consiste en relativizarlo todo y limitarse a vivir el presente sin referencia al pasado ni al futuro. Tampoco es posible mantener esta actitud por un largo periodo de tiempo porque no da respuesta a la necesidad de integración interior anímica, ni a la necesidad de una relación social satisfactoria.

Sin embargo, todavía se da otra postura que opta por una confianza ciega en el progreso técnico y económico, que tiende a refugiarse en el consumo hedonista y confía que con el paso del tiempo todo irá funcionando mejor. Es cierto que esta postura no siempre se limita a velar por un progreso material, sino que también tiene en cuenta el crecimiento mental, emocional y social.

No obstante, la confianza ciega en el progreso de la humanidad choca frontalmente con muchas situaciones reales de la vida humana como, por ejemplo, el problema del hambre en el mundo, de la violencia, de la falta de respeto a la naturaleza, de las carencias para construir una democracia real, etc. Esta opción, a primera vista tecnocientífica y humanista, es en el fondo un acto de fe que, por su consistencia débil, a menudo deriva hacia el escepticismo.

Afortunadamente la mayoría de la gente vive la vida diaria con una cierta armonía y tranquilidad porque son personas responsables en su trabajo, en la vida familiar, en las opciones de vida que van tomando, en la relación social, en sus aficiones y en el gozo de la vivencia del presente. Son personas que ni viven de espaldas al pasado, ni miran con excesiva tensión hacia el futuro, sino que viven el presente con realismo y sentido común.

Hay más personas que viven con esta sencillez de vida de lo que puede parecer a primera vista, pues su enfoque en la vida está marcado por la simplicidad. Esta diversidad de posiciones coexistentes en la sociedad, aunque a menudo se viven de manera no consciente, explica que la crítica a la religión establecida conviva con la necesidad creciente de una espiritualidad que ayude a encontrar un sentido a la vida y que genere luz y fuerza para afrontar con serenidad los problemas y expectativas de la cotidianidad.

Y la necesidad de espiritualidad conlleva la necesidad de la religión, provocada por la búsqueda del sentido de la vida; así, mediante la religión, consciente de ese anhelo de lo infinito, el hombre busca algo grande, la trascendencia, la vida plena y feliz, pues tiene hambre y sed de Dios. Pues bien, esa aspiración y nostalgia del Eterno es la que nos lleva a concretar vivir arropados en torno a una comunidad de fe y esperanza que camina hacia Dios y junto a Dios.

Jesús García Aiz

 

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