Jesús García AízLa Mirada de la Fe

NECESIDAD DE ESPIRITUALIDAD Y RELIGIÓN (I)

En la sociedad occidental estamos viviendo un doble movimiento sociocultural, a primera vista contradictorio, pero que en realidad es complementario. Efectivamente, por una parte, está creciendo un ambiente de increencia y de crítica a la religión y, por otra parte, y al mismo tiempo, va emergiendo una necesidad de espiritualidad.

La increencia y la crítica a la religión se manifiestan en el descenso de la práctica religiosa, aunque alguna tradición religiosa no vive este fenómeno como, por ejemplo, la religión musulmana que todavía no ha recibido el impacto duro de la secularización. Este clima de increencia y de crítica a la religión está generando en mucha gente una división interior, una confusión en la búsqueda del sentido de la vida y, a veces, una pérdida de la paz.

En contraposición a este fenómeno descrito, la necesidad de espiritualidad se manifiesta en la cantidad de personas, grupos, centros, ambientes y congresos que van emergiendo en la sociedad y que ofrecen un camino y unas prácticas para recuperar el sentido de la vida, la unidad interior y la armonía. Pues bien, ante este doble fenómeno de la increencia y la necesidad de una espiritualidad, nos encontramos con diversas reacciones en la sociedad.

En primer lugar, en un sector de la sociedad se da una actitud de rechazo de la secularización y también de la religiosidad procedente de otras culturas. Es una actitud que no da respuesta a la situación y conlleva el peligro de un cierto integrismo e incluso de un conflicto intercultural e interreligioso de consecuencias imprevisibles.

Otro sector de la sociedad vive esta situación con una gran confusión. Son personas que se dan cuenta de que algunas formas religiosas del pasado no responden a las necesidades de las personas y al profundo cambio del mundo actual, pero todavía no pueden comprender, imaginar o elaborar las nuevas formas que van surgiendo en este proceso de cambio que estamos viviendo en la actualidad.

Por otro lado, otro distinto grupo social ha optado por la lógica pura y el racionalismo, eliminando la dimensión contemplativa e intuitiva de la búsqueda de la verdad. De momento, esta actitud simplifica la mirada a la realidad y, a primera vista, elimina la tensión. Sin embargo, cuando la vida nos enfrenta a situaciones límite, las carencias de esta opción se hacen patentes.

Por lo pronto, dadas estas actitudes sociales expuestas, podemos colegir que hay muchas preguntas humanas que la ciencia no puede responder y que la razón solamente puede formular con más o menos precisión, pero no puede resolver en plenitud.

Jesús García Aiz

 

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