Jesús García AízLa Mirada de la Fe

LAS NUEVAS REALIDADES PASTORALES

Hoy el espacio creyente se está reconfigurando. Las categorías que servían para plasmar históricamente la geografía cristiana, tal y como la conocemos, están siendo presionadas por la necesidad de atender a nuevas realidades. Un número cada vez mayor de cristianos vive su fe a la intemperie, en contextos heterogéneos, donde la presencia tradicional de lo religioso no llega, o llega de un modo transformado y enrarecido.

Muchas veces la relación que mantienen con una práctica creyente estructurada es ambigua y ocasional, pero no deja, en su compleja crudeza, de constituir una apelación que no se puede pasar por alto. ¿Qué ejes estructuran y dan cuerpo hoy a la identidad cristiana? ¿Cómo llega a reconocerse cristiano un sujeto? Y, ¿cómo es reconocido por parte de la comunidad eclesial y de la sociedad donde se inserta? La necesidad de hacernos estas preguntas nos muestra, por sí misma, que estamos ante una nueva etapa de la Evangelización.

En un tiempo de transformaciones aceleradas crece el número de “parroquias” que no vienen en el mapa. La parroquia nació en una época rural de gran estabilidad, y expresaba un mundo de composición sedentaria. Un solo vínculo comunitario ofrecía a cada uno su lugar, su estatuto y confería unidad clara a los ritmos de la vida a través de la administración secuencial de los sacramentos. Pero está emergiendo una cultura nueva, que nos pregunta si vale la pena insistir “exclusivamente” en los modelos y estructuras de evangelización que ya utilizamos.

La transmisión generacional, la historia, el tiempo y el territorio han dejado de ser los contrafuertes que sostienen el camino de la fe. Y es que la crisis actual no es tanto una crisis del creer, cuanto de las comunidades de creencia y de su incapacidad para dialogar con las mutaciones culturales que se están sucediendo.

Los procesos de la identidad creyente son hoy más individuales y, quizá, más exigentes; la movilidad, contraria a las mediaciones estáticas de iniciación y celebración; nuevos espacios de construcción social emergen en las vastas y aún desconocidas redes de lo electrónico y lo virtual; se instalan nuevos códigos de cooperación con la realidad, donde el sujeto no abdica de su “realización” o de “sentirse bien en su propia piel”; no solamente se propagan una técnica y una manera nueva de comportarse, sino una cultura y una civilización… Se trata de los retos que provocan las nuevas realidades pastorales.

Jesús García Aiz

 

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