La Mirada de la FeNoticiasRamón Bogas Crespo

LA LARGA ESPERA DEL BÚS, por Ramón Bogas Crespo

Todas las mañanas contemplo la misma escena. Por la ventana de mi cocina puedo asomarme a las 8 de la mañana a ver la entrada de los chavales del colegio diocesano. En esos escasos 15 minutos que dura la “dejada” del chavalerío, los coches hacen sonar su claxon como si no hubiera un mañana. Es evidente que no es un atasco (que sabrán estos almerienses de los atascos de las grandes ciudades), que se va a liberar la calle en unos minutos, pero NO TENEMOS ESPERA. En 0,2 empezamos a protestar, a acordarnos de todos los “familiares difuntos” del de delante y a ponernos a mil antes de llegar a nuestro trabajo.

No soportamos esperar a que el ordenador se reinicie en 5 minutos. Pretendes que te contesten los wasaps en cuestión de segundos. No soportas que haya más de dos personas antes que tú en la farmacia. Quieres que tu vida y la de los tuyos se resuelva YA! Pues, os digo, amigos, que algo que voy aprendiendo con la madurez es que en la espera se juega la vida y la felicidad. Hay dos formas de aguardar. Si me permitís, dos ARQUETIPOS DE ESPERA.

El primer arquetipo es el del que ESPERA EL AUTOBÚS. Es “tiempo perdido”. Miras constantemente por la calle o revisas la APP que te indica el tiempo que falta para que llegue. Te impacientas, te enfadas, insultas al responsable del transporte público y del gobierno en general. Y no sirve para nada, no va a llegar antes. Bueno, de algo si ha servido: estás más cabreado y has echado “malas vibras” al mundo exterior. Necesitas descubrir que hay que tener paciencia, dejar que el tiempo pase. La espera es una forma de “disfrutar” de ti y del paso del tiempo. Este tipo de espera refleja una espiritualidad donde todo está previsto, donde no hay lugar a la novedad.

El segundo es LA ESPERA DE LA MUJER PREÑADA. Es una espera deseada, soñada, ilusionada. No hay que tener prisa de que nazca porque antes de que llegue ya cambia tu vida, la condiciona. Es cierto que esa espera lleva consigo miedos e incertidumbres, pero lo que está por venir es tan grande que cambia la psicología, el cuerpo y todo nuestro ser. Es una espera HABITADA por quien ha de venir (se le notan las pataditas). Y así tiene que ser la esperanza cristiana. Una espera que no es pérdida de tiempo, sino anticipo de lo nuevo que está llegando. Un tiempo para abrirnos a un Dios siempre mayor, siempre diferente.

Hoy, Señor, pongo mis impaciencias en tus manos. Intentaré vivir la vida con la sabiduría del que es consciente de que las esperas están cargadas de sentido y de felicidad. Que preparar el viaje, la cena familiar o la llegada de la vejez no tiene por qué ser un tiempo malgastado, ni merece un enfado. Esperaré, echaré a volar la ilusión por lo que va a llegar… sin que esté en mi mano adelantarlo. Quizá así el corazón esté más preparado para que este tiempo no pase como un bus o un wasap más. Quizá así, esta vez sí, vivamos más profundamente este tiempo de Adviento.

Ramón Bogas Crespo

Director de la oficina de comunicación del obispado de Almería

 

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