Jesús García AízLa Mirada de la Fe

LA IDEOLOGIZACIÓN DE LA TÉCNICA DESHUMANIZA

Resulta imposible comprender el mundo actual, sus lógicas y su fisiología sin el fenómeno de la técnica. Así, de esta guisa, nacemos, crecemos y morimos en un mundo tecnológico y nuestras actividades fundamentales tienen lugar en él. Y es que la tecnología no es un instrumento; es el gran útero social. No podemos imaginar nuestra vida cotidiana, nuestra actividad laboral, nuestras relaciones sociales sin la mediación de la tecnología, pues dependemos, esencialmente, de ella para desarrollar cualquier operación, por simple e irrelevante que sea. La tecnología no es un utensilio; es un sistema, un entorno, nuestro hábitat.

No cabe duda de que, como consecuencia del vertiginoso desarrollo científico y tecnológico, el ser humano es capaz, por así decirlo, de construirse a sí mismo, de darse forma según sus propios criterios. Ello genera grandes preguntas sobre nuestro destino colectivo y, particularmente, sobre las posibilidades y los límites de las tecnologías aplicadas a la vida, las biotecnologías y sus efectos en el propio ser humano presente y futuro.

La técnica es una expresión de la capacidad creativa del ser humano como ser que es, creado a imagen y semejanza de Dios. Desde un punto de vista filosófico, la técnica es un arte a través del cual la inteligencia humana se integra en la materia para producir algo con el fin de mejorar la belleza y el bienestar de la vida humana.

En efecto, la técnica manifiesta, por un lado, creatividad, inteligencia e imaginación, pero, por otro, expresa su indigencia, puesto que, en principio, ese algo, viene a suplir alguna carencia, alguna limitación humana. La actividad técnica es, en cualquier caso, una actividad humana que modifica el mundo material, pero también al mismo ser humano.

Pero diferenciar la técnica de la ideología tecnicista es decisivo. La técnica se refiere a la herramienta, al algo construido con el ingenio y las manos, mientras que la ideología tecnicista constituye una ideología que idolatra la técnica hasta tal punto que se puede definir como una forma de fe centrada en el poder absoluto de la técnica y en su capacidad de instaurar, en el futuro, un paraíso en la Tierra.

Así, la ideología tecnicista contempla solo la visión unidimensional y autosuficiente de la técnica y la creencia según la cual ésta posee la capacidad para satisfacer la inquietud fundamental que atraviesa el ser humano y de garantizarle una perpetua felicidad en este mundo. Esta absolutización de la técnica incurre en el error de olvidar la finitud y la contingencia como rasgos definitorios de la condición humana. Desde esta perspectiva, podemos decir que la ideologización de la técnica deshumaniza.

Jesús García Aiz

 

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