Jesús García AízLa Mirada de la Fe

LA CREACIÓN COMO TAREA (I)

Casualmente, hoy 22 de abril, se celebra el «día internacional de la Tierra» y sobre ello me llega como remembranza la magnífica encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco, que me anima a compartir esta reflexión en clave teológica sobre el sentido de la creación de Dios. Pues bien, algunos estamos acostumbrados a hablar de «la creación entera» para referirnos a este mundo que se abre ante nuestros ojos. En realidad, es esa una afirmación que nace de la fe. Fuera de ella, el mundo es un conglomerado de cosas o de seres, dispuestas ahí para nuestro uso. Si las ciencias estudian el origen del mundo, sus descubrimientos no nos alejan de la fe, sino que nos llevan a admirar la grandeza del Creador.

El himno con el que se abre la Escritura expresa nuestra fe en el Dios Creador: «En el principio, Dios creó el cielo y la tierra» (Gn 1, 1). Con estas palabras solemnes comienza la Sagrada Escritura. El Símbolo de la fe las recoge confesando a Dios Padre Todopoderoso como «el Creador del cielo y de la tierra», «de todo lo visible y lo invisible».

Sabemos que ese himno no pretende dejar constancia «científica» de un hecho, sino recoger una alabanza litúrgica al Señor del mundo y de la historia, incluyendo todas las obras creadas en el marco artificial de la semana. Como estribillo, repite el poema que «vio Dios que todo era bueno».

El misterio de la creación ha ido revelándose de forma progresiva a Israel. La experiencia de su elección y liberación de Egipto lleva al pueblo a reconocer a su Dios como Señor de la historia. Un paso más lo llevaría a confesarlo como Señor del universo. Como bien resume el Catecismo de la Iglesia Católica, «el que eligió a los patriarcas, el que hizo salir a Israel de Egipto y que, al escoger a Israel, lo creó y formó, se revela como aquel a quien pertenecen todos los pueblos de la tierra y la tierra entera, como el único Dios que hizo el cielo y la tierra».

Israel ha ido haciendo el camino de su fe. Es así como ha descubierto la creación como el primer paso hacia la alianza. La creación es el primer testimonio del amor de Dios. Un amor todopoderoso que se extiende a todos los vivientes y a la casa común que los alberga. En los profetas, en la oración de los salmos y en la reflexión sapiencial, Dios es adorado como Señor y creador. En tiempos de los Macabeos, se pone en labios de una sencilla mujer la creencia de que Dios ha creado todo de la nada.

Para la fe cristiana, la afirmación más profunda sobre la creación se encuentra en el evangelio de Juan: «En el principio existía el Verbo… y el Verbo era Dios… Todo fue hecho por él y sin él nada ha sido hecho» (Jn 1, 1-3). En consecuencia, Jesucristo es considerado como el modelo de la creación, el paradigma del hombre perfecto, el icono definitivo de lo humano…

Jesús García Aiz

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