Jesús Martín GómezLa Mirada de la FeNoticias

FUEGOS ARTIFICIALES, por Jesús Martín Gómez

Nadal se retira en el contexto de la Copa Davis que se está celebrando en Málaga estos días. El locutor de la radio que daba la noticia ha dicho sentirse decepcionado. Confesaba que había imaginado la despedida del campeón de otra manera, al parecer ha sido derrotado demasiado pronto y su afición está más acostumbrada a las victorias. La decepción del comentarista deportivo me ha hecho pensar en las expectativas que muchas veces nos creamos. Esperamos que las cosas sucedan de forma exitosa, de manera espectacular y finalmente la crudeza de la realidad se acaba imponiendo. Pienso que Disney nos ha hecho mucho daño. En la vida cotidiana la realidad es siempre más sosa que la imaginación, hay menos fuegos artificiales, aunque como todos sabemos siempre quede superada la ficción.

Cuando veo la cantidad de esfuerzo que muchos cristianos invierten en apuntarse a la última aparición de la Virgen, en hacer el último retiro de moda que les dé subidón, en experimentar la vivencia de la peregrinación más recóndita, en estar en el último encuentro de renovación pastoral o en la más magna de todas las procesiones, me pregunto, ¿no estamos buscando fuegos artificiales? ¿intentando poner un poco de Disney en la fe? ¿viviendo de forma extraordinaria lo que está llamado a vivirse en la bendita rutina de cada día? Cuando contemplo la vida de Jesús me doy cuenta de una cosa, desde los ángeles de la noche de Belén hasta su bautismo en el Jordán hay treinta años de vida cotidiana que también era redención. Treinta años en los que Jesús no era menos hijo de Dios que en los tres de vida pública y predicación.

Corremos el peligro de despreciar al cristiano que durante toda su vida no ha hecho otra cosa que vivir en Dios su día a día. La Encarnación es y será siempre el correctivo a nuestro deseo de espectacularidad. Quizá cuando leemos los evangelios nos imaginamos a Jesús rodeado de una masa de seguidores al modo de Taylor Swift, con guardaespaldas o helicópteros que controlaran el radio de seguridad de la zona. Para mí que el evangelio es más de encuentros en los que cada persona que se topaba con el Maestro importaba. No hay más que ver el ejemplo de Zaqueo, la Hemorroísa, la Viuda de Naín, Jairo, Marta, María, Lázaro, Mateo… nombres propios y no masa anónima. Sin duda que sin el día a día, dónde se va descubriendo la intimidad con Dios, es realmente difícil que cada uno descubra su propia vocación, pues podemos confundir las expectativas con la realidad.

Jesús Martín Gómez

Párroco de Vera

 

 

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