Jesús García AízLa Mirada de la Fe

IDEOLOGIZACIÓN POLÍTICA DE LA FE CRISTIANA

Aunque la Iglesia Católica no considera a ningún partido político del espectro democrático el representante oficial de su pensamiento sobre los asuntos socioeconómicos y políticos, existe todavía la tendencia, en muchas capas de población española, a situar a la Iglesia en un sector afín a la derecha.

A veces es posible que los creyentes seamos responsables de esta ubicación, por nuestro discurso y nuestra acción. En este sentido, habría que tratar de manifestar más intensamente que la Iglesia considera igualmente valiosos a todos los representantes políticos democráticamente elegidos. Pero en otras muchas ocasiones, el problema no reside en la misma Iglesia, sino en la perpetuación de ciertos elementos ideológicos y políticos claramente hostiles a la presencia y acción de la Iglesia en nuestra sociedad.

Estos reproducen generalmente la situación del panorama internacional. Normalmente están de espaldas a los asuntos religiosos, excepto en los casos en los que estalla lo polémico.

Los partidos políticos y los sindicatos de las sociedades democráticas modernas consideran que los asuntos políticos, sociales y económicos deben estar completamente desligados de todo planteamiento moral, ético y religioso. Establecen que estos asuntos son una propiedad exclusiva de ellos y de sus respectivas ideologías.

Algunos de estos partidos y sindicatos se han caracterizado por una fuerte oposición a la fe cristiana durante el pasado siglo, y, aunque perciben los cambios sustanciales realizados en el pensamiento y en la práctica de la Iglesia moderna, e incluso son muchos los creyentes que en ellos militan, se resisten a abandonar sus antiguas sospechas frente a todo lo cristiano y a iniciar una relación verdaderamente cordial que reconozca las aportaciones actuales de la fe cristiana en la construcción de una sociedad mejor, más humana, más igualitaria y más fraterna.

Tampoco los partidos tradicionalmente menos beligerantes con la Iglesia parecen querer dialogar con ella en materia económico-social. En estos casos, el problema reside en sus presupuestos ideológicos liberalistas que no pueden entenderse con los principios cristianos de la solidaridad radical entre todos los seres humanos y de la justa distribución de la riqueza.

La Iglesia vela solícita por la construcción de una verdadera paz social, respetando a las diversas ideologías e intentando llegar a puntos de encuentro y de concordia. No obstante, sigue latiendo el sempiterno intento de ideologizar políticamente la fe cristiana.

Jesús García Aiz

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