La Mirada de la FeNoticiasRamón Bogas Crespo

GATO GATO, por Ramón Bogas Crespo

Soy un poco gato. Me cuestan las caricias, los masajes, los abrazos. Aunque cada día intento mejorar esa “manía”, reconozco que no es mi fuerte. Supongo que esto se remonta a la infancia. Antes los padres y madres tocaban poco (si no era con la zapatilla) y besaban menos. Eso sí, cada vez entiendo mejor los beneficios del contacto físico.

Los expertos hablan del poder curativo del tacto con tacto. Es decir, no el toqueteo, sino ese apretar una mano, acariciar un rostro, abrazar a quien se siente abatido o triste. Las grandes ciudades y la sociedad actual nos invitan a no tocarnos. Cualquier roce se convierte en algo molesto o sospechoso. Sin embargo, los neurocientíficos afirman que el tacto incrementa la producción de oxitocina, serotonina y dopamina, hormonas que tienen gran importancia en el bienestar. Podríamos concluir que “a más tocados, más felices”.

¡Hay tanta gente necesitada de un buen achuchón¡!Tantas dolencias y depresiones que se esfumarían! En mi vida pastoral, detecto mucha carencia de afecto emocional y físico. Y todos necesitamos ese abrazo. Hombres y mujeres, casados y solteros, niños y mayores anhelan (en silencio) esa caricia amable y bienintencionada que sana y anima.

El Maestro era un hombre al que le gustaba hablar con gestos. En el Evangelio de Marcos, Jesús cura a la suegra de Pedro agarrándole la mano (Mc 1,29-39). Y es que hay veces que la vida se nos va en palabras, palabras y mil palabras. Y se hace necesario cambiar ese hablar mucho por realizar gestos elocuentes. Porque, en ocasiones, una caricia da más confianza que mil versos y un abrazo es la mejor respuesta a quien llora o se siente triste.

No todo contacto es de Dios. Hay contactos malintencionados o torpes. Sólo el que nace del corazón puro, del amor gratuito, de la naturalidad y espontaneidad es una caricia sanadora. Los amigos se palmean la espalda, la madre mece al bebé, la pareja intercambia promesas y besos… y en medio de todos esos contactos se cuela Dios.

Hoy también nosotros tenemos fiebre y necesitamos que Jesús nos tome de la mano y nos levante. También tú y yo necesitamos, en estos tiempos recios, sentir la caricia de Dios en nuestra vida. Y como discípulos, el Maestro nos lanza a ser “carantoña” del Jefe para los que necesitan TACTO CON TACTO. Acabo hoy con un precioso poema de nuestro poeta Miguel Hernández.

La cantidad de mundos que con los ojos abres, que cierras con los brazos/

la cantidad de mundos que con los ojos cierras, que con los brazos abres”

Ramón Bogas Crespo, Director de la oficina de comunicación del obispado de Almería

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