La Mirada de la FeRamón Bogas Crespo

ENAMORARSE A LOS 70

Me dice un amigo que se ha enamorado a los 70. “¡Qué bonito es tener a quien querer!”: afirma con los ojos vidriosos, entre alegres y emocionados. Pensaba que ya no pasaría ese tren por su vida. “Yo me había jubilado de estos asuntos, y de pronto apareció este amor como un regalo”: me decía sorprendido y agradecido. En el fondo, a ciertas alturas de nuestra vida, todos empezamos a estar “jubilados” de muchas cosas. Nos hemos acomodado a eso que llaman ahora “la zona de confort”, y nos cuesta empezar nuevas aventuras vitales. Cuando damos el paso, descubrimos un mundo nuevo por explorar, una realidad nueva y hermosa que promete darnos muchas alegrías.

Y no sucede solo con las cosas del corazón. En cualquier ámbito de nuestra vida, podemos pararnos, cerrarnos, o avanzar y abrirnos a la novedad. Hace unos años una buena amiga sesentona me decía que ella no quería ni hablar de internet, WhatsApp y esas “modernidades”. Debajo de esas afirmaciones tan contundentes: “Quien quiera localizarme, que me llame”, “Yo no voy a perder el tiempo con esas cosas” … hay un miedo larvado a lo novedoso, a lo inexplorado. Poco a poco, sus hijas y un servidor la fuimos animando, y ahora da gusto ver como disfruta compartiendo pensamientos o experiencias en Facebook.

Son el miedo y la comodidad los que no nos dejan poner en marcha iniciativas que supongan riesgo. Y no hablo de grandes aventuras, sino de una actitud que nos hace cerrarnos a las mismas ideas, las mismas personas y los mismos horizontes. Leíamos en el evangelio del domingo pasado la famosa parábola de los talentos, y lo que me llamaba la atención era las dos actitudes del Jefe. A los que habían arriesgado (sea la cantidad que fuera), el Administrador les premiaba y alentaba. En cambio, se pone muy serio con el que esconde, por miedo, su talento. Yo creo que la parábola nos invita a la tarea de vivir la existencia como progreso y evolución constante hacia lo no descubierto. El único pecado es negarse a caminar.

Esto sucede también en el ámbito espiritual. Los creyentes estamos llamados constantemente a ahondar en lo que nos pasa por dentro. A veces, nos cuesta hacernos preguntas, avanzar en nuestro autoconocimiento y hacer silencio para escuchar demonios o llamadas. Porque estamos aquí para evolucionar y para que la vida nos atraviese de lleno.

Hoy te pido, Señor, que me des fuerza para abrirme a las sorpresas que me tienes preparadas. Que me atreva a dar un paso a tierras desconocidas. Eso me asusta y me ilusiona, me provoca y me invita. Tú sabes que tengo miedo y soy frágil. Pero por intentarlo no va a quedar. Aquí estoy.

Ramón Bogas Crespo

Director de la oficina de comunicación del obispado de Almería

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