Jesús García AízLa Mirada de la Fe

ECCLESIA SEMPER REFORMANDA (I)

En un mundo en constante cambio, supone necesariamente una constante hermenéutica la manera de comprender y expresar el mensaje del Evangelio, con el fin de formularlo con categorías actuales, de manera que sea comprensible para aquellos a los que está dirigido y responda a sus necesidades y a su búsqueda de sentido. Y supone también que este ejercicio de hermenéutica revierta sobre nosotros mismos, permitiéndonos recuperar su novedad transformadora, esa que al ponerlo en práctica cristaliza en propuestas operativas concretas que responden adecuadamente a los retos del presente y del futuro a los que nos debemos enfrentar como Iglesia y como miembros activos de esta sociedad.

Todo ello exige atreverse a afrontar el reto de superar la fractura cultural y a inculturar el Evangelio, sin perder nada de su fuerza y de su juventud, en categorías actuales, comprensibles y provocadoras para el hombre de hoy. Un esfuerzo permanente de inculturar el mensaje cristiano no solo a otras culturas, sino a lo que personalmente parece que es más urgente, a formularlo con las categorías y el lenguaje de hoy.

Y ante el acelerado y profundo cambio que experimenta nuestro mundo y que afecta a sus miembros, la Iglesia tiene que continuar reformando su lenguaje, sus métodos de acción y sus expresiones litúrgicas para que resulten significativos, expresivos e inteligibles para unos fieles que no pueden ni deben sustraerse a los cambios de la sociedad en la que viven.

Para ello, deberemos afrontar la dura tarea de formular la propia teología con nuevos lenguajes y nuevas categorías. Una teología con base bíblica, enraizada en la tradición y en las categorías desarrolladas a lo largo de los siglos en el seno de la Iglesia europea, revitalizada por los grandes teólogos que hicieron posible y llevaron a cabo el concilio Vaticano II, y alimentada por las aportaciones de las teologías no europeas. Pero, probablemente, el reto más importante y urgente que hoy tenemos, teológicamente hablando, es abrir el diálogo con la mentalidad y el pensamiento secularizados, tecnificados y posmodernos de la sociedad española actual.

Una teología defensora de los derechos humanos y de la creación y, al mismo tiempo, que dé sentido al ser humano satisfecho con lo material, pero con un vacío existencial que los bienes materiales no logran saciar. Una teología capaz de conectar con los anhelos y las preguntas de los hombres que habitamos la vieja Europa y de suscitar esperanza y sentido a nuestras vidas. Una teología que, como profetizaba el teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer, sea capaz de articular un discurso de esperanza y salvación con un lenguaje secular, totalmente nuevo; que resulte provocador para aquellos que, pareciendo tener todo, muchas veces carecen de lo esencial.

Jesús García Aiz

 

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