Comentario Bíblico Ciclo ANoticias

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO, por Manuel Pozo Oller

CORRECCIÓN FRATERNA

A las puertas del otoño retomamos nuestra colaboración en este medio ofreciendo a los lectores el comentario al evangelio de este domingo XXIII del Tiempo ordinario (Mt 18,15-20).

Se trata de un pasaje que he meditado desde mi niñez. Soy hermano de la Venerable y santa Escuela de Cristo desde mi primera comunión. En esta Escuela de vida cristiana, más de una vez, escuché al Consejo de Ancianos sobre la necesidad de corregir fraternalmente a algún hermano por no vivir como verdadero discípulo del Maestro, causando escándalo en la comunidad. El discernimiento comunitario acababa con el nombramiento de dos hermanos que, en nombre del Consejo de Ancianos, se entrevistaban con el interesado para corregirle y ayudarle a enmendar su vida. Todavía hoy, si las circunstancias lo requieren, después de trescientos cuarenta y dos años, la Escuela de Cristo procede con este estilo de corrección fraterna que chorrea Evangelio. Este modo de proceder de la Escuela de Cristo, en verdad, es una parábola que explana la enseñanza evangélica que nos ofrece la liturgia de este domingo.

El capítulo 18 de san Mateo pertenece al discurso de Jesús sobre la situación y la vida de la primitiva comunidad de seguidores del Maestro. Aquellos discípulos y aquellas comunidades, salvando las distancias del tiempo, tenían parecidos problemas de convivencia a los que tenemos en la actualidad: hermanos que quieren sobresalir y ocupar los primeros puestos, que escandalizan, que se olvidan del pobre, que viven atrapados en sus envidias y disputas. El texto constata esta realidad y propone el camino de enmienda, que es inequívocamente comunitario.

El Evangelio invita a detectar la situación, «si tu hermano peca», para inmediatamente ponerse manos a la obra, para escuchar, acompañar, y corregir. Propone para recuperar al hermano herido la metodología evangélica de acercarse al pecador con ternura y discreción, “en privado”, para no generar culpabilidad malsana ni rechazo de los demás.

La discreta corrección fraterna puede fracasar. En este caso, hay que perseverar sin desánimo, intentado buscar luz a la situación planteada en presencia de algunos testigos (Cf. Lv 19,17-18; Dt 19,15). Si el hermano aún persiste en su terquedad, después de las advertencias oportunas, hay que hacer partícipe del asunto a la comunidad que tomará la decisión conveniente.

Como ayuda en este proceso, el evangelista indica tres enseñanzas insoslayables. Estas  han de estar siempre presentes en todo proceso de corrección fraterna: Primera, el convencimiento de que a la comunidad le corresponde “atar y desatar”, discernir (v.18); Segunda, la necesidad de orar juntos para “ponerse de acuerdo” y “tomar decisiones (v. 19); Tercera, después de discernir y orar, hay que confiar en Jesucristo que prometió estar presente allí donde “dos o más se reúnen en su nombre” (v.20).

Manuel Pozo Oller

Párroco de Ntra. Sra. de Montserrat

 

 

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