Jesús García AízLa Mirada de la Fe

DESAFÍOS POR ASUMIR EN LA EVANGELIZACIÓN (I)

La ética moderna, y más aún la postmoderna, rechazan frontalmente toda relación y diálogo con la fe y la moral cristiana, porque consideran que éstas son contrarias a la libertad individual, es decir, al derecho que tiene todo ser humano de determinar por sí mismo lo que es justo y lo que es bueno. En esta perspectiva subjetivista y relativista, Dios aparece como rival del hombre, como una entidad contraria a su propia libertad.

Ahora bien, en una justa perspectiva, la moral cristiana no sólo no atenta contra la libertad fundamental de todos los seres humanos, sino que la fundamenta y la hace realmente posible porque la dota de seriedad y responsabilidad. La ética cristiana, en efecto, recuerda a los planteamientos y actitudes éticas contemporáneas que no pueden separarse de la búsqueda de la verdad, y que, por consiguiente, no deben engañarse con un relativismo moral que reduce los valores humanos a pura mercancía oportunista e interesada.

La fe cristiana quiere intensificar aún más las propuestas y los objetivos de cualquier ética verdaderamente humana, conjuga la libertad con la responsabilidad y con la verdad, y afirma claramente que Dios no es rival del hombre, sino la garantía de su ser y de su libertad fundamental.

Desde los primeros siglos la fe cristiana ha estado vinculada a las capacidades creativas artísticas de las diferentes culturas. Ella nació en una cultura israelita sin imágenes, pero en la relación con las culturas mediterráneas (griega, romana, egipcia, etc.) admitió la expresión figurativa, porque era un medio propio de, aquellas culturas y, sobre todo, porque el cristianismo entendió que la belleza humana y natural no sólo no era contraria a su estatuto, sino que respondía a su propia exigencia de encarnación en lo humano. Desde estos primeros tiempos hasta bien entrado el siglo XVIII, la fe cristiana inspiró las mejores obras artísticas de todo el occidente y el oriente europeo.

El Papa san Pablo VI, en un discurso a un grupo de artistas italianos, llegó a decir que hay una relación profunda entre la tarea de los artistas y la tarea de la misma Iglesia. Y el Papa san Juan Pablo II proclamaría que toda gran obra de arte es en su inspiración radicalmente religiosa.

No es válida entonces ninguna propuesta intra o extra eclesial que no afirme las necesarias relaciones entre la fe y el arte, o, en nombre de una absolutización de la moral, prive a la fe cristiana de su necesidad de expresión a través de cualquier creación artística. Urge la inculturación de la fe en las diferentes tendencias artísticas de nuestra época, tomando más en serio y con mayor creatividad el componente estético de la misma fe.

Jesús García Aiz

 

 

 

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