Jesús García AízLa Mirada de la Fe

DEBILIDAD, LIBERTAD Y EVANGELIO

El concepto de debilidad tiene mala fama porque, en una sociedad donde imperan la lucha por el poder, el dinero y el culto a la imagen, suele asociarse a personas que quedan al margen del camino por su falta de resistencia frente al conflicto. Podemos añadir que esta connotación negativa del término «debilidad» no solamente se refiere al ámbito individual, sino también al social en cualquiera de sus manifestaciones. Es cierto que hay una debilidad que nace de las carencias básicas de la persona y de la sociedad (necesidades físicas, psíquicas, sociales o espirituales) y que ante estas carencias es preciso reaccionar con firmeza parar poder afrontarlas y superarlas. Sin embargo, también nos hemos de preguntar: ¿Acaso la debilidad es siempre negativa?

Si nos referimos al sentido material del término, la debilidad es negativa porque alude a carencias básicas de la persona o de la sociedad, tal y como acabo de apuntar. Sin embargo, también tiene un significado positivo cuando nos ayuda a ser conscientes de nuestros límites. La conciencia de la limitación nos prepara para asumir y afrontar retos como el fracaso, la enfermedad o la vejez. Sin esta conciencia de debilidad biológica corremos el riesgo de restar sentido a la vida cada vez que topemos con algún obstáculo que dificulte nuestra andadura. Desde una perspectiva mental y emocional la debilidad nos obliga a ser realistas y puede ayudarnos a vivir con entereza e incluso positividad el declive causado por el paso de los años. En definitiva, nos prepara para asumir el reto del misterio de la muerte.

La conciencia de nuestra debilidad, por tanto, nos puede ayudar a vivir con realismo y autenticidad porque, si lo pensamos bien, es un estímulo que nos invita a quitarnos la máscara de las apariencias que con frecuencia los seres humanos llevamos puesta.

Sin embargo, hay muchos cristianos que con sentido común viven la experiencia de la debilidad como un camino de profundidad interior y libertad de acción. Esta búsqueda personal interior del sentido positivo de la debilidad y del diálogo social vivido en la autenticidad nos ayuda a abrir los ojos a las posibilidades reales de nuestra existencia. Ciertamente, cuando tomamos conciencia de nuestra debilidad es cuando podemos iniciar un camino realista y auténtico. Cuando tomamos conciencia de la debilidad colectiva es cuando podemos abrir caminos compartidos de futuro y de libertad para todos. Es más, los cristianos tenemos muy al alcance poder vivir esa experiencia de debilidad, pues el manual y libro de muestras lo tenemos en el evangelio.

Jesús García Aiz

 

 

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