Jesús García AízLa Mirada de la Fe

ATERRIZANDO CON PROPUESTAS DE CONVERSIÓN PASTORAL (II)

Como continuación de nuestro “aterrizaje”, qué mejor que preparar “la pista” que con algunas concreciones referidas al acompañamiento de los procesos. Me gustaría señalar algunas propuestas de acción y de reflexión sobre nuestras estructuras pastorales (las de antes, las de ahora y las de mañana) basadas en una genuina teología pastoral.

En primer lugar, una afirmación obvia: las estructuras pastorales no tienen ni han tenido nunca pretensiones de eternidad, sino de servicio. Quienes las pusieron (o ponen) en marcha no se preocuparon de pensar cuántos años nos encontraríamos en el contexto histórico del momento. Quisieron servir a la Iglesia. Los contextos, incluso los agentes de pastoral han (hemos) ido cambiando. Nuestra Iglesia se ha hecho más universal y con preocupaciones más “planetarias”. Es más, las edades de los agentes de pastoral han ido cambiando. Unos marcharon a la casa del Padre, otros se han ido incorporando… Pero todos, y en cualquier situación, con una actitud de servicio a la Iglesia y a la sociedad. Un servicio responsable, probado en el hacer cotidiano, y crítico con el contexto social del momento. En segundo lugar, y en consonancia con lo anterior, las estructuras pastorales no tienen tampoco vocación de poseer la verdad, y mucho menos de imponerla, pero sí de buscarla allá donde se encuentre. Y para ello apremio, y yo mismo me invito, a apostar por:

– Transmitir una teología pastoral fundamentada en una profunda experiencia de Dios. Enraizada en una experiencia mística propia de los grandes creyentes del pasado siglo XX. Mística en un contexto de increencia y de “ojos abiertos”, entroncando dicha teología pastoral en la dimensión profética, capaz de otear el horizonte para que, denunciando todo lo rechazable, sea capaz de formular propuestas que estén en sintonía con “esa tierra nueva anunciada ya en el libro del Apocalipsis”. Con una clara opción preferencial por los pobres y los descartados, con el fin de que recuperen su dignidad robada y su lugar en el mundo del que han sido excluidos.

– Potenciar una reforma en la Iglesia y de la Iglesia (en clave de conversión pastoral) que permita que nuestras estructuras humanas, aunque imperfectas y pecadoras, transparenten el amor de Dios a la humanidad. Lo que supone una opción de universalidad y multiculturalidad donde todos podamos enriquecernos, proponiendo un lenguaje y unas actitudes seculares que nos permitan inculturar la fe a categorías actuales, de manera que sea comprensible para los hombres de hoy, y, al mismo tiempo, dejarnos afectar por la cultura actual, permitiendo que nuestra Iglesia tenga y acompañe propuestas de futuro, generando cauces y ofertas para la formación y la actualización de los agentes de pastoral, de manera que nuestras Iglesias sean más participativas y corresponsables.

Con estos retos de calado pastoral podemos vislumbrar lo que está naciendo ahora entre nosotros: una nueva oportunidad pastoral para inculturar el Evangelio. Se trata del relevo generacional ante aquel “otro” mandato misionero que nos dice “ahora, vete y haz tu lo mismo” (Lc 10, 37).

Jesús García Aiz

 

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