Jesús García AízLa Mirada de la Fe

A PROPÓSITO DE LAS ONG

Parece muy extraño, pero en este campo de las ayudas desinteresadas a los seres humanos, también se ha producido y se mantiene una ruptura entre la fe cristiana y estos fenómenos socioculturales.

La Iglesia a lo largo de la historia ha consagrado sus mejores energías evangelizadoras al servicio de los pobres, los humildes, los enfermos y las clases sociales más desfavorecidas. Le animaba a ello el testimonio y el mensaje de su Señor. Para ella han estado completamente unidos en mutua exigencia e implicación tanto el amor a Dios como el amor al prójimo. La atención a los pobres y humildes, la erección de universidades y creación de hospitales y escuelas, la protección de los derechos humanos, la articulación de respuestas comprometidas en contextos sociales dominados por graves injusticias sociales y políticas, etc., son un claro exponente del compromiso histórico de la Iglesia en favor de una vida más digna para todos los seres humanos.

Sin embargo, en estos últimos tiempos, esta inmensa actividad animada por el Espíritu de Cristo, ha sido totalmente secularizada, es decir, apartada de la influencia de la fe cristiana. Era el último reducto que la Iglesia todavía mantenía como expresión de su servicio al mundo, y las fuerzas culturales dominantes han logrado descabezarlo, sustituyendo la teoría y la práctica del amor al prójimo, enraizados en la confesión cristiana, por una nueva ideología llamada «humanitarismo».

Para esta nueva ideología lo que cuenta es el servicio a los seres humanos por razones simplemente humanitarias, sin referencia alguna a una motivación mayor o de carácter trascendente. Una clara expresión del carácter anticristiano de estas organizaciones es su opinión acerca de la mayor nobleza de sus intereses y acciones. Suelen desautorizar la práctica cristiana del amor al prójimo acusando a los cristianos de buscar objetivos interesados, bien la salvación del alma o bien la captación de adeptos. Ellos, en cambio, lo único que pretenden es ayudar al ser humano necesitado de forma totalmente gratuita, sin esperar nada a cambio.

Lo verdaderamente lamentable no es que las ONG no cristianas piensen y actúen así, sino que esta ideología humanitarista ha penetrado en muchas asociaciones y grupos cristianos dedicados al servicio de los necesitados del tercer mundo y de nuestro primer mundo. El resultado es que silencian, ocultan e incluso eliminan su condición de cristianos para poder situarse más cómodamente en una sociedad en la que el sustantivo o el adjetivo «cristiano» es sospechoso. Muchas ONG originariamente cristianas han abandonado su matriz religiosa bajo pretexto de tener una mayor apertura hacia los no creyentes o miembros de otras religiones, como si la fe cristiana fuese realmente causa de discriminación.

Jesús García Aiz

 

 

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