DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO, por Manuel Pozo Oller
Parábola de los dos hijos

Llama poderosamente la atención los silencios de Jesús ante las preguntas de aquellos que ponen en duda la novedad de su misión. El pasaje de este domingo XXVI del Tiempo ordinario es continuación y respuesta a la pregunta de los jefes de los sacerdotes y ancianos que ponen en duda la autoridad de Jesús (Mt 21,27).
Jesús no entra al trapo ni soslaya la cuestión. Responde a la cuestión planteada, de modo gradual, con tres parábolas. La primera, la que proclamamos este domingo (Mt 21,28-32), solamente la encontramos en este evangelio de san Mateo, recoge duras palabras de Jesús contra los dirigentes religiosos de su pueblo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios» (v 31).
El evangelista introduce esta dura afirmación y con suavidad explicará las razones de su afirmación. Jesús pregunta sobre la actitud diversa de dos hijos: ¿Qué os parece? (v.28). A continuación, les pide su opinión: ¿Cuál de los dos hijos cumplió la voluntad del padre? (v. 31).
A bote pronto, en un primer momento, desde nuestra mentalidad y cultura, nuestra contestación optaría por aplaudir la actitud del primero. Pero, leído el texto en su contexto, poniéndonos en la piel de la gente sencilla no cristianos de Palestina, la respuesta unánime sería que el hijo que había obrado bien es el segundo, es decir, el que había dicho que sí y luego no fue a trabajar. Nos parecerá raro si no comprendemos que el hijo que dijo sí y luego no, en la mentalidad del momento, había puesto en entredicho el honor de su padre al desobedecerle. Esta actitud era de extrema gravedad porque los que escuchaban la respuesta del primero automáticamente pensaban que el padre no tenía autoridad sobre su hijo perdiendo, en consecuencia, la honorabilidad paterna, valor tan apreciado en aquel contexto. La parábola, en consecuencia, no pretende entrar en discusión en cuál de los dos hijos se comportó bien o mal, sino que la cuestión fundamental consiste en conocer quién cumplió la voluntad de su padre.
Y he aquí la enseñanza. Los fariseos, los sacerdotes y los ancianos del pueblo dijeron sí a Dios al aceptar la ley de Moisés. La parábola los sitúa a la par el hijo que dijo sí y luego no fue a trabajar. También hicieron oídos sordos a la llamada a la conversión de Juan el Bautista. Sin embargo, los recaudadores de impuestos y las prostitutas, aunque dijeron inicialmente no a Dios por la situación complicada de sus vidas, sorprendentemente son los que acogen la invitación de ir a trabajar en la viña del Señor. Todo lo contrario que los sabiondos, que ni “se arrepienten ni creen”.
Manuel Pozo Oller
Párroco de Ntra. Sra. de Montserrat





