Comentario Bíblico Ciclo A

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

DADLES VOSTROS DE COMER

Nuestra sociedad de consumo ha conseguido el “milagro” de multiplicarlo todo: dinero, posesiones, alimentos, redes de comunicación,  comodidades… Hoy hay pan suficiente para todo el mundo…Y sin embargo, hoy hay demasiados estómagos vacíos

 “En aquel tiempo”, tiempo de Jesús  la realidad era muy distinta. Bueno, muy distinta de la nuestra, pero muy semejante a la de nuestro tercer mundo en el que no hay recursos para todos. En la época de Jesús, en Palestina, la  pobreza  era una plaga que recaía  en las clases modestas, por los excesivos impuestos del Imperio y los herodianos que terminaban apropiándose de toas las modestas posesiones de los aldeanos.

Jesús, a una  hora es avanzada y el lugar desierto, se encuentra ante una muchedumbre que le sigue, hambrienta de su palabra. Los discípulos le llaman la atención sobre la hora y la falta de comida., porque la gente tiene hambre de la Palabra que sale de los labios de Jesús, pero también tiene hambre de pan.

La solución  que damos a esta situación es la de comprar: ¿Qué se vayan y compren…! ¿Y si no tiene para comprar? ¿Y si no encuentran para todos…?

Lo que menos ese esperaban los discípulos y lo que también nos sorprende a nosotros es que el Señor nos diga: “Dadles vosotros de comer”.

¿Y que hacemos con sólo cinco panes y dos peces?

Jesús no les habla  ni nos habla de comprar ni de multiplicar, sino que s habla de “dar”, de poner en comúnde repartir y compartirde “servir”.

Ese será el milagro para la multitud hambrienta. El milagro es el amor que comparte. El Egoísmo ha hecho que todo lo multiplicado en nuestra sociedad sea para unos pocos

El amor y la generosidad pueden hacer el “milagro de que lo poco” llegue a muchos.

Hoy nuestra oración no puede ser pedirle a Dios que siga multiplicando alimentos, que seguirán llenando las estanterías de las superficies comerciales. Lo que tenemos que pedirle es que no enseñe a dividir, cambiando nuestros corazones interesados por entrañas de misericordia.

Y si queremos pedir un pan multiplicado que sea el de la Eucaristía, en este relato simbolizado y anticipado,  para que nunca nos falte ese pan de vida, que nos hace comulgar con la persona, los criterios, las actitudes y acciones de Jesús, que dio todo cuento era y tenía, hasta la propia vida, para que a los hombres nunca les falte aquellos alimentos que les hacen más humanos y más hijos de Dios: la mesa del pan y la palabra compartidas, en la que se nos descifra aquello de “dadles vosotros de comer”

Manuel Antonio Menchón

Vicario Episcopal

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