Comentario Bíblico Ciclo BNoticias

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO, por Ramón Carlos Rodríguez García

A grandes males...grandes profetas

 Lecturas: Is 40, 1-5. 9-11. Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios. Sal 84. R. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación. 2 Pe 3, 8-14. Esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva. Mc 1, 1-8. Enderezad los senderos del Señor.

Cuando el futuro se torna aún más incierto y los desafíos desbordan al pueblo. Cuando la esperanza declina su lugar y permite al miedo ocupar los asientos de honor, incluso ahí, Dios sabe seguir hablando a su pueblo…al corazón de su pueblo. Hace posible que los desiertos se conviertan en caminos transitables y que todos los obstáculos que dificultan el regalo de su presencia transmuten en accesos sin barreras. El salmista estalla en tono poético y agradecido ante un Dios que a pesar de las trabas que le imponemos, no deja de intentar llegar a nosotros…aflorar en nosotros (Dios está dentro de mi, más interior que lo más íntimo mío. San Agustín).

Una elegante habilidad germina de Isaías y Juan el Bautista: saben rescatar a Dios del corazón dormido de los seres humanos. Al modo de ingenieros de caminos, trazan mapas de esperanza, donde montañas y valles, senderos tortuosos y abismos imposibles son resueltos magistralmente con la confianza puesta en la venida del Dios del amor. Siglos más tarde una mujer judía en medio de un campo de exterminio, tomará el relevo del quehacer profético (Intento desenterrarte de los corazones de los demás. Etty Hillesum).

Es el Dios que salva y no te humilla. Ama y no te olvida. Acompaña y no deja de ofrece la suave fragancia del consuelo. Es el Pastor que da la vida por su rebaño. Todas las promesas con las que los profetas se comprometieron, se han cumplido en Jesús, en cuanto que es el Cristo o Mesías que anuncia el Reino de Dios. Necesitamos celebrar su actualización en torno a la mesa dominical. En el sacrificio de la Eucaristía, encontramos junto a los demás al que por amor en medio de la debilidad murió por amor y por amor fue resucitado de entre los muertos. Si el Evangelio emprende la aventura de Dios con los hombres, con una maravillosa carta de presentación enraizada en la palabra “comienzo”, también para nosotros puede ser un nuevo comienzo. La amistad con Jesús en el seno comunitario restaura nuestra vida y hace posible que los “escombros” que aún nos acompañan sean transformados en nuevos amaneceres. Por cierto, casi lo olvido…como los profetas anunciemos también nosotros al Dios que viene…que está llegando.

Ramón Carlos Rodríguez García

Rector del Seminario

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