Jesús García AízLa Mirada de la Fe

RESISTIREMOS

Con el bombardeo constante de noticias, bulos, monitorizaciones, memes y vídeos ingeniosos, parece que se esconden, quizás como mecanismo de defensa, el miedo, el sentimiento de fragilidad y la inseguridad que la grave situación de crisis está provocando en nosotros.

Así, el anuncio de la Pascua de la resurrección de Cristo ha llegado al mundo en un momento difícil, pues junto a los desafíos habituales, nos enfrentamos a este drama de la pandemia del coronavirus, que está sometiendo a la humanidad a una dura prueba. Pero frente a este contagio, tan temido, hay que anunciar y propiciar el contagio de la esperanza.

Es verdad que no se trata de conseguir y difundir una fórmula mágica que pudiera hacer desaparecer los problemas. La resurrección de Cristo es la victoria del amor sobre la raíz del mal, transformando el mal en bien. Las llagas de Cristo se convierten en luminarias de esperanza para todos.

Y cuando digo “para todos”, me refiero a los afectados por el coronavirus, a los que han fallecido y a las familias que los han perdido, a los ancianos y las personas que están solas. A quienes trabajan en la sanidad, a quienes trabajan para garantizar los servicios esenciales y a las fuerzas del orden y los militares.

Este largo confinamiento ha sido y es una ocasión para reflexionar y para disfrutar de la compañía de la familia. Pero también está siendo un motivo de preocupación por el futuro que se presenta lleno de incertidumbre, por el trabajo que corre el riesgo de perderse y por las demás consecuencias sociales y económicas que la crisis actual trae consigo.

Debiéramos tomar nueva conciencia de esa gran fraternidad que nos une como seres humanos y ayudar a extraer, de lo que estamos viviendo, la consiguiente sabiduría para alumbrar un mundo nuevo. Se trata de contrarrestar el virus contagiando y propagando una epidemia de ternura, de compasión y esperanza. Sobre esta base se alumbrará y se fraguará ese mundo nuevo.

De ahí que de la actitud que tomemos ahora penderá nuestro futuro y pondrá esa felicidad que anhelamos a la altura de nuestros ojos. Pero para ello hay que resistir. Al ritmo de los aplausos de las 20.00h, con la famosa canción del “Dúo dinámico” o con sus variadas versiones, pero eso sí, resistir con la esperanza que solo nos proporciona el Resucitado.

Resistir, porque todo esto pasará y tendremos que aprender a vivir de nuevo, aprender a ser, a soñar, a reír, a abrazar. Resistir con esperanza para llegar a ese reencuentro con nuestros familiares y amigos. Resistir para poder ver los parques llenos de niños, las calles llenas de vida. Se trata de resistir con esperanza, pues así, y solo así, todo esto habrá tenido sentido. Ánimo y adelante. Resistiremos.

Jesús García Aiz

 

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