La Mirada de la FeNoticiasRamón Bogas Crespo

PERDERLO TODO, por Ramón Bogas Crespo

Hemos presenciado con estupor el trágico incendio de las dos torres de Valencia. Y los periodistas (con esta tendencia al cliché que tenemos) han vuelto a poner en circulación la expresión de “Perderlo todo”. “Las familias afectadas han perdido todo” rotulaban en las noticias de los informativos y magazines mañaneros. Es cierto que han perdido su techo, su ropa, sus recuerdos, sus ahorros… Pero ¿es eso perderlo todo? La gran mayoría de ellos han salvado la vida que es el don más preciado. Y conservan el cariño de la gente de su alrededor. Tendrán que empezar de nuevo y reponerse del varapalo, pero no todo está perdido.

¡Maldito parné! ¡Cuántas preocupaciones, cuántos apegos! Sé que es un tema que no es fácil de tratar. Que cuando se nos toca la cartera, nos sale la fiera que llevamos dentro, pero tendremos que estar alerta y reflexionar si en nuestra vida lo material ocupa demasiado espacio en el corazón. La teoría la sabemos: el dinero no da la felicidad, pero, a veces, somos muy esclavos de él.

Se le atribuye a San Francisco de Asís una frase que me parece que se acerca a la fórmula de la felicidad: “Desear poco y lo poco que se desee desearlo poco”. Y esto se deberá aplicar al poder, al deseo de reconocimiento, al aplauso ajeno, a las cosas materiales… En el fondo, lo que el pobrecillo de Asís nos recomienda es no ser esclavos. Está claro que tendremos que luchar por la dignidad de nuestras familias, por tener un salario justo, por educar a nuestros hijos pero, sin querer, nos puede atrapar esa telaraña de deseos absurdos, de necesidades inventadas, de trampas que la vida (y nosotros mismos) vamos creándonos. A lo mejor podemos vivir con menos, disfrutar de cosas más sencillas y poner nuestro corazón y confianza en otras claves diferentes a las del mundo.

Jesús se pone muy serio un día al entrar en el Templo de Jerusalén. Y en un signo profético vuelca las mesas de los cambistas y les advierte: “No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre” (Jn 2, 13-25). Y a mí me parece una advertencia para el mundo actual: “No convirtáis vuestra vida en mercado”. Y es que no todo se puede medir en rentabilidad. No siempre lo que merece la pena es caro. Dios se encarna cada día en corazones generosos, en detalles “no rentables”, en complicidades de amigos y parejas que comparten y ríen “gratis”.

Hoy, Señor, nos invitas a estar alerta. A descubrir que nuestro corazón se llena cuando descubrimos tu sentido y propósito. Que esa felicidad de sentirnos amados no se paga con tarjeta de crédito. Hoy me recuerdas donde poner mi confianza. Y es que, aunque lo pierda “todo”, si estás a mi lado sabré que he ganado la VIDA.

Ramón Bogas Crespo

Director de la oficina del obispado de Almería

 

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