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IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, por Ramón Carlos Rodríguez García

La verdadera autoridad

¿Cómo distinguir a un verdadero profeta de un falso profeta? Unos nos ayudarán a ser más humanos, más hermanos. Otros utilizarán las palabras para agazaparse tras ellas, para disimular sus intenciones, para adular los oídos de los poderosos y camuflar sus intereses…para engalanar sus mentiras y sacar provecho de su verborrea. El Salmo, verdadera alabanza, nos invita a saber escoger la palabra oportuna y enriquecedora. La Eucaristía debe ayudarnos a no endurecer el corazón y dejarnos humanizar y divinizar por la Palabra que se nos regala. No lo olvides…en términos de Fe y de Vida se escucha mejor con el corazón que con los oídos.

El proyecto de Jesús busca rescatar a los seres humanos de todo lo que nos ahoga (nada mejor que contar con pescadores para ello). Su prioridad es engrandecer e iluminar nuestra vida, dignificarla ante todo lo que busca empequeñecerla y oscurecerla. Todo lo diabólico que amenaza la vida de los hombres quedó sometido ante la novedosa autoridad que brota de Jesús. El evangelista nos muestra que la primera acción pública del Señor no es una discusión doctrinal, sino una enseñanza nueva que libera y sana de todo lo que daña al ser humano. No es un día cualquiera, es sábado. Su acción contra los poderes que marginan y oprimen a las personas quedará enmarcada en la ilegalidad religiosa. ¡Hay que guardar el Shabat! Pero es que las personas también sufren en sábado. No es solo un exorcismo a la carta o el primero de ellos.

Toda la vida de Jesús será un potente y definitivo exorcismo que lucha contra el mal que nos reclama cómplices y actúa sin freno aparente. El endemoniado, representante de una multitud que se resiste a desaparecer y siente amenazada por primera vez su existencia, enmudece su insolente discurso en un mar de gritos y retorcidas acrobacias. Nadie les había hecho frente hasta la fecha, eran muchos y cobardes. Las valientes palabras de Jesús les obligan a devolver íntegro al hijo de Adán que habían secuestrado.  No están solos en este particular duelo. El pueblo contempla la escena aportando su palabra. Se han convertido todos a una en un pueblo de profetas que anuncian a Jesús por todas partes. ¡Ahora nos toca a nosotros!

Ramón Carlos Rodríguez García

Rector del Seminario

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