Antonio de Mata CañizaresLa Mirada de la Fe

EL ESTILO DE DIOS

En el Mensaje de Cuaresma de este año, el Papa Francisco, siguiendo la tradición de sus predecesores en la Sede de Pedro, entregó a toda la Iglesia encontramos esta afirmación, el estilo de Dios, a propósito del contenido del Mensaje que es contemplar a Cristo que se hace pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza. No se trata de un juego de palabras sino de Dios que nos ama. He aquí el texto cristológico de San Pablo a los filipenses (2,6-11) y que la Iglesia reza y contempla en la oración de Vísperas del sábado – I Vísperas de cada domingo-: “Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz”…

El estilo de Dios lo podemos descubrir en la Encarnación del Verbo, en toda la existencia humana de Jesús que tiene su punto culminante en su Pasión, Muerte y Resurrección. Para llegar a descubrir el estilo de Dios necesitamos acercarnos y contemplar a Cristo, en quien habita la plenitud de la divinidad. Y para contemplar a Cristo no hay nada mejor que leer, meditar despacio el Evangelio. La Cuaresma es un tiempo especial para este cometido esencial en la vida del discípulo: para seguir al Maestro con fidelidad, identificarse con Él, es necesario conocerlo, y lo conocemos en la medida que nos acercamos al Evangelio, que es Jesús mismo, Buena Noticia para todo hombre y todo el hombre, entendiendo todo ser humano de todo tiempo y condición.

No se trata de leer el Evangelio, sólo para conocer, de espectador, la historia de Jesús -¡que no es poco!- cuanto de dejarse llenar de su Palabra. Acercarnos al Evangelio para conocer a Cristo, amarlo y seguirlo. Cuando hay tantas palabras, necesitamos la Palabra de vida. Leer el Evangelio, meditarlo, contemplarlo, como lo contempla la nuestra Madre la Iglesia. Qué bueno sería que en este tiempo hasta llegar a la Pascua, delante del Sagrario y/o con la imagen de un Crucificado buscáramos entender el estilo de Dios. Esta forma de búsqueda será la escucha del Hijo amado del Padre, desde punto de partida para nuestra conversión: despojo de nosotros mismos, y sobre todo del pecado; despojo de superficialidad para alcanzar el amor que transforma la vida y hace nuevas todas las cosas. Que el Crucificado nos haga humildes, sin lastres ni adherencias, para poder lavar los pies de los hermanos.

Antonio de Mata Cañizares

Vicario Episcopal

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