Comentario Bíblico Ciclo B

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO

El cáliz que Cristo ofrece: el verdadero servicio cristiano.

En los últimos años se ha producido una gran proliferación de libros denominados de autoayuda. Estas publicaciones tienen títulos como: «El poder del silencio», «La fuerza de la motivación», «Cambio de vida sin esfuerzo»… y cosas similares. Sin embargo, no he encontrado ninguno que tenga como título: «La grandeza del servicio». De hecho, fuera de las enseñanzas de Cristo y de la Iglesia, el servicio se considera como una actividad marginal, reservada para quien tiene tiempo de sobra y es más altruista.

En el evangelio de este domingo, la petición que los dos hermanos hacen a Jesús para ser los más importantes en el nuevo reino que Él va a instaurar, confundiendo el Reino de Dios con las estructuras propias de la mentalidad y las organizaciones humanas, lleva a Jesús a proponer una enseñanza esencial para todos los que quieran ser discípulos suyos: la actitud de servicio a los demás no puede entenderse como un añadido, para cuando hay tiempo de sobra, en la vida. Por el contrario, es la perspectiva que caracteriza la manera de relacionarse del cristiano con las demás personas.

Tan importante es la actitud de servicio que debe caracterizar la vida del cristiano que Jesús enseña que como consecuencia de esa actitud, Él no va a rechazar la cruz que se dibuja en su horizonte vital próximo. Como en otras muchas ocasiones, Jesús no enseña desde la teoría, sino desde la vivencia más exacta de lo que enseña. De esta unión entre palabra y vida que se da en Jesús, nace la exigencia para los cristianos.

La pregunta que puede surgir es: ¿cómo se ha de entender esta actitud de servicio? Porque al oír la expresión: «servicio a los demás» o «esclavo de todos», puede que se identifique con las vivencias heroicas que de ellas han hecho grandes santos, conocidos y desconocidos, a lo largo de la historia de la Iglesia. Si se comprenden así, es normal sentirse sobrecogido y abrumado, creyendo que es imposible que se pueda vivir una vida así. Sin embargo, el servicio que Cristo pide a sus discípulos es algo más sencillo y no restringido a superhéroes. Dos son las actitudes que dan como resultado el verdadero servicio cristiano. La primera, rechazar cualquier tentación de superioridad con respecto a los demás, evitando juicios y menosprecios. La segunda, convertir el amor a Dios en el motor principal de toda actividad. Por encima de cualquier motivación egocentrista y mundana, hacer todas las cosas, desde las más pequeñas a las más importantes de nuestra vida, siempre por amor a Dios. De aquí nace el verdadero servicio al que Cristo llama a sus discípulos.

Victoriano Montoya Villegas

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