Comentario Bíblico Ciclo B

DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO

Cuando Jesucristo nos habla de la cruz

Si tuviéramos que caracterizar muy resumidamente el ministerio público de Jesús, podríamos hacerlo utilizando el binomio: continuidad-novedad. La predicación de Jesús se enmarca dentro de la comprensión religiosa del pueblo de Israel. De esta manera, queda claro que la presencia de Dios en el mundo por medio de Jesús, se enclava plenamente dentro de toda la historia de salvación que Dios ha mantenido con la humanidad, de la cual, el pueblo de Israel es su concreción histórica. Jesucristo comparte las principales categoría religiosas del pueblo de Israel, utiliza sus ideas e imágenes para exponer el mensaje del Reino de Dios y realiza los gestos que son propios del Mesías anunciado por la Escritura. Esta sería la continuidad de la primera parte del binomio. La novedad, segunda parte del binomio, la constituye la clarificación de la imagen del Mesías. El pueblo de Israel, fundado en una lectura particular de algunos textos de la Escritura, ha adquirido una imagen de Mesías caracterizado por el triunfo y la victoria. Sin embargo, Jesucristo, releyendo otros textos de la Escritura, propone la verdadera imagen del Mesías. Del triunfo y la victoria, Jesús se presenta como el Mesías que obedece a Dios y sirve a los demás hasta el extremo de la entrega de la propia vida. En este contexto debemos entender este pasaje del evangelio.

El primer anuncio de la pasión que hace Jesús a sus discípulos, supone la irrupción de la novedad del ministerio de Jesucristo de manera clara y rotunda. San Pedro confiesa a Jesús como el Mesías esperado. Sin embargo, no es capaz de comprender y aceptar que Dios es Dios y tiene sus caminos. Por eso, la afirmación posterior de Jesús sobre la manera en que Él es el Mesías, es rechazada por el mismo que lo ha confesado. Pedro cae en la gran tentación humana; querer que Dios se ajuste siempre a nuestros deseos y necesidades, quitándole su libertad y omnipotencia y reduciéndolo a un instrumento de nuestros caprichos.

La respuesta que Jesús da a Pedro ante esta tentación es muy contundente. No es aplicarle el calificativo de Satanás, sino el invitarlo a él y a todos los que nos llamamos sus discípulos a imitarlo en nuestra vida acogiendo nuestra cruz cada día. Jesús no pide a sus discípulos hacer nada que Él no haya vivido antes y hasta el extremo. Pero tampoco quiere que nadie se lleve un desengaño. Ser cristiano implica abrazar la cruz y no hay otro camino. Nos gustaría que nuestra cruz pesase menos o, mejor, que no existiese, pero es como es y, por eso, debemos cogerla cada día y caminar tras Jesús. Este es el único camino que permite ganar verdaderamente la vida, porque quien pretenda ganarla sin la cruz, simplemente, se engaña.

Victoriano Montoya Villegas.

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