Comentario Bíblico Ciclo B

DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO

«Talitha qumi»

Hoy, en el evangelio, aparece una de esas expresiones que marcaron a las personas que la escucharon; son las palabras que Jesús dirigió a una niña que acababa de fallecer: «Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate)». Tal fue el impacto que produjeron aquellas palabras que cuando los apóstoles, años después, comenzaron a anunciar la Buena Nueva sobre Jesucristo, continuaron repitiéndolas en el mismo arameo original en que fueron pronunciadas por primera vez. Incluso nosotros, hoy, en cualquier lugar del mundo, independientemente de la lengua que se hable, seguimos escuchándolas en su lengua original.

Los personajes que aparecen en este fragmento del evangelio pueden ayudarnos a comprender porqué estas palabras marcaron tanto a un grupo de personas. El primer personaje es Jairo, el padre de la niña, quien, temiendo por la vida de su hija, acude a Jesús. Su aproximación es la de padre desesperado, pero su reacción es la de un hombre de verdadera fe. Cuando le informan de que su hija ya ha muerto, sigue confiando en Jesús, incluso a pesar de las risas y chanzas que hacen aquellos que se burlan de él cuando Jesús afirma que la niña no está muerta, sino solamente dormida.

El segundo grupo de personajes son aquellos que lloraban y gritaban por la muerte de la niña. Supuestamente, hombres y mujeres de fe, pero que ante la realidad de la muerte incapaces de ver más allá de lo inmediato. Son los que han sucumbido, ya en vida, al poder de la muerte, puesto que consideran que es más fuerte que Dios mismo. Cuánta sonrisa irónica tuvo que soportar Jesús cuando hablaba de resurrección de los muertos. ¡Cuanta sonrisa irónica y silencio despectivo seguimos viendo los cristianos cuando expresamos nuestra confianza en que el poder de Dios va más allá de la muerte! Jesús, con una palabra suya, puede dar la vida.

El último grupo de personajes son los tres apóstoles a los que Jesús llamó para que fuesen testigos de todo lo que ocurría. Ellos, en silencio, contemplan la grandeza de la obra de Dios en el mundo. Por ello, cuando llegó su turno, no pudieron dejar de contar a todos lo que ocurrió en aquella pequeña habitación de una pequeña aldea. Como cristianos, estamos llamados a contar a los demás nuestra experiencia de Dios, para que también los demás puedan llegar a conocer a Jesucristo como salvador del ser humano.

La fuerza de la expresión «Talitha qumi» no descansa en su belleza literaria ni en la sonoridad de su pronunciación, sino que encontramos en ella un resumen de qué es la vida cristiana, que podríamos exponer como: escuchar la palabra que Jesús me dirige, confiar en ella y acoger la vida nueva que de Él nace.

Victoriano Montoya Villegas

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