Comentario Bíblico Ciclo A

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO

Dios nos considera mayores de edad

Cuando Israel comenzó su caminar como Pueblo de Dios a partir de la alianza del Sinaí, Dios les entregó una «guía» que debería servir para que aquella «pequeña criatura», que comenzaba su andadura, llegase a su madurez. Si Israel vive según estos mandamientos, se convertirá en auténtico testigo y llamada para que los demás pueblos lleguen a conocer al único Dios verdadero. Sin embargo, en lugar de profundizar en este camino, Israel, como el mal estudiante, buscó cumplir con los mínimos básicos, aunque eso supusiera renunciar al camino del verdadero crecimiento. Por ello, buscó fórmulas que le permitiesen «cumplir» los mandamientos en lo externo, pero dejando a un lado el conocimiento y la vivencia de los mismos según la intención original de Dios.

La predicación de Jesús recogida por el evangelista san Mateo en el «Sermón de la montaña», pretende romper esta dinámica en la que había caído Israel. Por ello, llama constantemente a recuperar el verdadero sentido de «ley» dada por Dios en los «mandamientos». Estos principios no buscan coartar la libertad humana y, por tanto, no hay que buscar «excusas», como hizo el pueblo de Israel, para cumplirlos. La propuesta de Jesús solo busca el auténtico crecimiento de la persona; que debe ser de dentro hacia fuera.

Cristo enseña que las acciones que cada uno realiza en su relación con Dios, consigo mismo y con los demás, no pueden ser una especie de «protocolo» externo, sino que han de ser expresión de los sentimientos que anidan en lo más profundo del corazón. Por eso, no debe extrañarnos la exigencia de Cristo al afirmar que quien llama a su hermano «renegado», merece la condena del fuego. No es radicalismo, sino autenticidad. Cristo nos enseña que las acciones son, simplemente, el segundo paso que sigue al momento realmente importante; albergar la posibilidad del mal en el corazón y en la mente. La supuesta exigencia de Jesús en estas palabras del evangelio están destinadas a que nos centremos en lo importante; llegar a alcanzar el pleno desarrollo de todas nuestras capacidades, no a la manera del mal estudiante, buscando atajos, sino como auténticos discípulos que buscan entrar en el conocimiento verdadero que permite alcanzar la madurez y el conveniente desenvolvimiento en la vida. Por ello, la restauración que Jesús hace de los mandamientos de la Ley de Dios no son una radicalización de los mismos, sino su presentación en la pureza original querida por Dios, en cuyo cumplimiento encuentra la persona y la sociedad su auténtica madurez.

Victoriano Montoya Villegas

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