Comentario Bíblico Ciclo C

DOMINGO V TIEMPO ORDINARIO. No se puede ser cristiano por costumbre

El rechazo vivido por Jesús en Nazaret, no hace que abandone su misión. En el entorno del lago de Genesaret, el evangelista Lucas presenta a Jesús rodeado por una gran muchedumbre que acude a escuchar su palabra. Tanto es así que Jesús debe subir a una barca y adentrarse en el lago. De esta manera «tan ordinaria», Jesús transformará para siempre la vida del dueño de la barca; Simón, a quien llamará Pedro. La presencia de Dios siempre transforma la vida de aquellos que permiten que entre en su vida.

Cuando se dice que este fragmento del evangelio habla de la vocación de los primeros discípulos, puede que la inmensa mayoría de los lectores piense que este texto nada tiene que ver con ellos. «¡Eso de la vocación es cosa de curas y monjas!». Por ello, es necesario que caigamos en la cuenta que este texto no habla de la vocación de los primeros curas, ni de las primeras religiosas, sino de la llamada que Jesús dirige a los primeros discípulos.

A veces olvidamos que todo cristiano es un vocacionado. Nadie puede ser cristiano por tradición o costumbre, sino que cristiano es aquel que ha respondido a una llamada personal que Dios le ha dirigido. La fe o el seguimiento de Cristo es fruto de la gracia de Dios, pero exige la respuesta humana. Por eso, no hay posibilidad de ser cristiano si no se responde positivamente a la llamada de Dios. Otra cosa es que confundamos la llamada de Dios, y la respuesta que le hemos dado, con un gran espectáculo de luces y sonidos celestiales ante el cual, cada uno, ha tenido un arrebato místico. Seguramente, esta situación se habrá producido en poquísimas ocasiones a lo largo de la historia. La mayoría de los cristianos, al igual que los primeros discípulos, hemos recibido la llamada de Dios en medio de nuestra vida diaria, en las tareas cotidianas, en nuestra vida religiosa que comenzó con lo que nos enseñaron nuestros padres, nuestros abuelos o los primeros catequistas que tuvimos. Pero es que Dios se hace presente en nuestra vida en medio de estas «pequeñeces».

De la misma manera que a los primeros discípulos, en medio de la vida, en un contexto más o menos religioso, Dios se ha hecho presente y nos ha llamado para que lo sigamos, para que estemos con él y compartamos su misma vida. Cada uno de los cristianos hemos respondido a esa invitación y en medio de las dificultades del mundo y de las contradicciones de nuestro pecado, intentamos seguir sus huellas con la esperanza de gozar siempre de su amistad.

Victoriano Montoya Villegas

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