Comentario Bíblico Ciclo CNoticias

DOMINGO V DE PASCUA

Un mandamiento nuevo para un mundo nuevo

Lecturas:  Hch 14, 21b-27: Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos. Sal 144: Bendeciré́ tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey. Ap 21, 1-5a: Dios enjugará toda lagrima de sus ojos. Jn 13, 31-33a. 34-35: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros.

Comienza la liturgia eucarística con un reconocimiento de las maravillas que Dios ha hecho con nosotros. Nos invita a cantar un cántico nuevo (ant. de entrada). En Dios todo es nuevo. Un mandamiento nuevo, un amor nuevo. El evangelio que hoy se proclama puede parecer que se aparta de los anuncios pascuales de la resurrección.  Jesús se despide de sus discípulos. Le queda poco tiempo de estar con su comunidad. Es necesario concentrar en un don lo que se describe como un “mandato”. El libro del Apocalipsis nos sumerge en la recreación de la obra de Dios. Recordamos que en el libro del Génesis creó un mundo bueno, una tierra fértil y un cielo que hacía posible que fuésemos iguales en dignidad, derechos y deberes.

Cuando el ser humano permitió que su corazón se desvirtuara, se alejó del gran proyecto del Creador. Abrazamos el odio y el egoísmo que carcomió nuestros corazones. La tierra, espacio de libertad original se convirtió en una inmensa y desgarradora colección de cadenas. Fuimos los hombres y mujeres quienes nos dañamos, impregnando el mundo de muerte y desigualdad. El vidente del Apocalipsis ve realizada la profecía (Isaías 65,17). Un cielo nuevo y una tierra nueva acontece como nuevo mundo inaugurado por la resurrección de Jesús.  En esta nueva tierra, el amor es el faro en el que nuestra mirada se detiene y nuestra vida se transforma.  Un plus de amor es la invitación a amar “como yo os he amado”.

Jesús ama hasta la cruz. A veces nuestro amor es pequeño, marginal, irrelevante en nuestros actos. Lo esclavizamos bajo los muros de fronteras impuestas. Le impedimos la generosidad de la que es capaz. Jesús devuelve el regalo que se nos otorgó en el amor, a lugares inimaginables, encuentros imposibles, sufrimientos que estrangulan nuestra vida. ¿Podríamos comenzar algo nuevo ahora mismo? ¿Al terminar la celebración de la Santa Misa? Nos atrevemos a dar un beso nuevo, calmado, reposado…tomándonos un tiempo. Sin hacerlo a la ligera (la prisa sólo es buena para los ladrones y los malos toreros…la primera víctima de la prisa es la ternura, José Antonio Marina). Dirigir nuevas sonrisas a nuestro cónyuge, hijos (pequeños o grandes), familia, vecinos y parientes, quienes nos rodean. Si, también a quien no soportamos. Transformemos la mirada. Dejemos que Dios de vida a nuestro corazón.

Ramón Carlos Rodríguez García

Rector del Seminario

 

 

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba