Comentario Bíblico Ciclo A

DOMINGO V DE PASCUA

La fe no evade, compromete

Uno de los sectores empresariales que más recursos mueve, tanto económicos como intelectuales, es la publicidad. En los últimos años se ha producido una evolución muy interesante en este campo. Si en los primeros tiempos del boom publicitario, nacido con el desarrollo de las televisiones, la publicidad ofrecía una vida mejor para aquellos que adquiriesen un determinado producto, hoy en día, la publicidad vende unas metas menores. Ya no se trata de mejorar la vida, sino de ofertar momentos en los que uno se pueda olvidar de las complicaciones que tiene la vida. Se ha cambiado mejorar por olvidar.

En las palabras que Jesús pronuncia en el evangelio de hoy, hay una promesa de futura plenitud para los que creen en él. Sin embargo, esta promesa no puede comprenderse a la manera de un slogan publicitario que sirve para tapar u olvidar las dificultades de la vida. Así lo demuestran las palabras del mismo Jesús que recuerda que no hay otra manera de ser discípulo suyo mas que cogiendo la cruz cada día.

La pregunta que puede surgir es: ¿Qué aporta la fe a la persona creyente? Está claro que la fe, tal y como nos la propone Jesucristo, no es una especie de adormidera que nos enajena de la contundencia de la realidad. La fe aporta una perspectiva nueva de comprensión de mi propio yo y de mi vida, con todas sus circunstancias, buenas y malas. Y, sobre todo, la fe aporta la presencia de Dios en mi vida.

Dios no es un amuleto que nos solucione las complicaciones que van surgiendo en nuestra existencia. Dios es compañero de viaje que nos muestra el verdadero camino que nos permite recorrer la vida sabiendo hacia dónde nos dirigimos y, por tanto, que nuestra vida tiene sentido y valor en sí misma. En el contexto generalizado de la apariencia y la mentira, Dios, por su Palabra, nos enseña la verdad que nos dice quiénes somos y cómo somos, para que así sea posible crecer como personas. En el mundo donde lo importante son las experiencias de usar y tirar, Dios es la vida para nuestra vida que hace posible que sigamos esperando contra toda esperanza, caminando en el desaliento, sabiendo que mi “yo” es una palabra de vida pronunciada para siempre.

La fe no nos evade de nuestra vida, sino que es una invitación a vivirla, en todos sus momentos, con tanta intensidad como fue vivida por Jesucristo, para participar así, algún día, de su mismo destino; la vida sin fin.

Victoriano Montoya Villegas

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