Comentario Bíblico Ciclo BNoticias

DOMINGO IV DE PASCUA, por Ramón Carlos Rodríguez García

Buen pastor para pastos eternos

Durante los tres primeros domingos de Pascua el evangelio nos muestra las apariciones de Jesús resucitado. Los tres siguientes, relatan quién es Jesús. ¡Mejor aún! Es el mismo Jesús quien nos lo dice. El pasado domingo abría el entendimiento a la comunidad para que pudieran adentrarse y disfrutar del misterio de su Persona y de su amor. En la celebración Eucarística seguimos creciendo en el mismo entendimiento y en el mismo amor fraternal. Este fragmento del Evangelio de San Juan ha dejado una huella imborrable en la imaginación de la comunidad cristiana. La representación de Jesús como el buen pastor es una de las más antiguas del arte cristiano. Bien es verdad que quienes escuchaban de labios de Jesús esta narración e incluso las primeras comunidades, estaban muy familiarizados con el mundo rural y posiblemente entendía mejor que nosotros la alegoría del pastor. Sin embargo y a pesar de la distancia cultural y temporal no ha perdido vigor y originalidad.

En nuestro mundo urbanita, quizás lo más cerca que hemos estado de una oveja, haya sido un anuncio de televisión sobre quesos o suavizantes. No te preocupes, la celebración litúrgica te transportará a verdes prados donde nada te faltará. Presta atención a la oración inicial. En ella pedimos que la debilidad del rebaño llegue hasta donde le ha precedido la fortaleza del pastor. Este pastor no es cualquier pastor. En aquella época tenían fama de tramposos y ladrones. Abandonaban a las ovejas ante el menor peligro y su conducta era de meros asalariados. Se movían por el interés y las descuidaban con frecuencia. Jesús se presenta como el Buen Pastor. Para el pueblo nómada de Israel era una imagen muy familiar y amable percibir así a Dios. También los responsables y guías del pueblo, incluido el rey David gozaron de esta prestigiosa denominación. Jesús hace acopio de esta tradición y muestra que es el Pastor que da la vida por las ovejas, es decir, que está dispuesto a protegerlas con su propia vida. Las defiende de los peligros, de las trampas del lobo y no las abandona cuando acontece el peligro. Las conoce íntimamente, con una relación personal. Además, este conocimiento es mutuo. En el lenguaje bíblico, conocerse es amar. Descubramos esta fuente de amor en la Eucaristía.

Ramón Carlos Rodríguez García

Rector del Seminario

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba